Yonathan Ramírez y Justina del Toro: Llevar Evangelio a las cárceles en Cuba es una deuda

General Yonathan Ramírez y Justina del Toro: Llevar Evangelio a las cárceles en Cuba es una deuda

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Los pastores Yonathan Ramírez y Justina del Toro, no lucen de ningún modo especial.

Son personas a toda vista sencillas. Cualquier cubano de a pie se les parece. A primera vista. Tienen un andar normal. Oscilan los brazos mientras caminan y sonríen adecuadamente cada un cierto intervalo de minutos, como cualquier buen ciudadano.

Creo que ninguno de los dos pasa de los treinta años, y tienen una hermosa bebotica de ojos achinados que juega como cualquier niñito tierno.

Los pastores Yonatahn y Justina, como cualquier par de padres, se la pasan de acá para allá en esos abatares diarios que subsumen a cualquier par de padres en esta tierra de sol y playa. Ya sabemos.

No hay nada que los delate diferentes.

Pero yo se los revelo. No son normales.

No hay que dejarse engañar por sus apariencias de persona promedio.

Cuando me di cuenta de eso, (algo los habrá descubierto y no recuerdo ahora qué fue) les he pedido hacer esta entrevista, para que otros también sepan que esta gente tienen sus contactos.Trabajan como mensajeros del creador del universo. Nada menos.

Tienen una posición, por demás, privilegiada. Trabajan llevando las buenas noticias de Cristo a personas que están en prisión. O sea. Esta son gente de alcurnia. No nos equivoquemos.

Pero igual decidí fingir que no me he asombrado mucho, y les he hecho mis preguntas como con desgano, como si todo eso fuera muy normal. A ver si les saco así información privilegiada sin pasar apercibida.


Trabajar en prisiones, con reclusos... se dice fácil, pero no lo es. ¿Desde cuándo trabajan en esta área?

Empezamos cuando yo caí preso durante tres años y medio. Estuve como 15 días en una prisión de alta seguridad y luego en campamento.

Yo comencé a darme cuenta de que el Señor nos llamaba a trabajar en esta area cuando llego a la “15- 80”. Llegando justo me encontré la imagen de un hombre ahorcado en el baño. Me dio por sostenerlo y subirlo como para salvarlo.

Después de aquella noche empecé a comprender que Dios me había perdonado. Él me pasó por un proceso.

Toda esta situación de mi reclusión sucedió estando mi esposa embarazada, el juicio, todo el proceso. Fue tremendo.

Yo estaba tan arrepentido que no podía abrir La Biblia. Pero luego recibí el perdón de Dios. Y Él me mostró cómo me dibujaba un espectro que yo no había visto.

Yo comencé a los 13 años como cristiano. Y los dos tenemos como un historial de estar esperando el tiempo de Dios y buscar obedecerle, pero vino mi error, y realmente Dios usó todo ese error para mostrarme el trabajo de capellanía en cárceles.

Cuando empecé a trabajar en la prisión, a partir de 2016, fue que vi como funciona ese trabajo. En un campamento de más de seiscientas personas.

Yo antes de todo esto escuchaba sobre el trabajo con los presos solo de lejos, una cosa muy lejana. A partir de estos tres años recluido Dios me mostró este trabajo directamente.

Se convirtió en un trabajo allí mismo ese campamento, con más de 90 personas convertidas al Señor.

Fue algo que realmente yo no esperaba que tomara la dimensión que tomó. Siempre pensé que iba a haber una persecución, por lo que yo hacía, entonces yo me enfocaba en dar un discipulado corto, con el que entendieran quién es Jesús, que es la seguridad y salvación de sus vidas, y que esas personas llevaran esa semilla básica del Evangelio a otros, a sus familias.

El actual copastor de mi iglesia es ejemplo de todo ese trabajo que se hizo. Mediante él, Dios evangelizó a toda su familia, y tuve el privilegio de bautizar a toda su familia.

Nos enfocamos en ese tipo de trabajo, de sembrar la semilla que Dios fue dispersando. Principalmente el trabajo con la familia es esencial en el trabajo con los presos. Tiene que haber la mayor vinculación con la familia.


Pienso que tal vez cuando este trabajo lo hacen personas que no han vivido esa realidad de la prisión tal vez suena religioso o hay prejuicios que obstaculizan la predicación del Evangelio a quien está recluído, por eso que tú hayas estado allí debe haber sido esencial…

Sí, exactamente. Pero lo primero que tiene que existir es pasión, una persona puede lograr la misma efectividad aunque no haya estado allá adentro si tiene pasión.

Es el nivel de compromiso. Cuando tienes esa pasión, eso te lleva a buscar información. Claro, eso lo produce Dios.

Por supuesto que hay mucha efectividad en una persona que estuvo preso, si tiene la pasión correcta, pero mira, sucede que en la realidad es que casi el 50 porciento de las personas que reciben el Evangelio en prisiones luego no se integran a una iglesia. Esa estadística es bastante dura.

¿Quieres decir que en efecto hay una distancia enorme entre el estilo y la cultura de las iglesias locales para alguien que ha pasado esas experiencias de estar recluído?

Cuando yo empecé a ver la metodología para pasar un curso de capellanía carcelaria, específicamente, me di cuenta de que esa metodología, no solo en Cuba, sino en general en el mundo, es muy ortodoxa.

Y está lejos de una realidad que podría ser muy práctica y funcional, y como no ha habido una compenetración entre la experiencia y la pasión, eso sucede.

La experiencia de la prisión y la pasión puesta por Dios, es lo que te lleva a hacer cosas nuevas.

Aquella persona que tiene la pasión muchas veces no tuvo la experiencia, pero esta última se gana, porque hay muchísimos textos sobre la experiencia carcelaria, y se puede llegar a comprender.

La capellanía carcelaria siempre en cada país se tiene que adaptar a un sistema que realmente no está dando frutos, no solo de conversión, sino también de transformación.

Cuando tú buscas que la persona llegue a ser transformada verdaderamente por Dios, esa persona irradia primeramente a su familia. Cuando tú combinas ese trabajo con la persona y su familia puedes ver el fruto.

Sin embargo, hay algunos puntos de ese trabajo práctico que a algunas personas, denominacionalmente, les resultanchocante.

Porque siempre intentamos establecer un orden de lo que hay que hacer, eclesialmente hablando, sin embargo la capellanía carcelaria tiene que ser un poco más abierta que esos moldes. Hay que tener en cuenta esos imprevistos del Espíritu Santo.

Claro, se trata de la creatividad propia de Dios, de no regirse a un libreto, sino de moverse según ves que con cada persona le hace falta… No puede ser con manuales y dejar a Dios fuera.


(Imagen ilustrativa).

Sí, he conocido a personas que tienen ese deseo de poder hacerlo, pero cuando han llegado a la realidad y piensan en hacer el curso, resulta que el curso les amarra a una realidad, porque precisamente no se trata de pedirle a las personas que cambien, es provocar el cambio en la persona, ese cambio la persona recluída no lo hará voluntariamente.

Cuando llevas a persona al convencimiento de que tiene que suceder un cambio en tu vida para que pueda haber una transformación en tu ámbito completo, entonces tú no le estás pidiendo, tú vas a encauzar en ellos esa transformación, que es de Dios.

Sí, un evangelismo de tipo relacional. Cómo es el paradigma de un mentoreo, el pastorear a esas personas… imagino que a veces con personas muy traumadas funciona menos el lenguaje que la influencia personal del evangelio en alguien

Tiene que estar convencido de que Dios te va a usar para eso, sin estar convencido no funciona en nadie. Y luego tienes que llevarlos a que el referente sea siempre el de Cristo, entonces buscar que esa confianza se establezca siempre en ese referente y eso hace que no se decepcione nunca de ese referente.

Y otra cosa importante, hay que poner un líder entre los propios internos de la prisión.

Ahora muchos métodos tradicionales, ponen un capellán en la distancia y hay personas incluso que sí llegan a ir a la prisión y se interesan por el recluso, pero no conocen a su familias.

Bajando realmente “a la tierra”, si tú no mantienes un sistema de comunicación con el preso y con su familia, y una interrelación y no conoces su problemática específico, su historia, lo que está pasando, todo eso, si no vas practicando en ellos la eficiencia del testimonio de Cristo, entonces ellos no van a realmente tener un fruto del Espíritu Santo, entonces ellos lo que van a tener es un fruto tuyo, y apenas tú falles, que eso puede suceder en cualquier momento, entonces lo que sucede es que se defraudan.

Pero cuando imprimes en ellos un referente del liderazgo de Cristo, no se defraudan.

Entonces cuando uno enfoca ese evangelismo relacional con el enfoque en Cristo, que glorifique a Dios, que ve a la persona del capellán como un canal que tiene una gran responsabilidad, entonces funciona todo.

Es una tierra muy ávida la de estas personas me imagino…

Estuvimos tres meses imprimiendo tratados para repartir en la prisión y lo que hicimos fue repartir tratados temáticos que tuvieran sentido en la prisión. Estratégicamente Dios nos mostró un tratado directamente enfocado en por qué la persona espiritualmente llega a la prisión.

Cuando digo nosotros somos un equipo, porque solo funciona en equipo.


Cuando yo llegué al campamento, éramos 3 cristianos, ese fue el equipo que empezó a mover el tren de la capellanía carcelaria en la prisión. Cuando comenzamos a hablarles a las personas de Dios aquello fue una explosión.


Lo que siempre logramos como equipo fue llevar ese dinamismo de la capellanía carcelaria efectiva, que va más allá de un sistema. El dinamismo funcionaba muy rápido en la prisión. Por ejemplo, a veces le hablábamos a una persona, aceptaba al Señor y al siguiente día se iba de la prisión. Luego en el tiempo que nos daban para llamar a nuestras familias, usábamos ese tiempo para llamar a la familia de esas personas que nos habían dejado su contacto.

Ese trabajo iba realmente aterrizando lo que Dios quería para nosotros. La extensión a once prisiones, luego, fue por una persecución que hubo, y que le damos gracias a Dios por eso, por la dispersión.

Ese equipo de tres personas comenzó a ser un equipo de sesenta, el diez porciento de la prisión.

Después tuvimos ciertos estatutos, por ejemplo, cuando imprimíamos el tratado, comenzamos a preguntarles a esos presos qué pregunta le harías a Dios si estuviera frente a ti, y pensamos que dirían “¿Cuándo llegará mi libertad?”, pero la mayoría dijo que le preguntaría “¿Por qué estoy aquí?”.

O sea, nos dimos cuenta de que ese vacío espiritual se profundiza más entrando en una prisión.

El preso actual lee mucho, el tiempo que tenga lo usa en leer, y es una manera de salir de esa atmósfera del momento, evadir ese momento.

Yo hallé personas que salieron traumadas de la prisión porque buscaban tanto salir de la realidad que luego cuando se daban cuenta de la realidad, terminaban traumados.

Mundialmente se critica que las prisiones nunca logran en realidad reeducar o reformar a nadie. Solo acrecientan la crisis que ya traía la persona… imagino que la situación espiritual de esas personas es la peor…

El mejor sistema teórico penitenciario lo tiene Cuba. Actualizado, a la par del mundo.

Cuando lo lees, el sistema es muy valioso, científicamente avalado.

Pero a la hora de la aplicación, ahí está el problema.

El personal que trabaja en el sistema penitenciario está bien ocupado en que se mantenga el orden interno, lógicamente. Ahí es donde está el potencial para el cristiano, en esa tierra tan árida.

¿Están a la par el trabajo que se hace en las iglesias locales, o como institución en general con el que se hace hacia este sector en específico, ves proporcionalidad?

Para nada. La iglesia cristiana sí tiene conocimiento de lo que tiene que hacer. La cabeza de la iglesia que es Cristo ha puesto claro lo que hay que hacer.

El otro día fui a una iglesia a predicar, por ejemplo, una iglesia que no tiene trabajo de capellanía. Resulta que todos los líderes de la iglesia tenían al menos un familiar de primera línea de consanguinidad en la prisión.

Nosotros no hacemos tanto labor de prevención, y eso es difícil, realmente, pero cuando ya tú ves a una persona recluida ahí hay una tierra.

La iglesia debe trabajar según principios estadísticos, ver lo que está sucediendo. Jesús nunca perdió tiempo, todo el tiempo era estratégico, usaba su tiempo estratégicamente.


De cada 10 personas en Cuba, hace unos años, ocho tenían un familiar en prisión. ¿Cómo es posible que la iglesia no esté asumiendo eso?


Eso es un catalizador de saber si una iglesia está siendo bíblica, cuánto lo está siendo o no…

Un líder que está siendo una influencia positiva en esta área es el pastor Michel Penichet, él trató conmigo cuando yo estaba en prisión, y esa experiencia se multiplicó.


Yonathan Ramírez junto al pastor Michel Penichet y su esposa Yamilet.

Esa es la idea, la iglesia cristiana está a veces enfocada en distintas áreas y no se trabaja estratégicamente.

El pastor Enrique Piñeiro, por ejemplo, nos ha enseñado mucho sobre salirse de los moldes. Cuando lo fuimos a conocerlo, él admitió que esa no era su área de trabajo, pero nos prometió apoyo, y realmente ese apoyo fue integral y total.


Los pastores Yonathan Ramírez y Enrique Piñeiro.

Y eso es lo que necesitamos hacer, salir de esquemas y moldes para explotar la capellanía carcelaria. Sí hay personas en las iglesias que quieren trabajar en las prisiones y están siendo llamados por Dios, y el liderazgo tiene que poner el apoyo para que vayan donde ya están llamados a ir, convertirlo en una prioridad.

En este primer libro que hemos compilado, Preso en la carne, libre en el espíritu, yo no sabía que alguien era capaz de asesinar a un niño, como contó uno de los reclusos con los que trabajamos.

Ese tipo de experiencias de tratar con alguien que hizo eso solo se pueden tener si uno se deja usar por Dios, porque Él es quien hace caer los velos de prejuicio, y tener pasión por el perdón de Dios.

También hay que recordarse continuamente que el trabajo es para Dios.

El liderazgo dentro de la prisión…

Supercomplicado para las iglesias. Porque se supone que no puede ser. Pero el mayor reavivamiento en el mundo ha sido promovido por un liderazgo. Entonces ahí hay que ir a donde habla claramente la Biblia y destruir todo obstáculo.

Ese liderazgo tiene que estar convencido de que Dios perdona realmente a la persona, y a través de ese perdón Dios va a usar a ese líder en la prisión.

¿Qué pasa cuando salen de la prisión? ¿Qué tal las expectativas de pastores sobre “tener una congregación”? Con reclusos no puede funcionar así… Qué pasa? ¿Hay seguimiento?

El asunto es volver siempre al referente de Cristo como modelo para ellos. Ese modelo de Él los lleva a la vida sana de iglesia.

Hay un punto: los que consiguen perseverar firmemente en Dios, en la prisión tienen como meta ir a una iglesia. Tienen esa idea, sembrada también por el capellán, como signo de madurez en ellos.

El capellán va convirtiendo esa meta en algo a lo que se va a enfrentar y es muy complicado para ellos cuando salen.

Una cosa es la realidad en la prisión y otra cosa es al salir.


Si ya insertarse en la sociedad es complicado, a veces es más complejo insertarse en la iglesia.


Hay prejuicios a veces, y hay que reconocerlo. A veces el cristiano de la iglesia local se siente por encima de las personas del mundo, enfocado en hacer juicio.

Esa es la influencia más negativa que puede ocurrir, que al salir un recluso convertido en hijo choque con un prejuicio, después de su gran expectativa de llegar a la iglesia.

Entonces hay que trabajar en convertir incluso la familia de esa persona en impulsores de esa inserción en la iglesia.

La visión con que hemos trabajado es así,el preso tiene que convencerse de su salvación en Cristo, permanecer en la fe, y al salir, ir a la iglesia, y perseverar en fe.

Hay que establecer entonces una red de apoyo en que él vea cumplirse esa expectativa. Esto se logra vinculando al recluso convertido y su familia, con la iglesia más cercana, porque el capellán no puede esperar que cada nuevo hermano que sale del trabajo en prisión se vaya a su iglesia.


El capellán carcelario tiene que saber que su trabajo es para Dios, no para él o su institución.


Se va creando esa expectativa de la meta para cuando salga, y se vinculan la persona y su familia, con esa iglesia local, que le abra puertas.


 Hay que cuidar mucho, como lo más importante, ese momento de primera impresión cuando el preso sale de la cárcel y entra en la iglesia local.


Ese momento es puntual.

Es doloroso decirlo, pero hay personas que han sido abandonadas después de salir de prisión, no son acogidos por la iglesia local.

Hay testimonios a veces muy duros de cómo este momento, mal cuidado, malogra el trabajo de Dios en un recluso. Como un caso de un líder que tuvo un accidente que derivó en la muerte de una persona, y cayó preso, y la institución eclesial le cerró todas las puertas.

Son casos duros que a veces suceden, pero ahí están esos malos entendidos.


Hay que creer en el poder perdonador de Dios. Y que los imprevistos están dentro del propósito de Dios.


Hay que evitar a toda costa que cosas así ocurran.

Yo mismo al caer en prisión pasé por una etapa muy dura, y mi esposa, pasó mucho sufrimiento, por esa mala comprensión de la institución.

Son cosas que provocan una muestra de cómo no se debe actuar.

Todo este tipo de trabajo en cárceles, creo que mantiene catalizado tu nivel espiritual y tu madurez, obliga a siempre ser remanente, pasar por encima de prejuicios y superficialidades…

Dios define para qué servimos en la tierra, y muchas de las personas que andan buscando ese propósito de Dios aquí tienen que pasar por procesos que definen esa respuesta.

Hay una situación en instituciones eclesiales actualmente y me he dado cuenta de que muchas veces los líderes no queremos provocar el cambio de las personas hacia su propósito, pero se espera muchas veces que sea Dios quien lo provoque.

Pero realmente sí hay que estar provocando que la gente sea estimulada a servir en cualquier ámbito de la iglesia de Dios. Sin obstáculos absurdos que frenan a veces ese propósito de las personas, que viene de Dios.

Cuando uno ve el resultado de este trabajo uno es llevado a la dimensión espiritual de exhortar a otros a alcanzar su propósito en Dios.

La capellanía es una de las áreas menos explotadas en iglesias por la cantidad de recursos que debe tener a su disposición….

La Biblia dice que todo lo que se hace para el Señor no es en vano. Nosotros hemos asumido que la

mejor inversión que hay es invertir en la semilla de Cristo.

En la mayoría de nuestras iglesias no es la prioridad la capellanía a la hora de presupuestar. El sistema logístico creado es insuficiente, y totalmente hay que depender de la fe en Dios.

Un líder de una prisión a veces no puede salir de pase porque no tiene cuchillas para afeitarse y para salir tiene que estar afeitado.

O a veces su familia no tiene alimentación para visitarlo cada cierto tiempo. Son cosas totalmente básicas, necesidades básicas que tienen que ser suplidas.


Siempre se piensa en quien va a asistir y diezmar, y va a retroalimentar a la institución local, pero no en este tipo de “miembros”...

Sí hay iglesias en Cuba que no trabajan la capellanía carcelaria y no lo pueden hacer por falta de recursos. Y eso se sufre.

Nosotros mismos, no siempre tenemos nuestros teléfonos recargados para estar comunicados con reclusos y sus familias. El transporte, por ejemplo, es necesario. Las prisiones son distantes.

Entonces esas carencias solo las asume el capellán al estar realmente convencido de que se trabaja para Dios.

Y también solo se logra en equipo. El trabajo de los capellanes y las iglesias locales, en conjunto.

Las prisiones tienen un campo enorme en todo el país para sembrar evangelio. La forma de trabajar efectivamente con ellos, es compleja. Hay un sistema de visitas cada quince días, un sistema de pases, complejo.

Entonces el sistema de capellanía en Cuba si se sigue aplicando como se estableció la última vez que se revisó, es inaplicable en la práctica, porque hay cambios en los que actualizarse y ser prácticos.

El trabajo con la familia es esencial. Lo repito. Y ser guiados por el Espíritu Santo.

El trabajo es este, ser guiado por el Espíritu Santo que convence a un hombre de pecado y de perdón, de aceptar a Cristo, que busque perseverar en la fe, que el Espíritu trabaje y convenza a su familia, que anhelen su inserción en la iglesia de Cristo, y luego su propia casa sea una casa de paz, o célula. Eso es asombroso. Ese es el resultado.

Es el caso del copastor de nuestra iglesia. En su casa toda su familia es una casa de paz. Y a su vez esa pequeña iglesia allí en su casa puede influenciar toda su comunidad.

¿Ahora mismo uds a la vez que llevan el pastoreo de una iglesia siguen trabajando la capellanía carcelaria?

Así es. Pero está claro que la capellanía carcelaria tiene que trabajarse interdenominacionalmente, con alianzas de ese tipo. Para no “cercar” la manera en que Dios actúa.

Alianzas con pastores locales para integrar al ex-recluso reformado por Dios en su iglesia local, por ejemplo, es un trabajo interdenominacional.

Cuando se piensa de ese modo, y se piensa en trabajar realmente para el Señor, enfocados en el poder transformador del perdón, para restaurar a la persona, el fruto se ve.

Pienso que todas las denominaciones tienen un rasgo especial para personas con peculiares personalidades, y que estas se adapten mejor según ellas sean.

Por eso la capellanía debe enfocarse en lo central de la doctrina bíblica. Dejarse guiar en el Espíritu de Dios, y los mensajes centrales del evangelio. Y ya luego la iglesia local trabaja en la inserción de esa persona.

¿Si tuvieras que dar un mensaje final a la Iglesia de Dios, sobre los presos?

Yo hoy le digo a la iglesia “si no te enfocas en esta área, a alguien Dios va a sacar para que se enfoque en esta área, pero va a ser de la forma que Él quiera”.

Si queremos salvar almas, debemos buscar donde abundan las almas perdidas.


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