General Humilde servicio

0 0

Hubo también entre ellos una disputa sobre quién de ellos sería el mayor. Pero el les dijo: Los reyes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que sobre ellas tienen autoridad son llamados bienhechores; mas no así vosotros, sino sea el mayor entre vosotros como el más joven, y el que dirige, como el que sirve (Lc 22: 24-26).

  Uno de los conceptos que más ha tergiversado la caída mente humana es el de la humildad. El entenebrecido entendimiento humano ha violentado lo que la verdadera humildad es, de dos formas diferentes. En primer lugar, la ha lazado al suelo y la ha pisoteado. Vivimos en tiempos donde ser humilde es considerado casi un anatema. La humildad es vista como una falta de carácter grave. Una falta de ímpetu y sagacidad que impide lograr las cosas en un mundo altamente competitivo y donde ese necesario tener malicia y chispa para imponerse a los demás. ¿Y qué más podríamos esperar? Al vivir en una sociedad donde se nos enseña desde pequeños que la “diosa” selección natural garantiza la supervivencia del más apto y destruye al más débil. Ese es el camino que hemos venido recorriendo tras millones de años de evolución ciega y gradual ─según la evolución darwiniana. Por el otro lado, la humildad ha sido violentada al deformarse su significado verdadero. En nuestros días cuando se habla de humildad ─hablo en términos generales─ se relaciona con personas pobres que han podido alcanzar muy poco en esta vida. Vemos a una familia que vive en una casa maltrecha y con escasos recursos y decimos: “que gente más humilde”. Pero tal forma de pensar distorsiona la naturaleza de la verdadera humildad. El hecho de que alguien posea pocos recursos económicos y materiales no lo hace humilde automáticamente. La clave de la humildad es únicamente la ausencia de mérito como fuente de jactancia ─algo que traté en el artículo: Hazle guerra al orgullo─ y reconocer la presencia de la gracia de Dios obrando en nuestras vidas. La humildad no se muestra solamente cuando la persona dice: “soy un siervo inútil”, sino también cuando se es como un niño que descansa en los brazos de su padre sintiéndose confiado y seguro en las fuerzas de éste. Como hijos de Dios debemos reconocer ambas cosas: que somos siervos inútiles que solo hemos hecho aquello que es nuestro deber ─no hay lugar para la vanagloria─ y que debemos confiar completamente en nuestro Padre celestial. Jesús les enseñó a sus discípulos: Y dijo: De cierto os digo, que si no os volvéis y hacéis como niños, no entrareis en el reino de los cielos. Así que, cualquiera que se humille como este niño, ese es el  mayor en el reino de los cielos (Mt 18: 3-4). ¿De qué va esta comparación de que debemos ser como niños? ¿Qué quiso enseñar Jesús con esta analogía? ¿Acaso estaba promoviendo que los cristianos deben tener poco conocimiento y ser superficiales? Sin duda, esto último es lo que a nivel popular entienden muchos cristianos. Este grupo se oponen férreamente al conocimiento y a la superación teología alegando que la letra mata y que debemos ser como niños. Pero Jesús no está promoviendo que el verdadero creyente es aquel que tiene una mente superficial (como la de un niño) y se jacta de la ignorancia. La palabra clave para entender la enseñanza de esta comparación es: confianza. Sabemos que los niños tienen toda clase de defectos y fallas (no son ángeles como los pintamos). Pero en la generalidad de los casos, ellos confían absolutamente en sus padres para que cuiden de ellos. Los niños ─de manera general─ no se acuestan preocupados por la comida de mañana y cómo aparecerá. Ellos de forma automática confían en que mamá y papá les proveerán lo que ellos necesitan. Ellos se alegran de ser cuidados por sus padres. Claro está, Jesús no nos está llamando a ser improductivos ─laboralmente hablando─ e inmaduros como los niños. Esa no es la intención de la comparación. El punto es que no debemos amar el ser más inteligentes, más educados, más fuertes o más ricos que otros, o sea, no debemos deleitarnos en un sentimiento de superioridad. No debemos envidiar ni anhelar reconocimientos si el mundo no valora lo que hacemos en Cristo. No nos irritemos cuando nuestra humildad sea catalogada de tontería por los estándares mundanos. Cuando eso pase, confiemos en Jesús de la misma manera que un niño confía en sus padres. Debemos buscar nuestra seguridad, significado y gozo en nuestro Padre celestial. [caption id="attachment_5404" align="alignnone" width="300"] Foto: Tomada de Animales invertebrados[/caption] En más de una ocasión los discípulos de Jesús se encontraron discutiendo sobre quién sería el mayor entre ellos. Y Jesús en cada ocasión les enseñó lo mismo: Si alguno quiere ser el primero, será el postrero de todos, y el servidor de todos (Mr 9:35b). En otras palaras quiso decir a cada uno de ellos: si estás dispuesto a trabajar y felizmente servir a otros, entonces, serás el “primero”. ¿Qué significa servir? Veamos otro pasaje de las escrituras: Mas entre vosotros no será así, sino que él quiera hacerse grande entre en vosotros será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo; como el Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos (Mt 20: 26-28). En este pasaje Jesús relaciona su demanda de que sirvamos a otros con su propio servicio. Comprendemos entonces que servir es hacer cosas por amor, nunca considerándonos superiores a los demás en ningún sentido, ni con sentimientos de arrogancia. Aunque nos cueste hacerlas, deben ser hechas con el único objetivo de ser de beneficio tanto temporal como eterno a otros. Querido hermano, Jesús nunca para de servirnos. ¿No mueve esto tu corazón a servir a otros con humildad siguiendo el ejemplo de aquel que te amo y se entregó por ti y nunca ha dejado de servirte? Cuando Jesús dice repetidamente: Porque el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido (Mt 23:12; Lc 14:11, 18:14). Estaba levantando una advertencia contra el gran asesino del servicio sacrificial que se hace por el bien del otro: el orgullo entronizado en el ser de la persona. Y nos llama a abrazar la clave del servicio sacrificial: humilde dependencia de Cristo. En el fondo, la verdadera humildad es un regalo que esta fuera de nuestro alcance como algo que podemos lograr por nosotros mismos. Si fuera algo que pudiéramos alcanzar con nuestras fuerzas tendríamos todos los motivos del mundo para sentirnos orgullosos de ello. Pero la humildad consiste en ser el regalo de recibir todas las cosas como un regalo de Dios con una actitud de dependencia y agradecimiento. Y eso, es el resultado de la Gracia de Dios trabajando en el corazón de la persona. Dios te bendiga.     .                      

Comentarios

    No hay comentarios