Texto: 2Tim 2:15

“Esfuérzate por presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse y que interpreta rectamente la palabra de verdad. [NVI][1]

En varias ocasiones he escuchado a cristianos decir con gran seriedad y convicción: “para que romperse uno la cabeza estudiando hermenéutica y exegesis[2] para interpretar la biblia correctamente. Nada de eso es necesario, los verdaderos cristianos tenemos al Espíritu Santo y lo único que tenemos que hacer es leer la palabra y Él nos mostrará el significado”. Generalmente, tal afirmación se dice en modo de protesta contra los “profesionales” del cristianismo: eruditos, pastores, maestros, etc., quienes, según estas personas, han enlodado las aguas y complicado algo tan simple y sencillo como leer la biblia.

Debemos reconocer que hay parte de verdad en esta protesta. Durante muchos años gran número de teólogos y exégetas se han sentido inclinados, positivamente, a investigar a fondo las escrituras, pero en el proceso, muchas veces han cubierto el significado sencillo del texto. Tristemente esto ha pasado porque no han considerado algo fundamental a en cuanto a la labor interpretativa: el propósito de la buena interpretación no es la singularización; no se trata de descubrir algo que nunca nadie haya visto antes. Cuando la interpretación tiene como metas de sus esfuerzos encontrar significados únicos, se cae, generalmente, en crasos errores que hacen daño a la vida de la iglesia. De manera general podemos afirmar que las interpretaciones únicas son erróneas. Aunque hemos reconocido que dichas protestas se fundamentan, a veces, en cosas que son ciertas como acabamos de explicar, la verdad es que en la inmensa mayoría de los casos dichas protestas reflejan la ignorancia de creyentes que ignoran dos cosas fundamentales. En primer lugar, el lector es siempre un intérprete y, en segundo lugar, la naturaleza de las sagradas escrituras. Veamos pues, en qué consiste cada una de ellas.

El lector como intérprete

Algo real y que es ampliamente ignorado por muchos creyentes es que el lector es siempre un intérprete. Cuando leemos cualquier tipo de material ─sea la biblia u otro escrito─ suponemos que entendemos lo que estamos leyendo y eso implica interpretación aunque no lo notemos porque lo hacemos de forma automática e inconsciente. El problema radica en que llevamos al texto todo lo que somos: nuestra cultura, nuestras experiencias, nuestro idioma, nuestro nivel académico, en fin, vamos al texto con lo que muchos exégetas han denominado “una comprensión previa” que inevitablemente afecta nuestra interpretación del texto.

Entre nosotros y los receptores bíblicos hay todo un abismo que no nos permite, sin más, que leamos el texto y le demos la interpretación que nos parece correcta. Necesitamos una metodología correcta de interpretación que tenga en cuenta esas diferencias ─ cultura, tiempo, situación, idioma, etc.─ y nos ayude a construir una especie de puente para llegar al otro lado y  poder entender el texto en el contexto de los receptores originales. Solo entonces, estamos en condiciones de formular el principio teológico con un significado y una aplicación para nosotros hoy. La mayoría de los cristianos se acercan a la biblia sin tener en cuenta nada de lo que he explicado, el resultado: caen al fondo del abismo.

La naturaleza de las sagradas escrituras

Otra cosa que muchos cristianos no tienen en cuenta es la naturaleza de las escrituras. Afirmamos que la biblia es cien por ciento palabras de Dios. Pero Dios no la mandó en un paracaídas envuelta en una caja con un lazo rosado y una nota diciendo: “Esta es mi Palabra”. ¿Fue eso lo que Dios hizo? Claro que no. Dios uso hombres de carne y hueso, con caracteres y personalidades distintas. Hombres que vivieron en momentos diferentes de la historia. Cada momento con sus particularidades culturales, políticas, sociales, lingüísticas, circunstanciales, etc. Estos hombres fueron inspirados por el Espíritu de Dios para redactar las escrituras, pero Dios no prescindió de sus facultades y lo que eran como personas, sino que uso todo eso para revelar su palabra a los hombres.

Tener en cuenta la naturaleza de las sagradas escrituras es crucial para lograr una correcta interpretación: la biblia es cien por ciento hechura divina, pero también es cien por ciento hechura humana. Para una correcta interpretación de la palabra debemos tener presente la forma en que Dios ha decidido revelárnosla, de lo contrario, nos caeremos por el precipicio.

Quisiera concluir diciendo algo sobre la relación Espíritu-interpretación. ¿Cuál es el papel que juega el Espíritu en la interpretación bíblica? Contrario a lo que muchos creen, el Espíritu no hace que interpretar correctamente el texto sea algo automático. El Espíritu espera que usemos nuestras mentes, métodos adecuados de interpretación y buenas herramientas de estudio. Los niños cuando están aprendiendo a caminar siempre son vigilados de cerca por sus padres para socorrerles si es necesario, pero esto no significa, que andar se vuelva algo automático porque sus padres estén cerca. Del mismo modo, contamos con la ayuda del espíritu de Dios para entender y aplicar Su palabra. Pero esto no significa que sea algo automático.

¿Acaso dudaba pablo que Timoteo tuviera al Espíritu Santo? Nadie que lea las cartas a Timoteo puede concluir semejante disparate. Sin embargo, Pablo le manda a prepararse y a interpretar correctamente las escrituras para su bien espiritual y el bien espiritual de otros.

 

[1] Nueva versión internacional.

[2] Disciplinas que se ocupan del estudio de las reglas de interpretación y su aplicación respectivamente.