Realmente importa, un enfoque corecto a las emocionesEn una reunión de jóvenes escuché lo siguiente: Que un joven americano le preguntó a una muchacha de cultura de Burma que cuál era la creencia religiosa de la mayoría de los Burmeses? La joven le informó que era el Budismo. El americano dijo: “OH bueno, eso no importa mucho, todas las religiones son iguales.” La joven Burmesa, mirándolo directamente le dijo, “¡Si hubieras vivido en mi país no estarías diciendo eso! Yo he visto lo que siglos de superstición, temor e indiferencia a los problemas sociales han hecho a mi gente. Nosotros necesitamos la verdad y la edificación del Cristianismo. Cuando me hice cristiana me costó algo. Si tu religión te hubiera costado un poco más, estarías más al tanto de su superioridad. Mi país necesita a Cristo”.

En dicha ocasión y desde entonces, he meditado en este asunto planteado por esa joven cuando dijo: “Si tu religión te hubiera costado un poco más, estarías más al tanto de su superioridad. Mi país necesita a Cristo”. Y añado, la iglesia hoy necesita a Cristo. Escuchamos voces que nos desafían a buscar una experiencia con Dios, en ocasiones, en el contexto de los servicios del culto congregacional. No creo que estén totalmente erradas si el fin es desarrollar una consciente intimidad en nuestro caminar con Cristo. He observado que en las Escrituras el llamado es conocer y creer la Palabra de Dios para crear convicciones y no tan solo un sentimiento motivado por las emociones de las experiencias.

Experiencia n. f. (lat. experientiam). Conocimiento que se adquiere con la práctica. Conocimiento de algo, o habilidad para ello, que se adquiere al haberlo realizado, vivido, sentido o sufrido una o más veces; Todo lo que es aprehendido por los sentidos y constituye la materia del conocimiento humano. Así lo define el diccionario de la lengua española.

La dimensión experiencial. Esta tiene que ver con los sentimientos religiosos que se generan en las personas. En algunos grupos esta dimensión tiene una alta prioridad porque genera diferentes respuestas, por ejemplo; compromiso, gozo, paz, estabilidad, esperanza; pero ocurre también culpa, frustración, precariedad, etc. La dimensión experiencial es parte de la vida cotidiana de los seres humanos y define las formas en las cuales diferentes experiencias son procesadas en relación a nuestras creencias.

A mi modo de ver, en La Biblia existen numerosos ejemplos donde los personajes tuvieron experiencias con Dios pero que no le llegaron a conocer íntimamente como para permanecer ligado a Él en una fe sencilla e indisoluble. Algunos ejemplos: Adán, los israelitas en el desierto, Gedeón, el rey Saúl, Salomón, Los habitantes de Betsaida, Judas Iscariote y otros pueden escuchar las palabras de Cristo citadas en Juan 6:36 “Mas os he dicho, que aunque me habéis visto, no creéis.” El deseo de Dios al revelar comunión con el hombre es que le conozcan a Él. Jeremías el profeta dice: “Y les daré corazón para que me conozcan que yo soy Jehová; y me serán por pueblo, y yo les seré a ellos por Dios; porque se volverán a mí de todo su corazón” (24: 7).

La experiencia de los discípulos que iban a la aldea de Emaús después de la pascua, en el evangelio de (Lucas 24:13-35), fue una experiencia triste por su incredulidad. No creían las Escrituras, el Antiguo Testamento, acerca de que el Cristo moriría para satisfacer las altas demandas de Dios por el pecado del hombre. “El alma que pecare, esa morirá” (Ezequiel 18:20). Cristo les reprendió diciendo: “¡Oh insensatos, y tardos de corazón para creer todo lo que los profetas han dicho!”

Estos creyentes tenían experiencia y aún así continuaban en incredulidad, entonces Cristo les predicó la Palabra, el método que Dios usa para crear fe genuina en el corazón (ver Romanos 10:17). Recordándoles lo que desde la niñez habían oído, es decir los libros de Moisés y los profetas, Génesis a Malaquías, les mostró que era necesario y por qué sufriera la muerte y resurrección, como Éxodo 12:43-46, Números 9:12, Salmos 22, Isaías 53, Amos 8:9, Zacarías 13:6, y muchos otros.

Esta fue la respuesta de Pedro y los demás discípulos después de tres años de experiencias con Dios hecho hombre (Juan 21:3-14) hasta que el poder de la palabra desarrolló la fe de ellos y convencidos se entregaron en cuerpo y alma a la causa más justa, la evangelización. Armados del Espíritu de Dios y el fuego de la Palabra llenaron del conocimiento de Cristo el mundo entonces conocido. Pablo tuvo una gran experiencia camino a Damasco, pero las palabras del salvador prendieron cual antorcha inflamada su corazón, poniéndose al servicio incondicional del Señor. Ninguna situación o experiencia le importaba más que agradarle solo a Él.

Qué diferencia entre aquellos que prefieren que todos sean tolerantes con los demás, diciendo que todos pueden creer lo que les convenga. Cazadores de experiencias sensacionalistas. Y aquellos que aprenden la verdad, la creen (tiene convicción fuerte), y la defienden con la vida. A muchas personas no les gusta vivir las experiencias que los discípulos al ser maltratados, en fatiga, en desvelos, en hambre y sed, en ayunos, en frío y desnudez; y además de esas cosas, la preocupación por toda la iglesia.

Otros experimentaron vituperios, azotes, prisiones y cárceles. Fueron apedreados, aserrados, puestos a prueba, muertos a filo de espada; anduvieron de acá para allá cubiertos de pieles de ovejas y de cabras, pobres, angustiados, maltratados; de los cuales el mundo no era digno; errando por los desiertos, por los montes, por las cuevas y por las cavernas de la tierra. Y todos estos, aunque alcanzaron buen testimonio mediante la fe, no recibieron lo prometido.

Entonces es importante que creamos las promesas y palabras de Dios a pesar de las circunstancias, o nos encontraremos en la misma experiencia de los discípulos en el camino a Emaús—un estado de incredulidad, tristeza y desesperanza. “Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve” (Hebreos 11:1).

Fotografía: David Alvarado Verdecia

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