Filipenses 3:14

Prosigo hacia la meta para {obtener}

el premio del supremo llamamiento

de Dios en Cristo Jesús.

Hebreos 12:1

Por tanto, puesto que tenemos en derredor nuestro

tan gran nube de testigos, despojémonos también de todo peso

y del pecado que tan fácilmente nos envuelve,

y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante

 

Llega este jueves la nueva fase hacia la normalidad en la mayoría de las provincias cubanas y con ello, muchos hijos de Dios en esta Isla estarán arribando al final de una dura prueba de fe.

Otros, sin embargo, en dos de las ciudades occidentales, estarán aún confinados.

Y de ese cambio para algunos, y no para otros, podrían generarse aún emociones de frustración, estrés, y desespero, mientras los hermanos del interior del país en cambio, estarán hoy gozosos de recobrar la posibilidad de visitar y estar en comunión, al menos, en pequeñas cantidades, tras meses de obligada lejanía.

Pero para quienes no saldremos aún de nuestras casas, hay dos posibilidades claras. Ahogarnos en la angustia de no estar en el grupo que hoy sale a las calles, o entender esta fase que nos queda como el sprint final de una carrera.

Sí, porque quien quiera caminar con un poquito de visión espiritual sabrá ya que todo este confinamiento no es más que una prueba afinadísima. Y sabrá, seguramente, que Dios no necesita las pruebas, sino nosotros. Las necesitamos nosotros para chequear cómo vamos, por dónde vamos, cuánto de Cristo hay en nosotros.

Por eso siento esta continuidad del confinamiento como la posibilidad de un examen extraordinario. Un chance después del chance. Para que aún apostemos por aprobar con Dios, si es que nos fue mal a la primera.

Porque siendo claros, ¿Cuántos de nosotros pueden decir que tras ser confinados siguieron adorando con la misma intensidad? ¿Cuántos buscaron estrategias para visitar y congregarse de algún modo, o para servir a otros hermanos, en lugar de escudarse en necesidades propias? ¿Quiénes de nosotros puede decir que no se han sobreenfocado en la crisis y las circunstancias y han mantenido un espíritu de evangelismo, haciendo obras de amor para sus vecinos, en medio del desánimo general?

¿No sucumbimos también a saturarnos de malas noticias en lugar de brillar con la buena noticias? ¿No miramos el parte diario como la autoridad de nuestro estado de ánimo en lugar del encuentro diario con la guía del Señor? ¿No olvidamos compartir de lo poquito, sin escondernos tras la excusa de la escasez?

Si todos pudiéramos decir que seguimos el hilo brillante de mostrar y vivir a Cristo aún en el confinamiento,gozosamente, qué bueno sería. Pero no fue así para todos. Por eso se puede tomar esta nueva oportunidad de aprobar la prueba con el espíritu adecuado. Dando una palmada al aire para reactivarnos en su presencia, y recordando nuestra verdadera identidad.

El sprint final es siempre ilógico e inexplicable. Los atletas ya han dejado lo mejor de sí muy lejos, en la arrancada; los metros centrales, con la aceleración a pulso… ahora solo queda un tramo muy breve, con el cansancio y el desánimo en los huesos. Pero, !maravilla!, es el momento en que los corredores sacan fuerzas de donde pareciera que no hay para meter la cabeza, soltar los brazos descolgados, y llegar lo mejor posible, dejando el aliento sobre la línea de meta.

Nuestra fuerza no viene de nosotros mismos. Estemos listos para correr con dignidad este sprint final, en Cristo. Veamos con ojos limpios lo que esta fase de no desconfinamiento para La Habana y Matanzas puede significar para los de acá. Mientras celebramos el gozo de los hermanos que ya salen.

Para ello, Maranata Cuba te regala siete ideas.

  • Haz los mandados de algún vecino. Das el mismo viaje, cargas un poquito más para mostrar tu amor en Dios. Y si se trata de ese vecino que te cuesta el doble saludar, aún mejor.
  • Comparte de lo poco. No pienses más que porque es el momento de mayor escasez no es el tiempo de dar. Es precisamente ahora. Sin dejar desamparada tu casa, comparte uno de los dos tubos de pasta dental que te llevaron una hora de cola, con esa viejita que vive de la pensión. Da uno de tus dos paquetes de frijoles con aquella madre soltera que tiene demasiados niños que atender. Quien al pobre da, a Dios presta.
  • Envía mensajes de aliento y bendición. Ahora que muchos no están diezmando, u ofrendando en iglesias locales, puedes destinar ese aporte habitual a usar saldo para escribir a los desanimados. Sobre todo si no conocen a Dios. Envíales palabras sinceras de ánimo, y bendición, y diles que oras a Dios por ellos. No sabes cuánto lo agradecen las personas en momentos de desesperanza. Claro, luego debes orar de verdad.
  • Visita desde la cerca. Tal vez olvidaste lo bueno de visitar a tus hermanos, con todo esto de estar encerrados. Pero manteniendo la seguridad puedes llegar a saludar y llevar ayuda desde la cerca de las casas, sin entrar. Recuerda que muchos están fríos y desanimados, y tu visita puede hacer la diferencia. Ora brevemente por quien visitas. Lleva del gozo que Dios te ha dado, y si no lo sientes, ve igualmente, poco a poco Dios lo irá poniendo.
  • Cocina para alguien vulnerable. Haz de tu comida de hoy, esa que haces por rutina, una oportunidad de enseñarle a tus hijos a favorecer a los más necesitados. Enséñales que todo lo que están preparando es para llevarle a un anciano o alguien de poco ingreso. Y luego llévenlo sin aspavientos, con sencillez de corazón y una sonrisa sincera. Eso habla de Cristo aunque no lo menciones.
  • Programa una semana de ayunos matutinos por las dos ciudades que quedan confinadas y por el despertar espiritual de los hijos de Dios en ellas, para que sean luz y sal en tiempos de desconsuelo. De seguro puedes convertir un revés en una victoria espiritual si programas el tiempo de antemano, y aprovechas este tiempo que queda en casa para acercarte a Él bien temprano.