Una opinión al vuelo sobre la aprobación del Código de familias y la educación de los hijos

General Una opinión al vuelo sobre la aprobación del Código de familias y la educación de los hijos

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Desde que echó a andar la “guerra fría” de las diversas denominaciones protestantes contra el proyecto de Código de Familias, con sus cartelitos a las puertas de las iglesias y los besos homosexuales como respuesta, todo el escenario me enfermó un poco.


Me resultó francamente irónico ver que las diversas denominaciones lograban unirse comunicacionalmente de tal modo que no hubo un alma en el país que no viera su mensaje. “Contra, ¿cómo no hacemos eso para el mensaje que verdaderamente nos toca?, me preguntaba cada vez que veía otro cartelito, idéntico al anterior, colgado en la entrada de alguna casa.


Me asqueó que no nos concentráramos de conjunto en proponer, sino en negar. En vez de alzar nuestro trabajo amoroso en las comunidades, lo que fue visible para todo cubano de a pie, fue el mensaje de “no quiero esto, no apruebo esto”. Pues, adivina qué: a nadie le importa lo que desapruebas. Enterémonos.


Por eso ni me devané los sesos con el asunto. Cada vez que venían a decirme algo, le respondía con una mueca de cansancio. “Yo jamás he pertenecido al institucionalismo cristiano, yo pertenezco al movimiento”, pensaba.


Pero el asunto ahora, cuando llega la inevitable aprobación, vuelve a encender las calderas y las ronchas de religiosotes y de cristianos sinceros por igual. Para mí, ya no por el viejo dilema del “desparpajo que nos hiere”, ilegítimo totalmente, sino por el muy válido asunto de que han pasado, fugaces como un rayo, desde el mismo plenario de la Asamblea, a mencionar el cambio en la educación de los niños, sin que haya en este país bendito otra opción educativa que no sea la de las escuelas públicas.

He aquí los dos fragmentos del discurso presidencial que me subieron la presión esta noche:


-Esta norma tiene un indiscutido valor ético, dijo y agregó que enseña a pensar y nos da las riendas para educar a las futuras generaciones. "La crianza positiva de la que tanto se ha hablado. No es sino educar desde la cercanía y el acompañamiento a nuestras hijas e hijos".


Léase a prueba de infartos esta siguiente:

-se trata de un libro de cabecera que deberían tener a mano nuestros educadores, fundamentalmente los maestros de la enseñanza primaria. 


Y he aquí el verdadero argumento que tenemos todo el derecho de arguir si es que, oración individual de cada quien por medio, decidimos tomar algún espacio de participación pública: la educación preferencial de los hijos es un derecho internacional amparado por el artículo 26.3 de la Carta de Derechos Humanos de la ONU: Los padres tendrán derecho preferente a escoger el tipo de educación que habrá de darse a sus hijos.”


Y es en ese punto, donde realmente podríamos proponer que para incluir un nuevo programa estudiantil en cuanto a educación sexual y cívica, primero tenga que haberse creado una serie de opciones educativas a elegir por los padres.

Opciones como : Certificaciones de enseñanza en casa. Escuelas cristianas.

Esta última, por el costo, realmente se me hacen mucho más complejas para nuestro contexto, pero la enseñanza en casa, el llamado homeschooling, es una práctica tan extendida en numerosas sociedades, que es honestamente cavernícola no haber pensado en implementarla antes en Cuba.

Además, supone un esfuerzo mucho menor para lograrse: bastaría con aliarse con algún programa de una escuela extranjera que certifique legalmente los niveles educativos, y esté de acuerdo en hacer una excepcional obra caritativa por ese servicio a Cuba, sin cobrar las tarifas usuales. O tal vez gratuitamente.

Proponiendo estas iniciativas, al menos podríamos decir que si se eligió participar en el concierto ciudadano fue para añadir y no para fajarse con el aire.

Y aun haciendo esto, es bastante ingenuo pensar que todo ese largo camino de propuestas estará allanado y esperando por nosotros. Está claro que no es el caso.

Entonces, ¿por qué sucede que siempre lo dejamos como última opción?, habremos de ir a la Biblia a estudiar los casos, y a orar.

Nunca Israel fue más israelita que cuando tuvo que contrastar con los pueblos que se mezclaban alrededor. Nunca su fe y sus prácticas fueron más probados ante ellos mismos para con Dios.

Nunca un cristiano fue más cristiano que estando en cautiverio. Entonces su fe lo definió ante los otros. Entonces cantó y adoró a Dios como nunca antes.

Así que, si andado el camino de la propuesta, encontramos que al final es voluntad que todo esto suceda, hemos de entender que necesitamos ser probados y pasar afinados por este fuego. Que la lámpara de cada hogar permanezca encendida entre la tiniebla. Que la luz de la lámpara sea quien siempre debió ser: Cristo.

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