Más de 40 000 focos han ardido desde el nueve de agosto en la Amazonía, en lo que se considera una tragedia ambiental.

Se han movilizado desde entonces, desde fuerzas políticas internacionales, como el G 7, uno de los grupos políticos de mayor impacto, que abriera fondos de 22 millones disponibles inmediatamente para intentar aliviar el peso del fuego. De otro lado las protestas de activistas ambientales por la política del presidente brasileño, que motiva a los ganaderos a quemar terreno para expandir sus tierras ha sido centro de disímiles polémicas.

Todos los medios parecen apuntar al mismo tema. Y la etiqueta #prayforamazonia se vuelve tendencia tras casi un mes de incendio.

Para muchos cristianos —a tono personal creo que desgraciadamente— permanecer alejados de cualquier tema de actualidad es lo más común. En Cuba, específicamente, me atrevería a estimar que buena parte de quienes se autodenominan cristianos se adscriben a ese modo de pensamiento.

Sin embargo, ¿puede y debe un cristiano estar ajeno a una tragedia de talla tan universal como la catástrofe ardiente de la Amazonía?

¿Acaso no nos conmina el llamado a  ser luz del mundo y sal de la tierra también personas que se duelen en su corazón con la desgracia de la creación? ¿O la certeza de que solo el Evangelio salva realmente es excusa para permanecer en una especie de superioridad apática que nos aleje de cada problema diario?

Tal vez el extremo de los que se enredan en asuntos políticos no sea recomendable para un hijo de Dios, es cierto. Al César lo que es del César.

Pero quién duda aún que un tesoro creativo como el llamado pulmón del planeta no afectará a todos por igual, al aire de todos, al clima de todos, cristianos y no cristianos. A cientos de miles de vidas humanas, y a cientos de especies que Dios creó para todos.

Esta breve opinión es solo un llamado a inquietarte.

En lo personal, estoy convencida de que estar ajeno no es precisamente la salida más cristiana. Pero es, como en todo, una decisión personal de cada creyente.

Apenas les dejamos algunos datos sobre todo lo que se pierde en la Amazonía para motivar tu pensamiento y tu oración hacia el tema.

La imagen de la NASA reveló la cantidad exorbitante de focos incendiarios ardiendo

  • Comunidades indígenas de la selva dependen de sus recursos para vivir:

 

Es el hogar de unas 380 comunidades indígenas autóctonas que dependen absolutamente de recursos vitales como el agua y los derivados de la madera y plantas para crear cada uno de sus objetos diarios.

 

Para mayor preocupación, buena parte de esas comunidades ya han sido alcanzadas por el Evangelio. Según Evangélico digital, el protestantismo ha alcanzado una presencia importante entre los habitantes de la selva. Así que orar por tus hermanos, por la cotidianidad y la supervivencia de estos habitantes amazónicos nos afecta por partida doble.

Imagen tomada de Solo para viajeros

 

  • Para valorar lo que la Amazonía significa para todos, en cualquier rincón del planeta, hay que repasarlo desde al menos, tres áreas: sus riquezas ecológicas, como regulador climático y filtro del carbono; su biodiversidad apabullante y las ancestrales comunidades indígenas que viven allí.

La regulación climática es un punto fuerte que afecta a absolutamente todos los habitantes de este planeta y puede ser alterada tras los incendios. No se trata de un humillo lejano, sino de la pureza del aire que respiraremos absolutamente todos, no solo cristianos.

Entre el 10 y el 20 porciento del CO2 de la atmósfera es filtrado por este pulmón sudamericano.

Los porcientos de humedad atmosférica y precipitaciones, enfriar la tierra y evitar su erosión, así como la purificación del agua y recarga de aguas subterráneas, con la reserva de cerca del 20 porciento del agua dulce del mundo, son todos responsabilidades de la Amazonía que podrían desestabilizarse tras apagarse las llamas actuales.

Imagen tomada de RCN

  • Otro punto fuerte es la enorme biodiversidad que alberga el bosque tropical amazónico. Se estima que cada tres días se descubre una nueva especie en esta maravilla de la creación que es la Amazonía. Y en total, son 6 000 especies animales y 40 000 de plantas. O sea, si alguien quiere chequear la originalidad de Dios al crear animales, pásese un ratico por la Amazonía.

Alberga el 40 porciento de la selva tropical en el mundo, el 25 porciento de su biodiversidad terrestre y es el sistema fluvial con mayor cantidad de especies de peces.

Aunque hay mucho más por decir, con estos breves datos esperamos haberte impactado lo suficiente para incluir cinco minutos, en tus oraciones de la noche, un ruego por los miles de vidas, humanas y animales que se están perdiendo en los focos de fuego de la selva hace casi un mes.

De paso, es un perfecto ejemplo para reflexionar sobre todo lo bueno que sería, definitivamente, un gobierno de Dios. Caminemos como hijos suyos en lo que nos queda de este gobierno humano y sus muchos desastres y dolores.

Tomada de DW

Tomada de La República

Tomada de El Universal

Tomada de BBC