Estados Unidos arde en protestas, su presidente se esconde en el búnker de la Casa Blanca por temor a uq euna oleada de ira llegfue hasta sus recintos. La portada de The New York Times abre con una irónica foto de protestas muy similares en 2015 y 2019, y demasiada gente se duele de otro asesinato de un hombre negro a manos de policías racistas.

Algunos apuntan con el dedo hacia la necesidad de un cambio sistémico y estructural que vaya más allá de las oleadas de dolor tras una muerte, un movimiento similar al generado por Martin Luther King, dicen, es urgente. Otros, desestiman la gravedad del caso y se atreven a afirmar que se trata de un grupo de policías, pero no de un problema mayor.

Los hijos de Dios, llamados a hacer una lectura que barque más allá de lo social y penetre en una esfera espiritual, divisan los oscuros entresijos que hacen de la nación americana, y de cualquier otra, caldo de cultivo para guerras de huestes de maldad.

Pero hay aún un grupo de personas que conocía la sensibilidad de George Floyd ante el mensaje del Evangelio. Le ven de otra manera. Tal vez como esa alma que podía ser ganada para Cristo, si no hubiera sido segada antes por encargo del mayor enemigo de esa misión.

Se trata de los cristianos de Third Ward, en Houston, quienes tuvieron en George un entusiasta activista que atrajo el trabajo de ministerios cristianos a su comunidad, con el propósito de poner fin a la violencia en su localidad.

Antes de mudarse a Minneapolis para una oportunidad de trabajo a través de un programa de trabajo cristiano, el hombre de 46 años pasó casi toda su vida en el Tercer Barrio históricamente negro, donde fue llamado Big Floyd y considerado como un OG, un líder comunitario de facto según declararon a Christianity today pastores de la comunidad.

Floyd spoke of breaking the cycle of violence he saw among young people and used his influence to bring outside ministries to the area to do discipleship and outreach, particularly in the Cuney Homes housing project, locally known as “the Bricks.”

“George Floyd fue una persona de paz enviada por el Señor que ayudó al Evangelio a avanzar en este lugar, dijo a la revista cristiana Patrick PT Ngwolo, pastor de Resurrection Houston.

Ngwolo y otros líderes cristianos, detalla la publicación, conocieron a Floyd in 2010, cuando él dio a conocer sus intereses de que trabajaran en su comunidad.

«Él dijo: “Me encanta lo que estás haciendo. El vecindario lo necesita, la comunidad lo necesita, y si ustedes se ocupan del negocio de Dios, entonces ese es mi negocio”», recordó el pastor.

Desde esta nueva perspectiva, que no aportan los diarios, tal vez seria posible leer entrelíneas lo que ocurre a nivel espiritual, y no solo social: Era George Floyd un instrumento que apoyaba los planes de Dios. Quién más, entonces, podría estar detrás del racismo y el odio que le mató.