«La ética, la moral y la fe no pueden ser destruidas con nada […]»[1]

Fidel Castro Ruz

 


[1] Castro F. (1996) Discurso pronunciado en el Acto de solidaridad de la VI Caravana de Amistad Estados Unidos-Cuba, el 19 de septiembre de 1996. Granma, 21 de septiembre. p. 5.

Pastores e Iglesias. Me hubiese gustado en estos escritos ser más bíblico, pero tengo paz de que ustedes están bien formados bíblicamente y hay gran necesidad de que dialoguemos desde todas las aristas posibles.

Dado el interés que ha causado mi primera carta y el deseo de que les siga ayudando a comprender el contexto actual que debatimos, me he sentido impulsado a escribirles esta segunda. Ante todo, lo que estamos debatiendo no es si la nueva constitución debe o no ver la luz: yo veo una propuesta genial, necesaria y progresista. Lo que se debate en nuestras iglesias, hogares y nuestras propias mentes, es si es posible aprobar el concepto de matrimonio y el cambio legal posterior que supone la aprobación de ese artículo de la constitución. Me preocupa que la votación es por toda la «fruta» con cada una de sus semillitas, es un sí por toda la propuesta constitucional o un no por no poder aceptar algunos de sus artículos. Lo cual es injusto o para nosotros como votantes o para los diputados y diputadas que se esforzaron en traernos la propuesta. Me preocupa que el Parlamento deseche nuestras propuestas, aunque perciban un rechazo mayoritario con respecto a este punto, y no lo cambie sin un análisis serio de las consecuencias sociales posteriores. Por tanto, se hace necesario que, como cristianos y cubanos, seamos serios en este análisis y miremos no solo al pasado, como hacen los reclamadores de justicia social, sino que seamos justos con el presente y también miremos al futuro, como haría el Sabio que nos ha traído hasta aquí.

Como este debate en el Parlamento se enmarcó en el contexto de derechos y justicia, se debe analizar que varios de esos derechos, que son constitucionalmente de todos, pueden entrar en contradicción en el presente y en el futuro. Estos son los derechos de Libertad de Género, criterio o pensamiento, expresión u opinión, creencias y religión, e incluso de divulgación. ¿Pueden los derechos de género conciliarse con los derechos religiosos?

El derecho Humano de la Libre determinación de género y diversidad sexual se tiende a interpretar como la identidad de género y prácticas sexuales que termina asumiendo o definiendo a una persona como individuo y ante la sociedad. En el marco de este derecho se explica la decisión de una persona socialmente identificada como heterosexual de «salir del closet» e identificarse como homosexual; asumiendo que todos los heterosexuales que deciden identificarse como homosexuales estaban reprimidos social y/o religiosamente. Aunque en muchos casos esa persona heterosexual que anteriormente nunca tuvo inquietudes homoeróticas ante los factores social y propagandísticos de hoy, más favorables «homosocialmente», se cuestiona o interesa hacia alguna postura LGTB. Sin embargo, en el marco del mismo derecho se excluye el derecho de las personas LGTB de adoptar o readoptar una identidad heterosexual como individuo y ante la sociedad, lo cual está ocurriendo aun en países donde se le aprueba «todo» a los defensores de la Ideología de Género.  

Es aquí donde se demuestra que lo que estamos aprobando o desaprobando hoy en este artículo constitucional, es una concepción ideológica más que un derecho humano. Quieren imponernos el criterio de que los homosexuales no pueden cambiar, lo cual es igual a decir que no tienen la tan ansiada libertad de determinación de género y diversidad sexual. Por un lado, no quieren ser esclavos de los genitales y por otro argumentan elementos congénitos, genéticos, etc. Es muy confuso ¿están o no determinados por la biología? Por una parte, dicen que, aunque la biología de su cuerpo le impone un género, nadie debe escoger por ellos su identidad sexual. ¿Entonces por qué quieren imponer a los homosexuales que sean homosexuales para siempre, quitándoles su derecho a ser heterosexuales si así lo desean? En muchos países han logrado penalizar a todos los que digan que un homosexual puede cambiar, sea pastor o psiquiatra (ojo, no todos piensan como ellos), lo cual prueba que, aunque un grupo está luchando por igualdad de derechos y oportunidades, otro quiere imponer una ideología que construya un mundo a su «imagen y semejanza».

Si los homosexuales nacen o se hacen eso queda en el marco de las creencias, las ideologías, la ciencia o la teología. La ley debe legislar sobre derechos universales y no sobre ideologías particulares. Los derechos que se aprueban a las personas, son derechos humanos, no se aprueban a los movimientos ni a las religiones. Cuando la ideología de género dice que un homosexual no puede ser heterosexual, pero a la vez afirma que un heterosexual si puedo cambiar su identidad, crea una confusión conveniente que como una religión de modo proselitista se asegura que una vez hecho la persona parte del movimiento no lo abandone jamás, a la vez que le quita el derecho de escoger una vida diferente por el motivo que sea, pues ante el derecho a la libre determinación de género y a la diversidad sexual, un homosexual puede dejar de serlo, para asumir una identidad heterosexual, aun por motivos religiosos.

Por otro lado del mismo modo que los políticos y el movimiento LGTB tienen infiltradas con su ideología los medios de comunicación y a la educación, donde con toda facilidad y permisión política se les permite la libertad de pensamiento, criterio y divulgación, imponiendo un criterio homonormativo, aun contra la voluntad de muchos padres (cristianos o no), de ese mismo modo los que no compartimos esta ideología creemos tener los mismos derechos humanos de hacer públicas nuestras creencias y criterios, que incluyen nuestro derecho, no a hacer sentir inferior, discriminado, poseído o enfermo a una persona homosexual, sino a brindarles nuestro apoyo y fe, en una igualdad de oportunidades en las que él puede escoger o desear ser heterosexual.

El derecho humano a la libre determinación de Género y diversidad sexual no solo debería interpretarse como el derecho a asumir una identidad y estilo de vida homosexual, sino también el derecho a ser heterosexual. Que nuestra sociedad actual asuma una heteronormatividad (por las causas que sean) no significa que debamos discriminar a aquellos que quieran ser heterosexuales y más aun los que se consideren genéricamente masculinos. Sin embargo, vivimos en una sociedad que, entre acusaciones de machistas y homofóbicos, están convirtiendo —casi imperceptiblemente— el hecho de ser heterosexual en una posición discriminatoria, como si el sentirse «macho, varón, masculino» estuviera mal. Lo cual se agrava cuando los heterofóbicos quieren imponer la ideología de que no eres hétero, no porque te identificas interna y externamente de esa manera, sino porque se te impuso socialmente, por los distintos entes sociales que te educaron.

Sin embargo, he leído mucho sobre teología progay y sobre ideología de género y, a pesar de sus criterios, sigo siendo cristiano, conservador y heterosexual. Mis argumentos están invariables, aún sigo considerando que mi grupo social tiene mejores argumentos científicos, teológicos, psicológicos, sociológicos, éticos, legales y políticos. Así que solo por tener criterios diferentes, apoyar estilos de vida diferentes y expresar opciones diferentes, me convierto para ellos en un homófobo digno de ser penalizado por el Estado, aunque nunca haya cometido actos de odio, intolerancia o discriminación hacia algún homosexual. A pesar de ello, como dijo el líder histórico de la Revolución: «[…] no es cuestión de vivir de los dogmas, es cuestión de sostener lo que se piensa o se defiende sobre la base de argumentos y razones».[1]

Mi único delito es ejercer otros derechos humanos: la libertad de opinión o convicción, la libertad de creencia y la libertad de expresión. De acuerdo a este derecho humano y constitucional en nuestro país, la sociedad cubana no tiene que estar de acuerdo en todo, no tienen todos que creer la misma cosa ni defender los mismos criterios, sin que alguien pueda ser discriminado por ello. Sin embargo, en los países donde se han aprobado leyes con supuestos de reconocer los derechos a las personas LGTBI, se ha continuado con sanciones legales a la Libertad de convicciones, criterios, opiniones y expresión, divulgación y religión de todos aquellos que piensan o creen diferentes al movimiento de derechos LGTBI, sin tener en cuenta que la discriminación es tanto cuando se actúa en «contra» como a «favor» de unos en detrimento de otros. Así que si se aprueban leyes que favorezcan un grupo social en detrimento de otro, la sociedad o el Parlamento cubano también estarían discriminando, entonces a los heterosexuales.

No basta tener buenas intenciones, al aprobar leyes y normas hay que tener información de las consecuencias de lo que se aprueba y prever los problemas sociales a que pueden conducir. Por eso, cuando el honorable diputado, refiriéndose a nuestras creencias —definidas históricamente por la libertad de creencia, opinión y religión— dijo que había que «romper tradiciones», aunque lo dijera con las mejores intenciones, ese fue un acto de discriminación pública a todos los que pensamos diferente, que no somos culpables en lo absoluto de que nuestro país no hubiera reconocido públicamente estos derechos a los homosexuales hasta hoy. Recuerdo que este país primero se declaró ateo y luego, laico. Desde 1959, tras un largo proceso de alfabetización social, cultural y política, somos un pueblo más marxista, martiano y fidelista que católico o de moral cristiana. La ética que nos rige es la comunista, no la cristiana. Hasta hoy se ha evitado este debate; además, en el Parlamento solo hay dos pastores, lo cual refuerza mi defensa contra todo ataque que pretenda mostrar la tradición cristiana como la principal formadora de la heteronormatividad de nuestra sociedad. Por lo contrario, si contribuyó a ello no fue con mala intención, ante lo cual estamos replanteándonos o reafirmándonos ante las exigencias de nuestra actual sociedad, tal como está haciendo el Parlamento cubano.

Tenemos razón los cristianos cubanos al estar preocupados, pues el movimiento LGTBI cubano tiene una gran conexión con los movimientos internacionales y, aunque sus líderes —quienes también son diputados y diputadas del Parlamento— nos expresan que no están copiando a nadie, que quieren ser creativos, no vemos venir otra cosa que la «locura» legal impositiva de la ideología de género, con la cual no solo vemos la confusión legal y social en muchas naciones como, por ejemplo, España y EEUU, donde estos diputados y diputadas cubanos y cubanas son aclamados y aclamadas como héroes del movimiento LGTBI.

Los cristianos no podemos estar de acuerdo con una ideología que ataca el sentido común y la lógica natural, que nos roba el derecho a creer y opinar de forma diferente, una ideología que en muchas naciones ha exigido legalmente un cambio en las creencias cristianas, robando el derecho a la libre determinación. Me temo, sin embargo, que nuestro Parlamento y el pueblo cubanos, carecen de conocimiento sobre lo que realmente es la ideología de género y a lo que conlleva su adopción legal en una nación. Aunque si reconozco la habilidad con la que el liderazgo del movimiento cubano LGTBI han infiltrado al Parlamento y vendido su ideología con rostro de justicia social, socialismo y derechos humanos. Que el ideario de Fidel nos instruya en este momento: «[…] Hay que estar en una guardia permanente con los riesgos. Hay que ser casi clarividente, pensar y pensar, pero pensar en alternativas». «Es muy importante el hábito de buscar alternativas y seleccionar entre las mejores de ellas».[2] Sobre todo porque «[…] los prejuicios no se combaten con leyes: se combaten con argumentos, se combaten con razones, se combaten con persuasión, se combaten con la educación […]».[3]

Es un derecho humano la libre determinación de género y diversidad sexual, nuestra sociedad ya lo ha reconocido informalmente y está legalmente establecido en la Constitución (aunque descontextualizado en términos). El hecho de que la homosexualidad no sea ilegal ni penada en Cuba demuestra que no estamos reconociendo nada que ya no este reconocido, solo estamos legalizando. Legalizar no es malo; pero imponer una ideología minoritaria que socave el sentido común, aludiendo a estudios sociales de resultados cuestionables y a descubrimientos científicos no replicables que han sido desmantelados en otras investigaciones científicas, es lo que rechazamos aquellos que aún tenemos la libertad de pensar diferente.

Reconozco el derecho del movimiento LGTBI a tener su propia ideología, pero rechazo su activismo político que de modo totalitario quiere imponernos sus cosmovisiones sociales a todos, como norma absoluta de comprensión de la realidad, so pena de ser acusados de homófobos y discriminatorios, de penalizarnos si no les seguimos el juego. Imponer una ideología a todo un pueblo por ley es totalitarismo, es el régimen político que concentra la totalidad de los poderes estatales en manos de un grupo que no permite la actuación de otros.

Como el movimiento LGTBI sabe que la homofobia, la intolerancia y la discriminación son de base personal, ya que el fundamento de toda organización es un conjunto de personas puestas de acuerdo, necesitan hablar de cambiar el Código Penal, pues saben que pueden poner, cuantas veces quieran, privilegios en la ley cubana, Aun así, muchos seguiremos reclamando nuestra libertad de creencia, criterio, opinión, expresión y divulgación diferente. También incluyo el derecho de exigir una buena educación para nuestros hijos, una de acuerdo a nuestros valores y creencias. Por tanto, su próxima propuesta es que hay que castigar penalmente, para obligar al silencio la opinión distinta, y anular la libertad de convicciones diferentes.

Es por esto que no podemos interpretar el derecho humano a la libertad de Género desde la perspectiva ideológica, prejuiciada del movimiento LGTBI. Si el Estado cubano persiste en ser laico, es decir, sin el sesgo normativo de ninguna religión, si toma en cuenta la multidiversidad y el polimorfismo moral de la sociedad cubana, el Parlamento no debe votar sin informarse bien de lo que votan, sino también de las consecuencias de las decisiones que toman: no sea que por supuestos valores y valentías revolucionarias se vote discriminando a un sector social que está en desventaja política en el parlamento, como para que se nos defienda de imposiciones totalitarias posteriores de los ideólogos de género y de sus políticos LGTBI.

Siendo de esta manera injustos con la participación histórica en la gestas independentistas de los cristianos y con las creencias religiosas de Frank País, Josué País, Echevarría, de tantos otros cristianos y próceres revolucionarios, de mártires de gran honor y valor patriótico, siéndolo asimismo con el Comandante y líder histórico de la Revolución Cubana, quienes también deseaban una sociedad socialista de igualdad de derechos, justa y progresista, pero ya sea por sus creencias o por sus palabras registradas en discursos, sabemos que no estarían al lado de esa propuesta.

Por todo esto, los cristianos como yo creemos que oponerse a ese cambio constitucional no es estar en contra de la igualdad de derechos, sino a la imposición legal de esa ideología; los cristianos como yo no creemos que sea un acto contrarrevolucionario oponernos a esa imposición, ni ello nos saca fuera de la tradición ni del ideario revolucionario. Más aún, creemos que nuestra posición va en el mismo sentido que el progreso socialista de nuestra nación.

Necesitamos una nueva Constitución, una constitución que reconozca todos los derechos humanos, que sea progresista y justa para todos; necesitamos esta nueva Constitución. Pero yo no puedo votar «sí» mientras ese punto represente un concepto ideológico más que un derecho; porque temo que nuestra representación en el Parlamento es ínfima y, a veces, presionada al silencio por la mayoría. Estaría yo dando permiso para aprobar y modificar leyes que se mueven por una ideología: ideología que es una opción asumirla, no la única o la mejor norma de la verdad, de legalidad o de justicia. No puedo dar mi voto positivo en ese punto, porque esta nueva Constitución me dice que, aunque recojamos 50000 firmas para solicitar un referéndum sobre ese artículo, el Parlamento es el que aprueba o rechaza la solicitud, y en estos días de debate público quedó claro de qué lado se inclina la balanza en el Parlamento. Por lo cual creo que, aunque llevemos medio millón de firmas no nos aprobarían el referéndum, pues los diputados LGTBI dirían que este punto es un «logro» de la Revolución y eso, dentro del contexto actual que vivimos en esta nación, es suficiente para terminar cualquier discusión.

El debate en cuestión no es solo el reclamo de un derecho: es el intento de abrir la puerta a una ideología compleja que desajustará totalmente a la sociedad y a la ciudadanía. Creemos que con esto no estaremos incluyendo a los homosexuales, sino desconstruyendo y construyendo la sociedad, al gusto del movimiento LGTBI.

Diputados y diputadas, pueblo cubano, una ideología es un sistema de concepciones e ideas políticas, jurídicas, morales, estéticas, religiosas y filosóficas, entre otras. Es el conjunto de ideas fundamentales que caracteriza el pensamiento de una persona, una colectividad o una época. Toda ideología tiende a conservar o transformar el sistema social, económico, político, cultural o religioso de la sociedad existente. Cuenta con dos características principales: trata la representación de la sociedad desde su cosmovisión y presenta un programa político. En resumen, todo movimiento ideológico reflexiona sobre cómo actúa la sociedad en su conjunto y, en base a eso, elabora un plan de acción para lograr acercarse a lo que considera que debe ser la sociedad. En este caso específico es una sociedad progay y eclesiofóbica, es decir, en contra de la Iglesia. Diputadas y diputados, pueblo cubano aprobemos derechos, pero reflexionemos profundamente acerca de las propuestas ideológicas, indaguemos en sus orígenes y procedencias, pronostiquemos el futuro y seamos responsables con nuestro voto. Creo que hay que cambiar el mundo, pero, ¿hacia dónde dirigimos el cambio?

Hago la pregunta otra vez ¿Pueden los derechos de género conciliarse con los derechos religiosos? Creo que sí. El movimiento LGTBI tiene derecho a existir tanto como cualquier iglesia, los miembros de ambos movimientos están bajo ideologías diferentes, pero tienen los mismos derechos ante la ley. El que nuestras ideologías en algún que otro punto se encuentren una frente a otra y no se estrechen la mano, no significa que nuestros derechos tengan que estar enfrentados. Hay iglesias progays en Cuba, lo cual demuestra que a los homosexuales se les da la libertad de religión, así que es importante que no se limite sus derechos de creencia, divulgación y criterios a la iglesia no gay. Queremos existir en un Estado Socialista de derecho, por lo cual, si nuestra ideología cristiana no es base en la toma de decisiones políticas, legales y penales, rechazamos que la ideología de género en su versión cosmológica (no en la lucha de derechos) se imponga totalitariamente como ley a todos. En los próximos días veremos la madurez política y legal de nuestro pueblo y de nuestros políticos, y si somos capaces de legislar derechos humanos más que ideologías sectoriales, creyendo en lo que dijo Fidel: «[…] a gente que tenga una cultura política y una moral sólida no se le puede engañar fácilmente».[4] Y sobre todo, tomando en cuenta que: «[…] una decisión que se tome puede estar influida por una serie de premisas erróneas que otros suministran».[5]

Rechazo una vez más todo acto homofóbico (en el justo sentido de la palabra), todo acto discriminatorio y excluyente, les invito a todos cristianos y personas LGTBI a la Tolerancia[6]. No podemos dejar que nuestros derechos se enfrenten y que de la homofobia pasemos a la eclesiofobia. Es importante que las heridas del pasado no se vuelvan rencor y, habiendo sido víctimas del odio, nos volvamos victimarios, o habiendo sido privados de derechos en el pasado le quitemos a otros sus derechos en el presente. Tolerancia, ese es el camino, para dar derechos sin ofender o imponer ideologías. Tolerancia, pues los cristianos de hoy no fuimos los protagonistas de la inquisición, ni somos San Agustín, ni Tomás de Aquino, no somos el Papa Benedicto, somos personas que también estamos buscando nuestro camino y lugar en la sociedad cubana. Tolerancia pues las personas homosexuales no están necesariamente de forma mal intencionada atacando la iglesia o nuestras doctrinas con lo que hacen y dicen, pues igualmente están buscando su camino y lugar en la sociedad cubana. Ambas comunidades sociales reflexionemos en la necesidad de perdón por el pasado, valor para el presente y sabiduría para el futuro. Los cristianos quisieran que Cuba fuera cristiana, los homosexuales desean que sea Progay, pero Cuba debe ser Cuba, para todos los cubanos, por Todos, para Todos y por el bien de Todos. Esto no se trata solo de protagonistas y antagonistas ¡Atención, hay más gente aquí!

Todo lo escrito en esta carta es mi modesta opinión personal. Eximo de toda responsabilidad por mis criterios a todas las organizaciones con las que trabajo o presido, ya que cuando me expreso no necesariamente represento sus declaraciones y criterios. Pero con la misma valentía que doy mi opinión espero recibir su respuesta. ¡Aprendamos juntos que hay camino por andar!

 

Maikel Mauris Milán Suárez

Ministro Evangélico

 


[1] Ramonet, Ignacio. Cien horas con Fidel. Capítulos 20-21.

[2] Tomado de Cien horas con Fidel. Entrevista realizada por Ignacio Ramonet. Capítulo 26. La segunda parte: “nuestra Sociedad va a ser en realidad una sociedad enteramente nueva”. Tabloide editado por Juventud Rebelde. La Habana. 2006. p.8

[3] Comparecencia en el canal 12 de la televisión. La Habana, 25 de marzo de 1959. El pensamiento de Fidel Castro. Selección Temática, Editora Política. t. 1. V.2. p. 396

[4] Tomado de: Nada podrá detener la marcha de la historia. Entrevista concedida a Jeffrey Eliot y Mervin Dymally.  Los días 27-29 de marzo de 1985. Editora Política. La Habana. 1985. p. 122.

[5] Entrevista concedida a Karen de Young. Jimmie L Hoagland y Leonard Downie. Del periódico The Washington Post, EEUU. Ciudad de la Habana, 30 de enero de 1985. Ediciones DOR no 1. Enero-marzo de 1985. Editora Política, La Habana, 1987. p. 53

[6] Tolerancia: respeto y condescendencia en relación con las ideas, creencias y costumbres ajenas cuando son diferentes o contrarias a las propias. De modo que tolerar no implica aprobar, aceptar, admitir o ceder el derecho al otro, sino soportar pacientemente al otro en un reconocimiento que este tiene a ser y actuar diferente. Ser tolerante tampoco implica la ausencia de defensa ante el ataque o intento de agresión.

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