Muchos cristianos si no cambian radicalmente van a morir congelados por el frio de la apatía y escases espiritual en sus vidas. Ese cambio radical empieza por reconocer  el poder carismático del Espíritu Santo que puede obrar en ellos.

Soy de los que creé que en esta vida todo lo que tiene que ver con el Espíritu Santo es importante; Yo me iré y les dejaré un consolador – dijo Jesús, y de esta forma nuestra comunión con Dios recayó sobre el Espíritu Santo. Sin embargo, en la práctica desconocemos en gran manera la obra de la tercera persona de la trinidad en nuestras vidas.

Esto evidentemente es una tendencia a nivel mundial que incluso las iglesias de corte pentecostal no han podido frenar. Sin embargo, no es algo inevitable; si eres pastor o líder tienes la herramienta perfecta para combatir este mal, de igual forma si eres un simple miembro, pues con más razón te debería interesar aprende un poquito más sobre el tema de la teología del Espíritu Santo en el libro de Lucas, un libro que para este tema no tiene rival.

Recién convertido, luego de leer el libro de hechos de los apóstoles veía el mundo de otra forma, lo veía a todo color, con una fe fantasiosa y  entonada, creía que todos iban a ser sanados y tocados por el poder del Espíritu Santo; eso era lo que leía y eso era lo que esperaba que pasara, sin embargo tristemente me di cuenta que no era así, las personas seguían enfermas y mis familiares más cercanos eran los primeros, los miembros de mi iglesia seguían en la frialdad espiritual y la evidente rutina fría y muerta de siempre inundaba a la mayoría de los cristianos que conocía. Por tanto, poco a poco esa fe fue aterrizando hasta quedar guardada en un garaje de mi aeropuerto emocional sin mucho futuro…

Pasó mucho tiempo hasta hoy, que estoy alegre porque mi fe está despegando de nuevo con toda la energía necesaria para no aterrizar jamás en el mimo lugar que estaba. En cierto modo esto se lo debo a la teología pentecostal de Lucas. ¿Qué es esto?

Simplemente es la verdad  de Dios que nos enseña a un Cristo carismático lleno de poder del Espíritu Santo viviendo un ministerio de gloria donde la vida de miles son cambiadas, tocadas, sanadas, liberadas y ministradas y a un pueblo heredando del mismo espíritu de Jesús para ser usados y obrar milagros incluso más grandes que él (Juan 14:12)[1]

Para Lucas, que no solo era un simple historiador como muchos lo presentan, el papel del Espíritu Santo en su libro de dos tomos (Lucas y Hechos) conecta y satisface el cumplimiento de grandes profecías del Antiguo Testamento. Por ejemplo, él se encarga de dejar bien claro las palabras del Apóstol Pedro el día del Pentecostés citando al Profeta Joel (Hechos 2:16)[i][2]el hecho de la declaración e Jesús autoproclamándose como el Mesías Carismático (Dotado con poder para hacer una tarea determinada) (Lucas 4:21)[3] y la evidente transferencia del espíritu de Jesús a sus discípulos en el Pentecostés.

Sobre el don del Espíritu Santo Lucas creía que Jesús como sus discípulos tenían conciencia de que han recibido el Espíritu Santo en cumplimiento de la profecía; para él y para la iglesia primitiva como se evidencia los “postreros días” que anuncia Joel ya han comenzado.

Lucas como Teólogo

El mismo Apóstol Pablo en (1 Corintios  10:11) [4]y (Romanos 15:4) [5]reconoce que las narraciones históricas del Antiguo Testamento contienen valor didáctico para los cristianos de hoy. Es difícil pensar entonces que para Lucas, quien modeló su historiografía sobre la del Antiguo Testamento no añadiera a su historia un significado didáctico.

En Luke: Historian and Theologian (Lucas, historiador y teólogo) Howard Marshall concluye: “Es evidente que los escritos de Lucas están en deuda con la tradición del Antiguo Testamento”. Por su parte Roger Stronstad en su libro: La teología carismática de Lucas comenta: Su imitación de la Septuaginta muestra que intencionalmente quiere formar parte de esa tradición..

Lucas no solo quería brindarnos una mera descripción de los hechos, como teólogo quería darnos su perspectiva de los hechos. Por consiguiente, debemos de acabar con la ilegítima usanza de Interpretar Lucas-Hechos a la luz de las enseñanzas de Pablo. Por ejemplo, la frase: “llenos del Espíritu Santo”  es empleada por Lucas 9 veces y por Pablo solo una en (Efesios 5:18) [6]Cuando recomienda ser “llenos del Espíritu Santo“antes que embriagarse de vino… A pasar de esto, es increíble ver como se creé que todas las frases de Lucas deben interpretarse a la luz de la “norma” que Pablo estableció en este versículo, pues, Lucas para ellos no es teólogo y Pablo sí.

Aunque no podemos reducir la teología a meras estadísticas como dice Roger Stronstad en su libro, Es increíble como los términos de Pablo que son la minoría frente a los de Lucas son los que establezcan las normas… Por ejemplo, el término: Bautismo en el Espíritu, Lucas lo emplea 3 veces y Pablo 1 y sin embargo es aceptada la interpretación que el bautismo del Espíritu Santo es un acto de iniciación para nuevos creyentes en el cuerpo de Cristo, ósea, Cuando alguien es bautizado por el Espíritu Santo, inicia su vida dentro del cuerpo de Cristo y viceversa. Toda esta interpretación recae sobre un versículo modular que se encuentra en (Efesios 4:4-5)[7];

Pertenecemos a una comunidad carismática

Aunque la iglesia no lo viva, la mitad de los teólogos no lo crean y el infierno entero se preocupe por ello: La iglesia, es una iglesia “carismática” llena de miembros con la capacidad y oportunidad de ser bautizados por un bautismo de poder del Espíritu Santo para servicio, para un trabajo específico o un ministerio puntual.

No podemos condicionar a Lucas por la teología y los escritos de Pablo. Lucas se merece que no solo lo consideremos como historiador, se merece que lo pongamos junto a Pablo como teólogo, un buen teólogo, arraigado a sus enseñanzas judeocristianas llenas de sentido y carácter profético-histórico

El aprendió que la profecía anunciaba a un Cristo Carismático que dirigiría a un pueblo de igual condiciones,  vio a ese Mesías y fue parte de ese pueblo, de ese cuerpo que a partir del Pentecostés le demostró al mundo y al infierno, que el reino de Dios, como dice el mismo Apóstol Pablo no consiste en comida ni bebida sino en poder y este del Espíritu Santo.

¿Vivimos como carismáticos?

Quizás no sea tu caso, pero debes aceptar que muchos cristianos si no cambian radicalmente van a morir congelados por el frio de la apatía y escases espiritual en sus vidas. Ese cambio radical empieza por reconocer  el poder carismático del Espíritu Santo que puede obrar en cualquier seguidor del Cristo.

Vivir como carismáticos significa imitar la forma de vida de los primeros cristianos. No hablo de vestirnos como ellos y dejarnos crecer la barba, hablo de imitar su fe, fe que reconoció que ellos eran esa generación que Joel anunció que: Y después de esto derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros ancianos soñarán sueños, y vuestros jóvenes verán visiones. Joel 2:28

Una era carismática del Espíritu iba a empezar con la venida del Mesías, el trato de Dios iba a ser personalmente y cada persona iba a ser portador del poder del Espíritu de Jehová. El Mesías vino y está aquí, en mi iglesia, en tu iglesia, en mi vida y en la tuya si lo has reconocido como tu único Señor y Salvador.

Hay poder de Dios para tu vida, el don del Espíritu que te capacita con lo sobrenatural, con poder no de la carne sino del Espíritu, poder con el que tiembla el infierno y el mismo Satanás… No pierdas más tiempo, olvídate de absolutamente todo en tu vida y empieza a vivir en el poder carismático del Espíritu, luego, sobre esta base construye tu vida. No es simplemente lo mejor que te pueda pasar,  es la voluntad de Dios para tu vida.

[1] De cierto, de cierto os digo: El que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también; y aun mayores hará, porque yo voy al Padre.

[2] Mas esto es lo dicho por el profeta Joel

[3] Y comenzó a decirles: Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros.

[4] Y estas cosas les acontecieron como ejemplo, y están escritas para amonestarnos a nosotros, a quienes han alcanzado los fines de los siglos.

[5] Porque las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron, a fin de que por la paciencia y la consolación de las Escrituras, tengamos esperanza.

[6] No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu,

[7] un cuerpo, y un Espíritu, como fuisteis también llamados en una misma esperanza de vuestra vocación; 5 un Señor, una fe, un bautismo,