(Continuemos con le reflexión sobre el poder de la oración ante Dios que habíamos comenzado la pasada semana).

También, debemos orar por nuestro gozo. Si lo analizamos, nos damos cuenta de que todo lo que Jesús enseñó tenía la manifiesta intención de librarnos de todas aquellas cosas que matan el gozo en nuestras vidas y la vuelven miserable.  Para de esta forma llenarnos con el único gozo verdadero: el gozo que proviene de Dios:

Pero ahora voy a ti; y hablo esto en el mundo, para que tengan mi gozo cumplidos en sí mismos (Jn 17:13).

Una de las enseñanzas más penetrantes para nuestro gozo fue la enseñanza sobre la necesidad de orar y no desmayar. Lo declara de forma explícita:

Hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre; pedid, y recibiréis, para que vuestro gozo sea cumplido (Jn 16:24).

Lo más maravilloso sobre la enseñanza de la oración, tal y como Jesús la demanda, es que está perfectamente diseñada para asegurar que Dios sea glorificado y al mismo tiempo nuestro gozo cumplido. No se trata de una deidad enojada que quiere satisfacer sus deseos mezquinamente, se trata de un Padre amoroso que desea ver el gozo cumplido en sus hijos a través de él siendo el objeto de sus deleites.

Ahora, ¿Cómo debemos orar? Debemos orar con naturalidad y simplicidad. ¿Por qué? Cuando observamos la disposición de Dios a respondernos y su perfecto conocimiento de todo lo que necesitamos tenemos que ser claros y sencillos en nuestra fraseología y no caer en vanas repeticiones como los gentiles que pensaban que por su palabrería y solicitudes contractuales sus deidades le escucharían. No debe ser así con nosotros. Debemos ser sencillos porque Dios lo sabe todo y lo controla todo.

También,  debemos orar con perseverancia. En nuestro texto Jesús es bien explicito cuando dice que debemos orar sin desmayar, debemos ser perseverantes en la oración. Le perseverancia en la oración no tiene nada que ver con la idea de “romper la resistencia de Dios”, esa es una falsa concepción que muchos creyentes tienen, sino mas bien, en descubrir, por medio de ser pacientes en la oración, la gran sabiduría de Dios en la manera y en el tiempo de contestar la oración. El simplemente sabe muchísimo mejor que nosotros cómo y cuándo deber ser respondida la oración. Es por eso, que la perseverancia en la oración muestra nuestra confianza y esperanza en que él responderá de la mejor forma y en el tiempo adecuado nuestras plegarias.

Otro ingrediente que no debe faltar en nuestras oraciones es la fe. Debemos orar con fe. Jesús dijo:

Por tanto, os digo que todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá (Mr 11:24).

Aunque algunos utilizan este pasaje para promover la filosofía pagana del positivismo ─proveniente de la Nueva Era y muy popular en los círculos apostólicos─ que plantea que debemos visualizar las cosas que queremos y confesarlo ─ser positivos─ y estas se volverán realidad. Lo cual es una filosofía diabólica que nos dice que debemos tener fe en nuestra fe.  Jesús, sin embargo, nos dice todo lo contrario:

Tened fe en Dios (Mr 11:22).

Tenemos que orar con fe, pero no fe en nosotros y nuestros deseos, sino en Dios y en el cumplimiento de su perfecta voluntad. Existe una especie de filtro por donde nuestras oraciones tienen que pasar para saber si están ordenadas por la voluntad de Dios:

Si permanecéis en mi, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queráis, y os será hecho (Jn 15:7).

Esto nos lleva a preguntarnos: ¿está la palabra de Dios moldeando nuestra mente y corazón para que podamos orar conforme a la voluntad de Dios revelada en las Escrituras?

Contrario a la teología errática de muchos hoy día, orar con fe no significa tener seguridad absoluta de que las cosas pasarán tal y como la estamos pensando o declarando (eso es una falacia que deifica al hombre al enseñarle que sus palabras son ordenes para Dios, haciéndole superior a Dios). Lo que si significa orar con fe, y esto es siempre, es saber que por causa de Jesucristo  ─su obra intercesora por nosotros─ Dios nos escucha y hará las cosas de la manera   que mejor le parezca, lo cual consecuentemente será lo mejor para nuestras vidas.

Es necesario que oremos sin desmayar. Pero es necesario también que tengamos una visión bíblica de la oración. La oración del Padre Nuestro nos muestra la sorprendente naturaleza y esencia de la oración. Nos acercamos a Dios como hijos confiados que dependen de su Padre amado y no como meros individuos en una relación contractual caracterizada por el miedo con una determinada deidad. Se pone en primer lugar que el nombre de Dios (lo que él es) sea glorificado, que su reino avance y triunfe y que se haga su voluntad en la tierra de la misma forma que se hace en los cielos. Dios usará nuestras oraciones para cumplir sus propósitos soberanos y universales.

Querido hermano, la oración no solo es un deber del hombre sino también un regalo de Dios. Jesús despierta en cada uno de sus seguidores el espíritu de oración para que pidamos por todo aquello  que es necesario para que Dios cumpla sus propósitos eternos en nosotros y en este mundo en general.

Dios te bendiga.