Siete cosas que puedes hacer para Dios aunque no tengas un “ministerio” en tu iglesia

General Siete cosas que puedes hacer para Dios aunque no tengas un “ministerio” en tu iglesia

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A veces muchos cristianos hemos pasado por etapas de angustia al no conseguir entrar en algún ministerio en nuestra iglesia local. O bien algún líder considera que no estamos listos, o simplemente hay muchos requisitos, o no logramos encajar en las áreas que están funcionando en la congregación y sentimos que ninguna es “lo nuestro”.

Sin embargo, ni disgustarse con nuestros líderes nos traerá la sensación de paz adecuada, ni es lo más maduro por hacer, ni se trata mucho menos de pensar que no somos funcionales en el cuerpo de Cristo.

La verdad es que si realmente queremos servir, no hace falta ningún rol asignado por alguien más, y tampoco es necesario que se cumpla justamente dentro del engranaje de la iglesia local. 

Hay demasiado que puedes hacer por tu propia cuenta junto a Dios, como parte de su iglesia global, pero a veces, reconozcámoslo, internamente nos ofuscamos en ser visibles en nuestras iglesias para ganar cierto reconocimiento, cierta “popularidad”, y dejamos de notar las infinitas posibilidades que el servicio sencillo y anónimo tiene para nosotros.

Pues si has estado en el caso de frustrarte y no lograr ese rol que tanto anhelas, déjame contarte que esta puede ser una oportunidad que Dios te está dando de servirle de verdad y con todo tu corazón. Los resultados serán mucho más reconfortantes, aunque a primera vista no te parezca que el anonimato es lo tuyo. 

Te regalamos hoy algunas ideas que puedes intentar, si tan solo oras y buscas la guía de Dios en este asunto.

Confortar a dolientes en un funeral

Las funerarias son sitios a donde no nos gusta ir. Y la verdad es que esos espacios de tristeza y pérdida solemos evitarlos muchísimo. Pero si eres cristiano de todo corazón y quieres hacer algo en el espíritu de Cristo, llorar con los que lloran y confortarles es un rol que realmente te toca. Y  hacerlo te llenará de un sentimiento de orgullo personal como hijo de Dios, y te enseñará a empatizar con quienes más le necesitan.

Haz un termo de café y compra algunos bocadillos sencillos, como panquecitos o panes, algo que no sea demasiado para que no dé la impresión de un festejo ni resulte irrespetuoso.

Coordina con el jefe de turno del centro. Si le explicas que solo quieres ofrecer apoyo en lo posible a quienes están allí, no debe haber obstáculos para que puedas acercarte y ofrecerles un té o un café.

Si eres muy respetuoso, no invasivo, y amable en tus palabras, puedes pasar a preguntarles qué necesitan o si alguien quiere que ores por él. Esta sencilla manera de ayudar puede representar mucho para alguien que está en un momento de dolor. Cuando te presentes, di que se trata de un proyecto de apoyo de la iglesia local. De ese modo es menos probable que te confundan con un “loco”. También trata de que tu vestimenta sea la adecuada y de que tui tono al hablar sea muy suave y respetuoso.

Si la familia no responde bien, ten la humildad de retirarte enseguida. Lo menos que deseas es causar más molestias. Por lo general, si eres muy adecuado y amable, no tiene por qué suceder algo así.

No te excedas del límite de ofrecer oración y bocadillos. Recuerda que se trata de una situación muy familiar.

Escribir cartas a reclusos

Para escribir cartas a reclusos sí necesitarás del apoyo de algún capellán de la iglesia que te facilite sus direcciones. De lo contrario tienes el arduo trabajo de localizar familias de reos y es muy complejo ganar su confianza para tener sus datos. Resultaría muy extraño para ellos.

Pero si alcanzas a conversar con un capellán y le explicas que te gusta consolar por medio de cartas, esfuérzate en convencerle de que eres un cristiano interesado en servir y tienes las mejores intenciones de apoyarle en eso.

Escribir desde el corazón para dar aliento puede parecerte poco, pero en realidad significa mucho para alguien que está encerrado y lejos de todos los entretenimientos de la vida diaria.

Apoyar a un vecino vulnerable

En tu propio barrio puede que tengas la oportunidad de servir a alguien que necesita del amor de Dios. Averigua entre los vecinos de algún caso vulnerable, como un anciano operado, enfermo, o alguna madre soltera que trabaja, o tal vez alguna persona que se halla sin empleo.

Puedes apoyar del modo que te sea conveniente según tu situación. La verdad es que esto es un servicio que deberíamos hacer como costumbre si ya tenemos una madurez como seguidores de Cristo. Es nuestro deber buscar aquellos que están en peor condición y tratar de apoyarles según nuestras posiblidades reales.

Ser acompañante en un hospital

Esta idea es un poco más trabajosa y conlleva más esfuerzo y ciertas condiciones personales como tener algo de tiempo.

Sin embargo, si es tu caso, puedes separar algunos días en tu agenda para recorrer alguna sala de hospital en los horarios en que eso es posible y averiguar discretamente si hay algún caso delicado, de alguien que necesite compañía porque está solo. Siempre hay pacientes que no tienen familia, o tienen conflictos familiares que le han alejado de sus seres queridos. O son considerados marginados. En estos casos, tu naturaleza como hijo de Dios te debe recordar que tu papel no es juzgar, sino confortar.

En la posibilidad que tengas, trata de acompañar como lo haría cualquier familiar. Pasar la noche en un hospital es duro, pero es un momento muy vulnerable para cualquiera, y esto puede abrir las puertas de un corazón.

Asimismo, los pacientes y familiares de la sala pueden ver el testimonio vivo de un hijo de Dios en acción. Esto puede tocar varios corazones, si eres prudente y respetuoso para hacer las cosas con el tono más adecuado y humilde.

De todas estas experiencias puedes también hacer registro escrito, y compartirlas como método para inspirar a otros.

Apoyar en el salón de espera de quimioterapia o radiología

De modo similar a la compañía en una sala de hospital, quienes pasan por la operación de un familiar o reciben quimioterapia necesitan ánimo o serenidad, pues tienen situaciones emocionales muy delicadas.

Siempre que tengas la preparación espiritual y sicológica para acompañar sin ser invasivo o inadecuado, respetando el espacio familiar, y hablando poco y pausado, tu presencia puede ser un bálsamo para alguien que esté afligido.

Prueba a acercarte y presentarte con mucha delicadeza, ofrece un té a quienes esperan y solo cuando notes una buena reacción pregunta si desean que ores por el familiar que está pasando por ese proceso médico.

Siempre hay personas que abren su corazón a que oren por ellos.

Visitar a un anciano en un asilo regularmente

"Adoptar" a un anciano es más fácil de lo que parece, y a veces solo depende de ponerle ganas. No hay que tener todos los recursos ni mucho dinero, A las persona más aisladas a veces tan solo con visitarlas les puedes cambiar el día.

Ten la inteligencia de conversar con la dirección de un asilo cercano, y explicar tu intención sana de visitar o llevar algún alimento a algún anciano de los más solitarios.

Donar sangre

Donar sangre regularmente depende de unas pocas cosas, y siempre puede salvar vidas.

Si tienes el peso adecuado, eres saludable y tienes todas las ganas de ayudar a alguien en nombre del amor de Dios, es una buenísima opción. No son pocos los voluntarios y cristianos que lo asumen como práctica.

En cualquiera de los casos, siempre la oración es el primer elemento, para estar coordinado con el corazón de Dios y su espíritu para amar a otros en la práctica.

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