Compartía una foto de su boda. En la imagen, un hombre de elegante traje sonreía junto a una mujer que lucía eufórica de alegría. El vestido hermoso, los ambientes festivos… si no hubiera leído el post con el que acompañaba su imagn no hubiera entendido lo que aquella foto tenía detrás.

(…)« Me dijo que era cristiano y que amaba al Señor, y nos casamos. Hace dos semanas se fue, y creo que perdí también mis ahorros. No lo he vuelto a ver».

La historia recibía más y más comentarios. Nunca supe si era cierta o no. Pero el racimo de respuestas, críticas, consejos, burlas y hasta recriminaciones debajo de la imagen desataban todo tipo de reacciones en mí.

¿Puede ser este caso real? ¿Cómo podría alguien ser tan ingenua? ¿Qué nivel de confianza puede lograrse con alguien que se contacta mediante un grupo en facebook? ¿La suficiente para casarse? ¿Dónde está la guianza de Dios en todo esto?…

Se trata del extraño fenómeno de los grupos «cristianos» en Facebook, donde se halla básicamente «de todo».

Como editora de un pequeño medio cristiano, nuestro deseo en el equipo iba por comenzar a ser edificantes para las comunidades de seguidores de Cristo desde el mundo de internet. Así que el paso de insertarse, conocer, intercambiar y compartir en estos grupos, que supuestamente representan a esa comunidad cristiana virtual, era elemental.

Pero en lugar de hallar un grupo en que los valores de Cristo se mostraran en los modos y temas, lo que hallé fue, sin rodeos, una selva de mensajes supersticiosos sobre cómo repetir una oración te traería dinero, con una mezcla de imágenes de personas en estados bastante precarios pidiendo oración de un modo bastante artificioso, y lo peor de todo, largas, interminables filas de comentarios de disputas sobre lo que se puede o no hacer, o sobre la doctrina correcta o incorrecta.

Una vez que te insertas en uno de estos grupos, las tentaciones a discutir por temas doctrinales, aconsejar durante horas sobre lo «correcto», y a debatir con ateos destructiva e irrespetuosamente es atroz. Eso sin contar el espíritu de fariseísmo y santurronería que sigue más un fanatismo hueco por reglas y correcciones que por los frutos del amor de Dios.

El poder de incitación que ejerce el ver una respuesta tras otra alimenta la vanidad de querer poner la respuesta final y definitiva a un debate, de «iluminar» a otros.

Pero al mismo tiempo, las reacciones emocionales son instantáneas. Enojo, ira, frustración cuando el otro no comprende, ansiedad por probar tu punto ante el grupo que discute, desprecio por quienes hablan desde una posición destructiva o necia, falsa superioridad,… De repente, en apenas unos minutos, te hallas haciendo y diciendo cosas que no reflejan a Cristo.

Y ahí descubres un punto importante, crucial, de la carnalidad de los cristianos emocionales y de los grupos virtuales: el anonimato parcial o aparente de la virtualidad es muy peligroso para sacar a flor frutos de la carne. La apariencia de que es menos serio si dices algo en Facebook, te puede conducir a la perdición en un segundo.

Pero lo que realmente sustenta ese hervidero de suciedad que terminan por generarse en estos grupos es la carnalidad. Reflexionando sobre ello me acordé de Pablo y su larga explicación sobre los cristianos carnales y emocionales. Y luego, recordé el libro en que el teólogo Watchmann Nee abunda sobre el tema, El hombre espiritual.

Los frutos de la carne

Nee explicaba, como Pablo, en la palabra de Dios, que los cristianos carnales son aquellos que solo han aceptado una parte de la cruz, la salvación. Por otro lado, no han aceptado la parte de la cruz que lleva a la santidad: la muerte de la carne, o sea, de las emociones, pensamientos y decisiones que no son guiados por el espíritu de Dios.

De esta manera, un cristiano carnal cree en un Salvador, que llevó por él sus pecados, pero no vive la segunda parte de esa crucifixión, que es la que puso en él el espíritu para que guiara cada acción del día por encima de su yo.

Entre las razones por las que la palabra y el teólogo mencionado sitúan al centro de la carnalidad se halla la poca voluntad para esforzarse en vivir esa verdad cada día; el desconocimiento, y el poco tiempo en Cristo, que implica también desconocimiento, poca experiencia.

Sea cual sea la razón que esté tras el comportamiento en estos grupos, lo cierto parece ser que la carnalidad es la base de los conflictos que se generan una y otra vez como huracanes. Sin restar que en los grupos, la invisibilidad de la verdadera identidad genera que personas destructivas y ajenas a la fe se integren bajo falsas pretenciones tan solo para burlarse y tratar de imponer valores contrarios a la fe.

Ante esa realidad, al seguidor de Cristo un poco más maduro le llegará la decisión de orar para saber si tiene la estatura y el llamado de servir a la edificación en esas comunidades, o si, por otra parte, Dios le indica que es un círculo hipócrita o riesgoso, que deberá evitar.

Lo que sí no parece ser una salida útil es, ni demonizar a los medios virtuales por esto, alejando la responsabilidad real de nosotros; ni caer en el juego de los grupos llenos de discusiones banales que nos alejan del espíritu y sus frutos.

Pareciera que la comunión real entre hermanos conocidos siga siendo acaso más aconsejable que buscar apoyo en estos grupos semianónimos, donde por momentos pareciera que estuviéramos en un callejón oscuro de Corintos.

Aunque todas esas preguntas reclamarían un profundo nivel de debate, que iría desde verdades bíblicas hasta fundamentos de la comunicación y las sociedades virtuales, tal vez comentarlo pueda invitar a futuras reflexiones y búsquedas.

Por ahora, regresemos a la fuente que siempre es confiable, el consejo de Dios:

Romanos 8:6-11

6 Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz.

Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden;

y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios.

Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él.

10 Pero si Cristo está en vosotros, el cuerpo en verdad está muerto a causa del pecado, mas el espíritu vive a causa de la justicia.

11 Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros.