José Benítez tiene un nombre muy común. Y un apellido muy común. Su rostro es el de cualquier mexicano, y cuando habla de su amor por Dios, según lo que he leído sobre él, suena como cualquier cristiano. Pero como dice el pasaje bíblico, son los frutos los que lo distinguen definitivamente.

Con la ausencia de las dos extremidades inferiores y la ayuda de una carriola humildísima para moverse con más facilidad, este siervo no ha dudado en sembrar la primera iglesia de los territorios altos de náhualts en la zona conocida como Tequila, donde además de pastorear es parte de un ministerio que lleva a niños vulnerables artículos de necesidad como zapatos, en las llamadas «cajas de Navidad».

José Benítez sufrió la pérdida de sus extremidades por la polio, cuando era apenas un niño, y luego llegarían más sufrimientos de la mano del alcohol, ya de joven, según detalla La Gaceta cristiana. “Hace 42 años recibí a Jesús en mi corazón”, “Dios cambió mi vida”, cuenta hoy, lleno de amor por el ministerio de Operación Navidad.

El proyecto colecta cajas con juguetes, útiles escolares, artículos de higiene y libros con el mensaje del Evangelio. Luego las cajas son repartidas a niños en necesidad alrededor del mundo, abriendo una puerta para que puedan escuchar el mensaje de Dios.

La Laguna es el hogar de indígenas llamados Medicamentos, o pueblo Náhuatl, y hasta hace poco nunca habían oído acerca del Mensaje de Salvación del Evangelio. Fue la fe arrojada del Pastor José Benítez de la zona de Tequila, lo que transformó a los Náhuatl para siempre. El 22 de Octubre, la aldea inauguró su primer Iglesia en las montañas, y gran parte de ello fue gracias al rol de los niños evangelizados, que fueron ellos mismos evangelistas para sus familias.

Benítez arriesgó su vida en varias ocasiones para hacer viajes de seis horas dentro de la montaña, y así llevarle el mensaje del Evangelio a las tribus, cuenta el medio citado.

Después de años de trabajar y ver poco fruto, decidió llevar adelante el Proyecto de Operación Navidad, lo que resultó en casi cien niños entregando sus vidas a Jesús, y la expansión que llegó con ellos.

Cuando leemos historias de fe como estas, no nos queda más que rendir el corazón en adoración a un Dios que inspira de este modo, y activarnos para de nuevo, dejando cualquier pasado detrás, empezar a llevar fruto en el Espíritu allí donde estamos.