Hace poco hablábamos sobre esa actitud victimista que muchas veces hemos asumido, en la que vivimos durante mucho tiempo pidiéndole a Dios cosas que ya Él nos dio, simplemente porque tememos salir de la zona de confort y asumirlas.

Pedir ser limpio, sin convencerse de haberlo sido; pedir ser renovado sin levantarse a vivir esa renovación y rendir frutos, esa actitud que nos hace perder meses, e incluso años del tiempo que no nos pertenece, y que podría estarse usando en acciones de gracia, en frutos vivos y efervescentes para disfrutar el camino que nos ha regelado el Padre en pleno gozo.

Pero es fácil criticar, es cierto, sin generar las ideas para solucionar.

Esas, una vez más, ya las dio Cristo. Basta apenas con saber apropiarnos de ellas, y asumirlas en hechos.

La apropiación de tu Redención

Uno puede estar toda la vida confesando a Cristo, hablando de Él, asistiendo a una Iglesia de sana doctrina, congregándose, e incluso sirviendo en algún área, o ser hasta eso que mal llaman “cristiano de cuna”, y no acabar de vivir el evangelio.

De hecho, es un fenómeno muy antiguo, probablemente del que Dios hablaba cuando reclamaba:  “Este pueblo de labios me honraMas su corazón está lejos de mí. Pues en vano me honran, enseñando como doctrinas, mandamientos de hombres.” (Mat.15:8-9).

Honrar de labios solamente puede abarcar un amplio espectro desde la apostasía, es cierto. Pero hay modos más sutiles y evidentes de quedarse en el nominalismo y no vivir a Dios, como esa tibieza de la que conversamos ahora, casi imperceptible.

Llámese como le llame, fe activa, proclamación, renovación de votos… o como prefiera usted, la solución es una: apropiarse decisivamente de la redención que Dios pagó por usted.

La Redención fue gratuitamente ofrecida a nosotros, es cierto. Pero viene a funcionar siempre como uno de esos paquetes de datos telefónicos que te notifican “se hará efectivo a partir del primer uso”. O sea, la parte que nos sigue tocando una y otra vez como mayordomos es la de apropiarnos en fe de cada bendición que obtuvimos en la cruz, y eso, claro, asumiendo nuestra muerte carnal en ella.

Que el Espíritu se mueva en ti y en mi no depende más de pedírselo a Dios. Aunque quieras hacerlo en un momento especial. Ahora se trata de aceptarlo como regalo y atreverte a caminar en Él. Y eso, más que un ruego angustioso, requiere de una actitud de valor, para salir de la comodidad del victimismo.

No, no lo decimos nosotros. “Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan.” (Mat 11:12 RVC)

Por qué Dios habría de sugerirnos cada vez que usemos la fe. Como en cada uno de los momentos en que realizó un milagro, sigue dependiendo también de nuestra valentía al arriesgarnos a confiar en su verdad.

Puedes seguir victimizándote en una circunstancia toda la vida. robándole el tiempo comprado al Señor, sin rendir frutos en gozo. Ningún gran predicador ni la mejor iglesia pueden cambiar eso para ti. Solamente levantarte un día y decidir caminar en Cristo lo hará.

Para ello, es necesario renunciar a la comodidad de la carne, a lo conocido con su aparente tranquilidad. Pero si recordamos en lapalabra que esa aparente paz es solo inacción que pudre, entenderemos que realmente, es cuestión de solo dos opciones. Y el tiempo, al final, es de Dios. Seguiremos endeudados de caminar una vida santa y haciendo a Dios esperar porque preferimos sser víctimas de lo que nos rodea antes de apropiarnos de nuestra santidad?

El diarismo del evangelio

Una segunda parte de esa solución es muy relevante para nuestra vida: la naturaleza temporal de nuestras decisiones.

Si el Señor implementó la Santa Cena como un ritual para renovar votos, e insistió tantas veces en la Palabra en la importancia de la jornada de un día, o en periodos de cuarenta días, eso no es en vano. Se trata de la natuiraleza temporal de nuestras decisiones y emociones, parte de nuestra carnalidad, que siempre llevaremos.

Esa temporalidad, dominada por el Espíritu, es puesta en orden por las decisiones renovadas: Usted y yo podemos haber decidido ser hijos de Dios hace dos años, y no estarlo siendo hace uno. Por ejemplo. Aún cuando hace todo, o casi todo, de la misma manera.

Si en su interior usted dejó de buscar la comunión, y no está viviendo esa redención en frutos espirituales, ni se apropia de ella cada mañana, desgraciadamente, las plantas son más salvas y santas que nosotros.

Como método personal suelo asumir momentos de alto en el año. Marcados incluso en mi calendario.

En los meses de abril, agosto, y luego en diciembre, tomo vacaciones o busco cómo reducir mi agenda. Y vuelvo a sentarme arevisar cada área de mi vida, mis resultados, a ver si realmente estoy siendo la mayordoma fiel que Dios busca. Relación con Dios, compañerismo y relaciones, aprendizaje, servicio, profesionalidad, economía… cada campo de mi vida comprada por su dueño pasa por la lupa con brutal honestidad, como aconseja John Maxwell. Y el propósito es no quedarse con pendientes: disponer todo lo que ha quedado sin funcionar en el Espíritu y tomar la decisión, con fecha, hora y espacio en la agenda, para echarlo a andar en su nombre. Para arriesgar se a creer que eso está en manos de Dios y actuar más allá del ruego.

Además, es bueno felicitarse por los logros también, y glorificar a Dios por ello. Pero esa periodicidad de los votos es primordial para mantenerme siendo en efecto redimida y fructífera en Cristo. Y he descubierto meses enteros en los que simplemente, en la práctica, no he sido cristiana, aunque siga congregada y hablando y haciendo casi lo mismo.

De no haber tomado la decisión una y otra vez, me habría secado y salido del Espíritu sin remedio. Es absurdo admitir que por una sola decisión lejana en el pasado continuamos en comunión. Sí, la Redención fue ganada para nosotros, pero apropiarse cada periodo de ella y dejar en la cruz la carne, requiere hacerlo cada vez, en fe.

Entonces nuestra exhortación a Apropiarte de la Redención, salir de la zona de victimización, vivir el evangelio de veras, y descubrir lo hermoso y gozoso que es caminar en Cristo de verdad, no puede llegarte sin las palabras de tu Señor, mejores ningunas. A qué esperas? No hay nada en esa tibieza que te leve a la vida, es solo una ilusión:

“Por lo cual dice: Despiértate, tú que duermes, Y levántate de los muertos,Y te alumbrará Cristo.” (Ef.5:4 RVC)