La historia de dos misioneros, un tren, Dios, y un pueblo llamado Simpatía (+Fotos)

General La historia de dos misioneros, un tren, Dios, y un pueblo llamado Simpatía (+Fotos)

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A mí a veces me habla mucha gente desconocida por teléfono. Me dejan mensajes de audio y todo, desde la primera vez que me escriben. Es un poquito raro para otros tal vez. Pero a mí me agrada, porque sé que lo hacen porque han visto nuestras publicaciones, y es lógico y cálido que quieran contactar, que algo que dijimos les haya motivado a llamarnos o a contarnos su historia.

Pero yo dejo los mensajes ahí un tiempo como para costumbrarme a su presencia. Y los abro cuando creo que mi psiquis está lista. La mayoría de las veces son cosas corrientes, pero una vez cada tanto, cuando abro los textos o audios, me encuentro con un pequeño tesoro que me conmueve tanto, que me arrepiento de no haberlo atendido antes.

Así me pasó con los audios de Aleyda Gelis.

Cuando los abrí, la suavidad de su voz me transportó a una especie de plano diferente. Es esa calma que transmiten las voces de la gente cuyo corazón es sencillo. Voces afelpadas, como el tono que le ponemos al recuerdo de nuestras madres cundo éramos pequeños, ese tipo de calidez.

Pero Aleyda tenía mucha historia detrás de su voz de seda y de su imagen de jovencita. Había mucho Dios en su corazón.


Aleyda me envió todos sus audios de un tirón porque el pueblo donde sirve como misionera junto a su esposo sufre por estos días de largos apagones, como el resto del país, y su relato podía cortarse en cualquier momento.


"Ahora estamos sin corriente, y antes de que se me apague el teléfono le contaré de nuestro Ministerio", es lo primero que me cuenta la voz suave. Me acuerdo que para las provincias el tema de los apagones es asfixiante. A veces pueden estar doce horas sin electricidad, y me imagino que en espacios rurales eso debe ser totalmente desesperante.

"El Señor nos había hablado a mí y a mi esposo, y solo esperábamos la confirmación de a qué lugar nos iba a enviar"... Me cuenta de su deseo por ser misioneros, esa labor de llevar el Evangelio como una mochila de luz a los lugares donde la vida es más agreste, y oscura.

"Nosotros recibimos la confirmación en un tren"... me cuenta.

En ese segundo pausé el audio, y fui a atrás de nuevo. ¿Ella dijo en un tren?

Y sí, fue lo que dijo. Me voy a acomodar en el sofá para escuchar esto con más atención. Ya se lo ha ganado. Cierro todas las aplicaciones, me arrellano, y me dedico solo a escuchar la voz afelpada del otro lado de la pantalla. Esto será interesante.

II

"Era un tren no muy cómodo, y yo no quería estar ahí", me confiesa la voz. Miro a la fotico pequeñita de su contacto de Whatsapp, es una muchacha joven, sí, confirmo. E igual de joven su esposo, que también está en la fotico pequeñita. "En ese tren conocimos a un pastor y ese pastor nos profetizó acerca del lugar a donde íbamos a ser misioneros".

En este punto yo rebobino de nuevo. Miro entre las fotos que me ha enviado si alguna es de un tren, pero hallo que no. Qué lástima, pienso con mente editorial, ese sería un detalle muy pintoresco.

"Fue como dice mi esposo, como un trueno", sigue Aleyda. ¿Como un trueno? Vaya con otro detalle que me gusta.

"Todo sucedió después tal cual ese varón de Dios, que se llama Daniel, lo profetizó ese día. Ya Dios lo tenía diseñado".

Cuando a uno le dicen que ya Dios "tenía diseñado algo", por lo general la gente se refiere a alguna sorpresa económica, algún pequeño lujo obtenido, o una promoción, cuando uno oye en las iglesias que Dios lo tenía diseñado, casi siempre viene de alguien contando un testimonio, y en esa parte donde todo se arregla y recobra la paz y la comodidad... pero eso no es a lo que se refería Aleyda.

Lo  que Dios les había encomendado por medio de una profecía dada en tren rural en marcha, y por boca de un pastor llamado nada menos que Daniel (¿soy yo sola la que ve todos esos detalles literarios?) era precisamente ir a servirle de misioneros a un pueblito carbonero entre los campos de Cienfuegos, llamado, nada menos que Simpatía.

Hasta aquí ya tengo mucho que procesar. Voy a necesitar dar una vuelta y comer algo. Me pongo las chancletas para prepararme un pan con alguna cosa, y me llevo el cel conmigo. Sigo pensando. Iris, realmente Dios es el mismo que escribió la Biblia, y sigue siendo totalmente original cuando hace algo, me digo.

Me sonrío sola. ¿Un tren, Señor, un pastor que se llama Daniel, y el pueblo, Simpatía? Jajaja, !te la comiste!

Me trago el pan y me río sola. Si alguien me ve en ese momento pensará que estoy loca. Y seguro eso pensará la gente de este par de chicos metidos en un monte llamado Simpatía donde casi nadie es realmente simpático.

III

Aleyda y su esposo Yendry Rodríguez se sintieron elegidos por Cristo para la causa de Simpatía. A pesar de que vivían en Villa Clara, y en Simpatía nada precisamente resultaba acogedor.

Un pueblo rural en medio de la nada, con unos 900 habitantes, con economía vulnerable basada en el carbón, cero fuentes de empleo, afición por el alcohol, la marginalidad y la idolatría de religiones afrocubanas no es precisamente mi idea de un sitio para comenzar un matrimonio. Pero doy gracias a Dios porque Aleyda y Yendry no se parecen en nada a mí.

Le doy play al próximo audio esperando alguna quejita, al menos pequeña, pero en cambio, Aleyda me cuenta que tan solo llevan seis meses en esta misión, y que sus niños son los mejores evangelistas, porque han invitado a otros niños y a adultos a la pequeña congregación que fundaron en Simpatía.

Me pregunto qué membresía tendrá la congregación, para semejante entusiasmo, y me despeja las dudas: Cinco personas.

Por cinco almas, Aleyda y Yendry se sienten motivados por el trabajo vivido en seis meses de adaptarse a un sitio que los llevó muy lejos de casa.


Así luce en un culto regular la membresía recién nacida de esta misión, que nos parece gigante, porque en los ojos de Dios cada alma es un tesoro enorme.


De hecho, me cuenta, que primero viajaban semanalmente a Simpatía en tren, desde Villa Clara a Cienfuegos a llevar el mensaje de Salvación a los lugareños de Simpatía. "En un día pisamos como cinco municipios", se ríe.

A mí me sigue asombrando su historia. "Pero el Señor siempre fiel, nos garantizaba el transporte. Nosotros mismos transportamos de la mudanza las cosas que podíamos llevar encima" cuenta.

"Margot e Irma son las dos ancianas que asisten al templo regularmente. Pero hay otros tres miembros que visitamos los jueves y allá damos el tiempo, porque son ancianos de más de ochenta años y su hija que es su cuidadora no puede dejarlos para venir al templo.

"Nosotros damos el culto para ellos en su casa todas las semanas.

"Además están los niños. Y hay una persona, el hermano de una de las hermanas, que nos visita también.



Yendry y Aleyda deben visitar a tres de las personas que aceptaron al Señor en su casa, porque dos son ancianos y su hija es su cuidadora.


Los niños que ha ganado la misión Cristo, Pan de vida.


"Hasta ahora ese es el fruto que ha dado el Señor en este lugar. Y seguimos trabajando, me cuenta.

¿Al menos la gente será receptiva allí? Me pregunto. Cuando doy play alotro audio, pareciera que me ha escuchado preguntar.

"Esta población es muy apática, idólatra y son muy burladores, pero seguimos trabajando y el Espíritu Santo está haciendo la obra, y Él es quien ha añadido.

¿Y de qué viven?, ¿Con dos niños?... Pienso secamente.

"No tenemos sustento económico. Vivimos de lo que Dios nos da. Él ha sido y es fiel.", me responde su relato.

Hasta aquí ya estoy maravillada de la inmensa labor de este matrimonio joven.

Pienso,  tras pausar este audio, en los miles de jóvenes que están desgastándose por tomar un avión con cualquier rumbo, incluídos chicos  cristianos, presionando a sus padres a vender sus poquitas propiedades para huir a circunstancias más holgadas, buscando una "mejor vida", y los comprendo a todos, empatizo, pero este par de muchachos enamorados de Dios se me agiganta.

Tomo un poco de agua y regreso a mi asiento. Supongo que ya tengo en la mente la mayor parte de la historia. Ya nada me debe asombrar más. Repaso cómo empezar este breve artículo. "Historia del tren", apunto en un papel.

IV

Le doy play al próximo audio, y la voz de Aleyda me sigue retando a creer que Dios es más siempre, nunca menos:

"Aun sí no teniendo sustento, hemos tenido la idea de fundar un ministerio de ayuda, que ya lo fundamos"... Doy pausa de nuevo. ¿Yo escuché bien?

"Va avanzando poco a poco porque también es nuevecito. Es para ayudar a los hermanos necesitados de la iglesia"... Ahhh, ya, ok, como son solo cinco, bueno, tal vez de la ofrenda se ayudan entre sí, pienso. Doy play de nuevo, para sentirme aun más tonta: "y también a personas no creyentes que están necesitados. Y a pastores y misioneros como nosotros, que no tienen sustento pero aun dieron el sí para cumplir con la gran comisión".

¿Cómo piensan esta buena gente en ayudar a otros, incluídos no creyentes... Mi mente está presionada a subir a esa dimensión de fe bíblica donde realmente se trata de creer que Dios hará algo improbable. Acepto el reto. Sigo escuchando.

"Y bueno. Seguimos trabajando. Ahora le enviaré fotos de lo que es nuestra misión", concluye la voz suave de Aleyda, con ese tono de entusiasmo que uno ya encuentra solo en los niños.

En un mensaje escrito aparte, Aleyda me confiesa, "es una misión pequeña, no ha tenido muchos frutos".

En este punto no estoy de acuerdo ya con ella.

Aleyda, ustedes han tenido demasiados frutos.

 Me viene a la mente la historia de aquella viuda que echó tan solo una pequeña monedita en la ofrenda, mientras los religiosos de su época echaban grandes sumas.

Jesús se paró a un lado y observó. Llamó a sus discípulos y les preguntó, "¿Quién ha dado más?", y emocionado en su corazón les respondió, seguramente tan emocionada como yo cuando veo estas sencillas fotos. La viuda ha dado más, porque ha dado todo lo que tenía.

Así también estos dos muchachos de Dios, que han cambiado por completo sus vidas, sin garantía de nada, yendo a un pueblo cundido de desesperanza, para sembrar allí en medio, en lo alto, una luz, han dado demasiado fruto. Alyeda. Créelo. Más fruto que los que hay muchas veces en sitios llenos de gente. Porque lo han dado todo. Todo lo que tenían.

Por eso sé que cuando le pregunte de nuevo, me responderá con el mismo entusiasmo que Dios ha hecho maravillas en Simpatía.

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Comentarios

  • Omar

    Wooo que historia mas bonita mi Dios esta escapao Aleida sabe porque lo digo y ella por su modestia seguro no conto muchas cosas que Dios a hecho en la vida de ellos . Las promesas de Dios siempre se cumplen hermana Dios es maravilloso y si los escojio a ustedes es porque simpatia sera para jesus de eso estoy seguro . DIOS me los bendiga mucho màs . Yunia y omar

    hace 2 semanas ·
  • Michel Rafael Cárdenas Fernández

    Agradesco a Dios por la vida de éstos jóvenes. Quienes salieron de nuestra congregación,con la pasión y el deceo de servir a Dios. Por mucho tiempo estuvieron orando e investigado por la labor misionera. Dios me los bendiga mucho. Mentor de misiones . Michel Rafael Cárdenas Fernández.

    hace 2 semanas ·
  • María Irene Coria Benítez

    Es una novela de amor puro hacia Dios 🙏 ,algo que me maravilla de Aleida e Yendri a lo cual sueño un día conoceros personalmente ,son mis hermanos y los amo !! Bendigo el día que conocí a Mimi ❤️ como le digo ,siempre pido por ellos ,especialmente por toda Cuba añoro conocer esos pueblitos agrestes , debo confesar que admiro profundamente esa fe inquebrantable que tienen y agradecida porque los dos han sido mi contención en momentos difíciles emocionalmente , los admiro no tengo palabras para describir a estos seres tan maravillosos ,Dios los bendiga siempre ....

    hace 2 semanas ·