Uno hace diferencia entre día y día; otro juzga iguales todos los días. Cada uno esté plenamente convencido en su propia mente. El que hace caso del día, lo hace para el Señor; y el que no hace caso del día, para el Señor no lo hace. Romanos 14:5-6

Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres; sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia,porque a Cristo el Señor servís. Mas el que hace injusticia, recibirá la injusticia que hiciere, porque no hay acepción de personas.Colosenses 3:23

Día del amorEn la sociedad a través de los siglos, las fechas conmemorativas siempre han tenido celebridad, y muy poco cuestionamiento a la hora de festejar. En la iglesia no ha sido diferente; en lo concerniente a las que guardan relación con la tradición cristiana, la costumbre social o familiar; ya sean una o la otra, han sido de júbilo tanto en las comunidades sociales como cristianas.

En los últimos años, no ha sido así el caso en relación a varias de las celebraciones que los cristianos por épocas han conmemorado, y no es sólo en las fechas que guardan una analogía con la tradición cristiana, sino, que se han añadido algunas, que son de índole “social” y aunque no guardan una relación directa con la fe cristiana no son consideradas profanas e indignas para que la iglesia no las celebre, o las continúe celebrando, aunque consideramos que no debemos celebrar cualquier fiesta en nuestras iglesias.

Los argumentos que se han expuesto para tales exclusiones, apoyan algunos de sus fundamentos en el origen de las mismas, en la mayoría de los casos, o en específico al caso que tratamos hoy: “El día del Amor, o de los enamorados”. Lo cierto es, que por la separación que el tiempo a puesto de una fuente fidedigna, y poder conocer con plena certeza todos los detalles de la aparición de tal celebración, nos volcamos de inmediato a especular y responder con posturas inapropiadas que afectan más el testimonio de la iglesia, que lo que realmente pudiera limpiarlo.

No pretendemos detallar la historia del surgimiento del llamado “Día de San Valentín”[1], que la gran mayoría conocemos, para tratar de escudarnos tras una acción justa y digna de imitar, que para muchos, se apoca por el mero hecho de cabalgar sobre el valor y el justo juicio de un monje católico, ¡Lo admiro!, y admiro su valor,y Dios quiera que siempre tengamos actitudes como estas, que representen defensa de nuestros principios, y hagan respetar lo establecido por Dios, aún en medio de tiempos ruidosos donde muchos“Claudio II” se levantan para establecer estatutos en contra de la ley divina como es el matrimonio; y nosotros, ya no monjes, sino “verdaderos cristianos”, callamos cobardemente, sin tener ninguna razón para hacerlo.

Lo cierto de todo esto es que la diferencia de opinión, que ha existido siempre y existirá mientras el hombre no entre en la perfección final, nos va a ser muy difícil terminarla, aun dentro de la iglesia, pero, tengamos cuidado en tres puntos:

El primero, en desarrollar cualquier actividad sin estar convencido de que es en fe para agradar a Dios, el segundo, censurar sin estar seguro de que Dios aprueba o no, lo que otros están haciendo, y si Dios los ha reconocido, ¿te atreves a desconocerlos? Y el tercero, estar perturbando al cuerpo de Cristo con discordias verbales, por falta de fundamento, que de nada aprovechan, despojandoa Dios de su lugar para juzgar los pensamientos, sentimientos y decisiones de nuestros hermanos.

Consideremos que no sólo nuestras conciencias aprueben lo que hacemos, sino que Dios también lo haga, si hemos logrado tal cosa,¡Adelante!, sólo cuidémonos de actuar contra nuestras conciencias y Dios. Por lo demás, que la equidad, el justo juicio, el sentido común, y la armonía, reinen entre nosotros, como iglesia que representa al cuerpo de Cristo, y que todo lo que hagamos sea de palabra o de hecho, lo hagamos como para el Señor y no para los hombres, considerando que de Él recibiremos la recompensa debida a nuestras actitudes, y que sea éste el motor que impulse nuestras vidas para servirle en todo lo que hagamos o dejemos de hacer para su gloria.

[1]Esta historia está al alcance en uno de los ejemplares de la Colección “El tesoro de la Juventud”, o en la Enciclopedia digital “Kiwi”. “Día de San Valentín”

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