Cita: Mt 5:13-14

Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se desvaneciere, ¿con que será salada? No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y hollada por los hombres. Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder.  

 

 

“Los monjes que se apartan de sus celdas, o buscan la compañía de las gentes, pierden la paz, como el pez pierde la vida fuera del agua”.

Estas son las palabras de Antonio el Ermitaño, uno de los precursores de la era monástica. Era que se caracterizó por un apartarse de la sociedad para vivir una vida de retiro y contemplación. ¿Qué provocó esto?

Sabemos que antes de que el emperador Constantino cristianizara el imperio estableciendo el cristianismo como la religión oficial del mismo la iglesia estuvo sometida a intensos periodos de persecución durante tres siglos. Durante estos periodos muchos fueron obligados a retirarse a lugares intrincados para proteger la vida y en este proceso de separación descubrieron una nueva forma de modelar una vida de santidad y contemplación divina.

Cuando  Constantino estableció el cristianismo como la religión oficial del imperio muchas cosas cambiaron, pero no todos estuvieron de acuerdo con los nuevos términos de paz. Aunque algunos veían en esto el cumplimiento de los designios de Dios, otros se mostraban escépticos y veían en esta “paz” una estrategia del enemigo de las almas para destruir la pureza de la iglesia.

Lo cierto es que muchas cosas cambiaron. La iglesia pasó de ser perseguida y maltratada a convertirse en una institución poderosa y de mucha influencia. La puerta estrecha de la que una vez habló Jesús fue clausurada y solo fue dejada abierta la puerta ancha por donde las multitudes se apresuraban a pasar. Ser cristiano ya no era un estigma que te podía llevar al martirio, ahora, era un beneficio.

Los ricos y poderosos empezaron a mover los hilos a conveniencia propia y a utilizar la iglesia como mecanismo de dominación y control. Pronto se desató una lucha sin cuartel por las posiciones más encumbradas y esto dio al traste con la vida de la iglesia. Se empezaba así a sentar las bases de una maquinaria eclesiástica que sería responsable de uno de los periodos más oscuros en la historia de la humanidad.

Mientras multitudes pedían ser bautizadas para ingresar a la iglesia otros tantos veían en el ideal monástico, practicado por algunos durante los periodos de persecución, la solución definitiva para volver a ser una iglesia gloriosa y santa, dedicada únicamente al Señor.

Aunque hay mucho de encomiable en la actitud de estas personas, debemos reconocer que la decisión final de separarse de la sociedad no fue acertada. Fue una reacción pendular que le hizo daño a la iglesia  y las secuelas de tal separación llegan hasta nuestra sociedad actual.

Somos sal, pero, ¿qué significa?   

“Vosotros sois la sal de la tierra” esta es una declaración que tiene implicancias negativas y positivas. La implicación negativa general es clara: el mundo es un lugar que está en continua descomposición. A pesar de todo el progreso de la ciencia y la tecnología y de los beneficios que esto ha aportado a la sociedad, estamos viviendo en una sociedad con una corrupción moral sin precedentes.

Pero en medio de este diagnóstico tan crítico está la implicación positiva general: nosotros (la iglesia) podemos y debemos frenar, o al menos tratar de obstaculizar, esa descomposición. La idea del texto griego es muy enfática: “vosotros y solo vosotros sois la sal de la tierra.”

¡No es increíble esta afirmación! Hay algo que podemos hacer al respecto. Si eres ciudadano del reino de los cielos, cuyas características nuestro señor ha descrito en las bienaventuranzas, entonces, ¡eres sal!, y debes actuar en consecuencia. Es por eso que he dicho que a pesar de lo encomiable de la actitud de muchos en el pasado debido a su deseo de santidad y de agradar al Señor la decisión de separarse de la sociedad fue un error garrafal.

Como iglesia no podemos cumplir con nuestra misión de ser “sal de la tierra” si vivimos aislados de la sociedad. Por más deseos que tengamos de llevar una vida santa y recta, aislarnos, es algo que Dios nunca mirará con agrado. ¿Qué tiene que hacer la sal para poder salar? ¡Evidentemente, entrar en contacto con el elemento a salar!

La sal no sala por control remoto, no sala desde el salero. De la misma forma, cómo podemos nosotros impedir la descomposición de nuestra sociedad si toda nuestra actividad se circunscribe al templo y entre nosotros como si fuéramos monjes cenobitas[1].

Muchos eruditos cristianos han observado el hecho, estoy completamente de acuerdo, de que la sociedad se ha deteriorado tanto, precisamente, porque la iglesia ha desatendido su misión de ser sal y luz de este mundo. Nuestro señor Jesucristo nos dio el mejor ejemplo de una vida de retiro y comunión con el Padre, lea los evangelios, sobre todo el de Lucas; pero siempre estuvo en medio de la gente: sanando, liberando, enseñando, siendo ejemplo, resumiendo: siendo sal y luz de esta tierra.

Quita la luz del evangelio de nuestro señor Jesucristo de una sociedad y será una sociedad que se sumirá en el caos y la corrupción moral. Todo se corromperá: la música, el arte, la literatura, la educación, etc. Cada manifestación artística y educativa. La iglesia ha desasistido todas estas cosas porque las ve como “mundanas”, y ¿cuál ha sido el resultado?

Hemos visto como la depravación moral del hombre se manifiesta, cada vez, de forma más intensa en estas áreas que son cruciales para la vida de una sociedad.

Tenemos una función que ejercer mi querido hermano y es la de ser sal. ¿Eres sal? ¿Estás actuando como sal? Me encanta un ejemplo que pone el Dr. Martyn Llody-jones en su libro titulado “El Sermón del Monte” en dos volúmenes [paráfrasis mía]:

Un grupo de personas están hablando de forma grosera y de repente un cristiano entra a formar parte del grupo, y de inmediato su presencia produce efecto. No dice una palabra, pero los demás empiezan a cambiar su forma de hablar. Este cristiano está actuando ya como sal, está controlando la tendencia a la putrefacción y descomposición.

¿Te ha pasado alguna vez algo parecido a lo descrito anteriormente? Está claro que esto no ocurrirá de forma automática siempre, no  esperes que así sea. Lo que sí está claro es que cuando vivimos como hijos de Dios en este mundo caído y las personas son expuestas continuamente a nuestro estilo de vida comienzan a ver algo diferente, que no pueden explicar, pero ese actuar diferente produce en ellos un efecto de control que tiende a frenar la descomposición moral de sus vidas.

 

 

[1] Monjes que vivían apartados de la sociedad pero en comunidad.