Autor: Silas Martin Bollweg

Traductor: Andrés J. Quesada Cedeño.

Algunos de ustedes ya saben que soy alemán y que el pasado mes de enero celebré mi 50 cumpleaños  en Miami. La verdad es que tuve un gran y bendecido tiempo por allá y excelentes resultados en la predicación del evangelio en algunos lugares que visité mientras vacacionaba.

El 26 de enero una dama del equipo de seguridad del hotel en que estaba alojado se acercó a mí y me preguntó si había escuchado  sobre la muerte del afamado jugador de baloncesto, y estrella de los Ángeles Lakers por muchos años, Kobe Bryant. También me comentó que habían fallecido las personas que viajaban con él, incluyendo  una de sus hijas.

No sabía nada al respecto y fue ella quien me dio la primera información sobre ese trágico accidente. Tras pensar brevemente sobre lo ocurrido vino a mi mente un pensamiento tan claro como el agua cristalina: “nada está seguro en este mundo y la muerte puede arrebatar nuestras vidas en un segundo”. En ese momento compartí ese pensamiento con la dama y le entregué un pequeño libro sobre el evangelio.

La trágica y repentina muerte de Kobe Bryant nos recuerda que debemos estar preparados porque ese día vendrá sin excepción alguna para cada uno de nosotros. ¿Estaba Kobe Bryant preparado para presentarse delante de Dios? Quizás sí, quizás no. La verdad es que no lo sabemos con  absoluta certeza.

Quizás recibió a Jesús como Señor y Salvador y está en la gloria de Dios desde aquel día ─es una posibilidad, aunque remota. O quizás ahora está sufriendo la condenación eterna a pesar de todas las riquezas y “seguridad” que supuestamente estas le proporcionaban. Hay muchos que están preparados, ¿pero cuántas personas en este mundo no lo están para acudir a su cita con Dios?  

Hay un demasiado tarde, y si este brillante baloncestista únicamente se enfocó en la prosperidad, en la fama y gloria de los hombres en esta vida y no procuró reconciliarse con su creador, entonces su alma se ha perdido para siempre. Ya es demasiado tarde para él.

Jesús nos dice en Juan 3:36 de forma clara: “El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida sino que la ira de Dios está sobre él”. Y en Juan 14:6 afirma que: “nadie va al padre sino a través del Hijo”.

Ahora escucha lo que tengo que decirte sobre eso. La Biblia dice que después que la vida aquí termine habrá un día de juicio donde todos tendremos que comparecer delante de Dios para ser jusgados:

Y de manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio (He 9:27).

Aquellos que hemos recibido a Cristo en nuestros corazones como Señor y Salvador seremos librados de la condenación eterna  gracias a que Jesús tomó nuestro lugar en la cruz del calvario donde pagó  por nuestros pecados y transgresiones con su propia sangre. Su preciosa sangre nos limpia y nos libra del infierno.

El único hombre (Dios hecho hombre) sin pecado pagó por la humanidad pecadora para que podamos salir del juicio con sentencia favorable:

Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero  vivificado en espíritu (1 Pe 3:18).

Nosotros  sabemos que somos pecadores y que somos indignos de entrar a la presencia del Señor en los cielos en base a nuestra propia justicia. Sin embargo, a través del sacrificio de Cristo podemos ser perdonados y limpiados pero es nuestra elección el aceptarlo o rechazarlo.

¿Aceptaremos a Jesús como Señor y Salvador, con lo que eso implica, o preferiremos vivir la vida a nuestra manera rechazando así la única vía de salvación del infierno? ¿Si tenemos “mejores” cosas que hacer que buscar la comunión con nuestro creador que esperaremos, bendición o maldición?

Quiero hablarte de una historia real que muestra la importancia de acudir al llamado que Dios hace  los hombres a arrepentirse y volverse de sus malos caminos a Cristo mientras hay tiempo porque nadie sabe el día ni la hora en que partirá de este mundo.

En cierta ocasión, en un culto evangelístico después del mensaje el predicador hizo un llamado para aquellos que no conocían a Cristo. Muchos pasaron al frente en señal de arrepentimiento y de que entregaban sus vidas a Jesús, sin embargo, una joven lloraba pero no pasó al frente. El predicador al ver aquello se acercó a la joven y le preguntó si quería arrepentirse y entregar su vida a Cristo y ella respondió que quería hacerlo pero temía pues su novio era musulmán y le tenía mucho odio a Jesús y ella no quería perder a su novio.

Lamentablemente aquella joven abandonó el lugar sin reconciliarse con su creador. Unos quince minutos después de que las personas habían abandonado el templo algunos regresaron a donde el pastor para informarle que la joven que hacía solo unos minutos había rechazado aceptar a Jesús, porque no quería perder a su novio, había sido atropellada por un carro y había fallecido.  ¡Ella perdió el cielo 15 minutos antes de ir  la eternidad!

¡Es por esa razón que he escrito estas líneas para ti! No sabemos cuando nuestra última hora llegará, pero debemos estar bien con Dios a través del perdón de pecados que Cristo el Salvador nos ofrece si ponemos nuestra fe en la obra redentora de la cruz  haciéndonos hijos de Dios y poniéndonos en paz con Él (Jn 1:12). ¡Mi deseo es que ninguno de ustedes se pierda! ¡Piensa por favor! No termines como la muchacha. No pierdas la salvación por una relación o lo que sea. Que nada de este mundo te impida estar en los brazos de Jesús.

Hermano, asegúrate realmente de estar en Cristo. De haber sido salvado realmente por su sangre y no estar jugando a la religión como los escribas y fariseos hipócritas porque cuando el día llegue, y puede ser de repente como le pasó a este afamado deportista, si no lo estás entonces será demasiado tarde para ti.

Así que no pierdas tiempo y asegúrate de que Jesús no te diga las siguientes palabras ese día:

Y entonces les declararé: Nunca os conocí, apartaos de mí, hacedores de maldad (Mt 7:23).

Si, es aterrador, pero eso es precisamente lo que millones de personas escucharan ese día. Incluido muchos artistas de la religión ─ de hecho, en el contexto la sentencia está dirigida a personas que pretendían estar agradando a Dios con su religión─ que pasan todo su tiempo haciendo la “obra” de Dios en sus iglesias. Cuando en realidad no le conocen, ni la bendita sangre del Cordero está en los dinteles de sus vidas (Ex 12: 7, 12-13).

Ser “bueno” o ser “religioso” no son garantías de estar bien con Dios. Recordemos que fue la “élite” religiosa de esos días la que recibió duras palabras de crítica por parte de Jesús debido a su gran orgullo e hipocresía disfrazados de piedad y por ello terminaron crucificándolo.

No confíes en una iglesia, ni en un  pastor o denominación para tu salvación. ¡Solo Cristo salva! Sabemos que Dios ha establecido ministerios y dones para la edificación de la iglesia. Pero los pastores y líderes religiosos  solo serán de bendición para tu vida en la medida en que estén en comunión verdadera comunión con Dios y aun así son seres humanos que fallan y tienen debilidades.

Aunque Dios usa al hombre para edificación de su iglesia y aunque  no debemos rechazar los medios que usa para lograr dicho fin, muchos caen en la trampa de endiosar a pastores y líderes y se dejan manipular.   Solo confía en Jesús y recíbelo en tu vida y pídele que perdone tus pecados. La meta final de Dios no es hacerte un fanático religioso  sino conformarte a la imagen y semejanza de su Hijo amado ganando tu corazón y teniendo comunión contigo. Pasa tiempo con Jesús en oración y estudio de la Biblia pues estos son los medios que Dios usará para hablarte y llevarte a una comunión intima con él.

Dios te bendiga.

Nota: Aunque el autor está consciente de que la mayoría de los que visitan este sitio web profesan ser cristianos, igual sabe que algunos no creyentes lo visitan, de ahí su proyección evangelística. Pero más allá de eso, el autor está claro de la verdad enseñada en Mt 13: 24-30 sobre el trigo y la cizaña creciendo juntos. Muchos que dicen ser no lo son. Muchos solo muestran un cascaron de obras religiosas. Por causa de esos, también es el enfoque evangelístico de este articulo.