Cita: Mt 5:13-14

Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se desvaneciere, ¿con que será salada? No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y hollada por los hombres. Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder.  

¿Por qué razón Jesús mencionó estas metáforas en ese orden y no al revés? ¿Será que lo hizo de forma arbitraria o hay una lógica en este orden que intenta enseñarnos cómo funcionan las cosas en la vida cristiana? El orden en que Jesús presenta estas metáforas tiene una razón de ser, y es que como creyentes siempre producimos primero el efecto de ser sal antes de ser luz.

Por ejemplo,  donde sea que residamos, sea en nuestro trabajo, nuestro barrio o cualquier otro lugar  y las personas son expuestas a observar y analizar nuestro estilo de vida de inmediato ese “algo diferente” que produce determinado efecto de control, como vimos en el artículo pasado, a su vez comienza a  llevar a los demás a contemplar nuestra vida y a decir “hay algo diferente en esta persona”. Cuando ocurre eso, pronto empiezan a hacer preguntas y es ahí cuando entra en juego la metáfora de ser “luz”. Entonces podemos hablarles y enseñarles.

Lamentablemente con muchísima frecuencia invertimos el orden. Les hablamos muy bonito a las personas pero no vivimos como “sal de la tierra”. Somos culpables, más veces de lo que nos gustaría admitir, de proclamar el evangelio con frases y palabras magníficamente elaboradas pero nuestro comportamiento, muchas veces, es negación del mismo.

La Biblia, al tratar del cristianismo, siempre resalta primero lo que es, antes de comenzar a hablar de lo que hace. Este es el patrón teológico de toda la escritura, fundamentalmente del Nuevo Testamento. En este mismo sermón Jesús primero describe cuales son las características (su esencia, lo que son) de los hijos del reino antes de hablar de lo que hacen. Miremos, por ejemplo, las denominadas cartas teológicas del nuevo testamento (Romanos, Efesios, Colosenses) y veremos el mismo patrón.

En todas el apóstol Pablo primero expone lo que somos en Cristo, lo que Dios ha hecho por nosotros antes de hablar de cómo debemos conducirnos.  La razón es simple: el fundamento de lo que hacemos es lo que somos, si no somos, entonces no podemos hacer. El que no ha nacido de Dios, no puede cumplir ni deleitarse en los mandamientos que Dios ha establecido por mucho que lo intente.

Al igual que la metáfora anterior (ser sal) esta metáfora (ser luz) tiene implicaciones negativas y positivas. La implicación negativa general es: este mundo es un lugar en tinieblas. Y la implicación positiva general es: solo el cristianismo puede hacer algo al respecto.

Podemos afirmar con el respaldo abrumador de la evidencia, que las tinieblas de este mundo nunca han sido más evidentes que hoy. Al mundo le encanta hablar de su civilización, sobre todo desde el renacimiento en los siglos quince y dieciséis cuando  despertó en el hombre un interés por el conocimiento y vieron en el poder de la razón la solución a los problemas que agobiaban a la humanidad. Estos hombres creían estar siendo iluminados por el poder de la razón.

Ciertamente el mundo ha avanzado mucho y los medios de comunicación nos bombardean constantemente con los últimos adelantos de la ciencia y la tecnología, explicándonos cómo estos nos mejorarán la vida. Una de las estrategias publicitarias de más éxito consiste en mostrarnos el antes y el después, de alguien o algo, con respecto al uso de un determinado producto. Este tipo de estrategias ha sumergido este mundo en una paranoia consumista que ha convertido en esclavas a las personas del “último producto”.

Si bien es cierto que mucho hemos logrado con el avance de la ciencia también es cierto que producto a la misma ciencia el mundo es un lugar cada vez más difícil en el cual vivir. Los adelantos científicos se han usado para matar con más eficacia. Los hombre que pretendieron estar siendo guiados por la luz de la razón y que pusieron su esperanza en el adelanto de la ciencia como el medio para solucionar los problemas de este mundo tuvieron que ver como el esperado siglo 20 se convertía en el siglo más sangriento de la historia con dos guerras mundiales, una bomba atómica lanzada y millones de personas muertas como resultado de todo eso.

La humanidad ha observado como el “poder de la razón” ha sido usado para crear formas cada vez más sofisticadas de matar y de contribuir a la destrucción paulatina de este planeta. Miremos el escenario mundial por un momento en internet, en los noticieros, periódicos y revistas. ¿Qué vemos? Vemos lo siguiente: cada dia hay mas muerte, mas pobreza, mas hambre y miseria, mas enfermedades mortales y un monton mas de cosas terribles. Tal pareciera ser que en la medida que el “conocimiento” del hombre aumenta, también aumentan estos males.

¿Por qué todo este adelanto en la ciencia no ha convertido el mundo en lugar mejor y más seguro? Solo el cristianismo tiene una respuesta veraz a esta pregunta. Los filósofos de este mundo buscan ansiosamente las respuestas y crean estrategia tras estrategia porque en el fondo piensan que lo que resolverá el problema es que el hombre aumente su saber. La verdad es que no entienden el problema verdadero del hombre, a pesar de todo ese “conocimiento” no pueden llegar a la raíz del asunto y menos que menos decirnos qué puede hacerse para resolverlo.

Pero en medio de esta sociedad embriagada de “conocimiento” pero falta de un diagnóstico certero de la causa de sus males es donde entramos los cristianos con el glorioso mensaje del evangelio. ¡Nosotros poseemos la sabiduría de Dios revelada en las escrituras!

Sabemos que el problema del hombre es el pecado que le aleja de Dios. No importa cuán sofisticado se vuelva, ni cuanto desarrollo obtenga. El hombre separado de Dios es un esclavo del pecado y malo por naturaleza. Su conocimiento puede ser pletórico pero mientras no se restaure su relación con Dios, a través de Cristo, estará inclinado a hacer el mal que lleva en su naturaleza.

Los cristianos y solo los cristianos somos la luz del mundo. Nosotros tenemos las respuestas correctas al porqué el mundo está como está. Solo nosotros poseemos la respuesta correcta a cual es la solución de los problemas del hombre: ¡el glorioso mensaje del evangelio!

Nosotros como luz de este mundo debemos proclamar el mensaje del evangelio para que Dios elimine las tinieblas de los corazones de aquellos que están perdidos y pasen de muerte a vida. No hay otro mensaje, ni ninguna otra sabiduría que pueda cambiar el corazón de los hombres y convertirlos en nuevas criaturas que amen y respeten la justicia.

El hombre natural, muerto en sus delitos y pecados, necesita ser alumbrado con las buenas nuevas de salvación. Necesita ser impactado con aquello que le parece locura pero que es poder de Dios para salvación. Y somos tú y yo como luz de este mundo los encargados ─con el poder de Espíritu Santo─ de disipar las tinieblas y mentiras que gobiernan sus vidas mostrándoles el camino correcto para que se arrepientan de su pecado y se vuelvan de sus malos caminos y vivan vidas que glorifiquen al creador de sus almas.

Dios te bendiga.

Puedes leer la primera parte de esta reflexión aquí, o acceder a la segunda parte dando clic aquí.