«Si realmente lo quieres, puedes lograrlo». Esto es lo que las celebridades mundanas alrededor del mundo e incluso «estrellas de la  fe» nos dicen cada día.

Detrás de esta suculenta y atractiva afirmación se esconde la peligrosa filosofía del hedonismo mundano que se enfoca en el placer y en disfrutar las cosas materiales de este mundo como si ellas fueran nuestro Dios. Muchas canciones transmiten este mensaje de: «tú puedes ganar si así lo deseas», «hay un héroe en ti». Todo bien diseñado para alimentar el ego de las personas y hace que deseen las cosas de este mundo que a Dios.

Toso eso suena muy lindo y «exitosos» personajes de la teología de la prosperidad y del movimiento «Palabra de fe» lo presentan como si fuera algo bíblico y la verdad es que engañan a millones. En mi caso particular, un determinado día empecé a cuestionar esa manera de pensar y descubrí que es una gran mentira para mantener a las personas entretenidadas y lucrar con una fe ignorante. Para tenerlos bien acomodados como elementos puestos en una caja de la que no deben salir. Jugando el juego ellos desean para su beneficio personal.

Esto es muy malvado porque juega con los sueños de las personas y nos incita a correr toda nuestra vida tras cosas que quizás nunca podremos obtener y debido a esto nos mantenemos alejados de cosas importantes en el contexto social en que vivimos.

Ya sea en lo político, amistades, familia,  y casi siempre alejados nuestra relación con Dios porque nos enfocamos en eso otro que es tan importante para nosotros y nunca nos preguntamos si es realmente la voluntad de Dios para nosotros.  Debo confesar que yo mismo he caído muchas veces en esa trampa.

Hazte la siguiente pregunta: ¿Cuántos jóvenes desean convertirse en grande estrellas, ya sea: en el fútbol, cine, música, etc.? ¿Cuántos de ellos realmente lo consiguen? La verdad es que muy pocos logran el estrellato. Y eso es válido para cualquier esfera de la vida. Estudios serios revelan que solo entre el tres y el cinco por ciento de las personas son «exitosas» en la vida y en muchos casos es por algún golpe de suerte y no debido a grades habilidades o conocimiento.

Las personas están obsesionadas en la caza de sueños, sueños que son en la mayoría de los casos inalcanzables y la verdad es que hasta innecesarios puede decirse en la mayoría de los casos. Pero es una buena estrategia mantenerlos entretenidos y ciegos, inútiles para los valiosos propósitos del reino de Dios ya que están completamente enfocados en las cosas temporales y no en las eternas.

Alguna vez le has preguntado a Dios: ¿Qué quieres que haga? ¿Qué quieres que sea? ¡Esta es la primera pregunta que deberíamos hacernos una vez que formamos parte de la familia de Dios! vivir para la  gloria de Dios y no para la nuestra es la verdadera muestra de grandeza del alma humana.

Aquel que se aleja de Dios y persigue sus propios deseos y anhelos solo muestra cuan miserable y pobre es su alma. La verdad es que por muchos años no entendí el plan de Dios para mi vida pero ya veo las cosas con más claridad.

Comencé a pensar en las palabras de Dios en el libro de Génesis:

Después de estas cosas vino la palabra de Jehová a Abram en visión, diciendo: No temas, Abram; yo soy tu escudo, y tu galardón será sobremanera grande (Gn 15:1).

Empecé a preguntarme que clase de recompensa es Dios mismo y no tuve respuestas satisfactorias porque estaba enfocado en las cosas que podía obtener de Dios y no en Dios mismo. No tenía idea de la profundidad y gran riqueza de estas palabras. Así que estudie más detenidamente la Biblia para entender mejor el asunto.

Después de un tiempo leí en Apocalipsis las palabras dirigidas a la iglesia de Laodicea y me detuve a pensar en el siguiente fragmento:

Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido y me he sentado con mi Padre en su trono (Ap 3:21).

¡Increíble! Mis queridos hermanos  y hermanas es nuestra parada  al final, no recompensas mundanas. Sino reinar con Dios en su trono después de que la batalla llamada “vida cristiana” haya sido ganada.

Seremos puestos a prueba para ver si somos dignos de tal galardón. La verdad es que nos meteremos en muchos problemas si morimos al yo y nos entregamos a la causa de Cristo por amor al reino de Dios. Así como también hizo Jesús. El problema de la mayoría de los cristianos confesos de nuestros días es que están enfocados en sus deseos y en lo que pueden sacar de Dios. Para ellos Dios no es más que un útil accesorio que hace sus vidas más cómodas.

Dios necesita obreros dispuestos a dar sus vidas, tal y como Jesús hizo, para edificar el nuevo reino (Ap 21:5). Un nuevo reino sin ángeles caídos y no más personas caídas, un reino eterno y sin pecado. Los que permanezcan corrompidos y en rebeldía contra Dios tienen reservado el infierno y la condenación eterna como recompensa. Ellos no tomaran parte en el futuro reino de Jesús.

Amigos, soy solo alguien que trabaja en una fábrica de procesar acero. Pero he aprendido que debo morir al yo y a los deseos egoístas y desenfocados  del reino de Dios y ayudo algunos de mis pobres hermanos y hermanas cubanos que están en el ministerio pero que sufren debido a una gran pobreza económica.

Yo no soy rico, pero mi situación económica es mejor que la de ellos y trato de ayudarlos como puedo. Los llevo en mi corazón y si mi pérdida económica hace sus vidas un poco mejor, entonces está bien para mí. Estoy convencido que ese es mi trabajo dado por Dios. Esto está formando mi carácter y sigue formándolo a la semejanza de Cristo al dar mi vida por otros y servirle de todo corazón.

¡No es fácil! Debo crucificarme a mi mismo cada día para hacerlo. Debo dejar de lado muchos deseos para poder hacerlo. Yo no estoy en la obligación de hacerlo. Si quiero puedo no hacerlo y aun soy salvo mediante la fe en la obra redentora de Jesús. Pero mi puesto y recompensa en los cielos serían menos si pudiendo ayudar a mis hermanos no lo hago por deseos orgullosos y egoístas para mi deleite en desmedro del avance del reino de Dios. Recuerda que aquellos que hacen los trabajos más humildes y de servicio ocuparán los lugares más altos en los cielos (Mt 23: 11-12).

Hermanos, recorran su camino en paz y recuerden siempre que un día nos sentaremos en lugares celestiales con Dios sin importan cuan increíble suene a la mente carnal y natural. La palabra de Dios lo proclama. Este es el mejor lugar en la eternidad (Ap 3:21). Este texto nos hace hacernos una importante pregunta, habla de vencer, ¿pero vencer qué?

Es vencer al yo, a nosotros mismos, nuestros deseos personales desenfocados de Dios y nuestras metas. Se trata de imitar el ejemplo de Jesús: no se aferró a la gloria que poseía y se encarnó como un simple ser humano para dar su vida por ti y por mí.

¿Cuál será tu decisión?