Nadie se engañe a sí mismo; si alguno entre vosotros se cree sabio en este siglo,

hágase ignorante, para que llegue a ser sabio.

Porque la sabiduría de este mundo es insensatez para con Dios; pues escrito está:

El prende a los sabios en la astucia de ellos.

Y otra vez: El Señor conoce los pensamientos de los sabios, que son vanos. 1 Co 3:18 -20

 

El viernes 21 de junio del 2019 el periódico Juventud Rebelde publicó un artículo en su sección DETRÁS DE LA CIENCIA titulado La verdadera identidad del padre animal. En el mismo se comenta el reciente descubrimiento de un equipo de especialistas en Biología evolutiva de la universidad de Queensland (Australia) que estudió la teoría de origen animal.

A criterio de la redacción el resultado de dicha investigación fue un “poner de cabeza” la teoría hasta ahora vigente que apuntaba a otro progenitor identificado así durante largos años.

Contrario a la noción que se tenía, los animales actuales no evolucionaron del organismo unicelular  que se imaginaba, sino de otro (pluricelular),como ya se ha publicado en la revista Nature[1]. El comentario prosigue diciendo que, estos nuevos resultados están alejados de la teoría anterior y le parecieron muy lógicos a los especialistas que se guiaron por las leyes naturales conocidas.

La palabra ciencia significa conocimiento y está basada sobre criterios verdaderos, demostrados o comprobados, por lo que nos hace pensar que estos artículos deberían estar mucho mejor ubicados en un sección llamada ficción que en la que se les ubica.

La razón de esta aseveración es que si durante años hemos llamado ciencia a una sarta de “imaginaciones” sin basamento real, entonces hemos construido nuestros postulados morales y praxis terapéuticas sobre criterios erróneos. ¿Qué de ciencia tiene eso? Tendría mucho más sentido decir que hemos enseñado y vivido a la luz de la ficción y no de la realidad.

No negamos la posibilidad de la equivocación, ni del errar humano;negamos la posibilidad de seguir una y otra vez elevando al nivel de ciencia criterios tan alejados de la razón, o sea creencias humanistas sin fundamentos constatables, fábulas sin enseñanzas o moralejas.Basados en leyes “comprobadas” establecimos en el pasado la paternidad animal  que hoy en nombre de esas mismas leyes anulamos. Algo anda mal. No se nos ocurre creer que esta vez estamos ante el “verdadero” padre animal, percibimos que este es otro error.

Dicho artículo dice textualmente “La teoría existente era una obviedad para los biólogos desde hacía décadas…” en otras palabras era indiscutible, innegable, fehaciente… pero era falsa. “¿Quién la declaró irrefutable?, los mismos que hoy la entierran con epítetos de falsedad, los “especialistas”. ¿Especialistas en qué? Pues lo que podemos entender, a nuestro escaso conocimiento, es que estas “guayabas, entretienen al hombre moderno, le dan de comer a los editores,hacenganar una buena tajada a los sabios de este siglo, quienes ganan partido de un crédulo auditorio que aplaude admirado el engaño.

Ya en el pasado Pablo escribiéndoles a los corintios les hablaba de una conducta similar en los gnósticos y filósofos de sus días. Atrapados en su propia sabiduría y en sus vanos razonamientos, perdían de vista a Dios.El Señor clasificó la sabiduría de aquellos como insensatez, por no tenerle en cuenta. Pareciera que el apóstol fijaba una sentencia válida para nuestros especialistas modernos, quienes como aquellos sabios no se han mostrado ignorantes a fin de encontrar el verdadero Padre de todo cuanto hay.

Lo más doloroso e ignorado es la esencia del porqué seguir con el engaño, que entretiene y calma la conciencia dándonos licencia para vivir la vida desenfrenada, creyendo que no habrá que dar cuentas al Creador.

La conclusión final es que el provecho que sacamos a dicho estudio solo es “cambiar la tendencia general de cómo se estudiaba…”como afirma el escrito, en otras palabras, una nueva redacción a un viejo cuento. Pareciera que la modalidad es esa, cambiar la mentira por una nueva mentira cada cierto tiempo en nombre de la ciencia y como dijo el autor principal de la investigación: “Volver a imaginar”.

 

[1]Nature es una de las revistas científicas más prestigiosas a nivel mundial fundada en 1869 en el Reino Unido