“Al parecer algunos predicadores no creen que el Señor esté con su evangelio, porque para atraer y salvar a los pecadores, su evangelio es insuficiente y han de añadirle invenciones humanas.”

Ch. Spurgeon

Acabo de ver uno de esos videos que por lo irrazonable de los hechos que muestran me hacen dudar de su autenticidad. No puedo realmente creer que personas que dicen seguir a Jesucristo vivan las prácticas que se evidencian en esas imágenes.

Los fenómenos o modas evangélicas que se ven con frecuencia en videos llegados generalmente del exterior del país, sorprenden a unos y lamentablemente cautivan a otros. Risa santa, embriaguez en el Espíritu, rugir como un animal e imitarlo en sus movimientos, gritar como un atormentado, esperar golpes, agua, etc., son modas que algunas iglesias están viviendo como si fueran experiencias procedentes del Espíritu, y muestras de una “fe” firme y saludable.

Frente al cúmulo de manifestaciones excéntricas e insólitas muchos pondrían en duda que no hay un poder espiritual detrás de todo, pues ellas prueban que algo está ocurriendo definitivamente, la pregunta sería si proviene de Dios como muestra de una fe genuina, o proviene del hombre como evidencia de una insensatez total.

Lo cierto es que con el pretexto de recibir algo especial (ya sea dinero, salud, ánimo en el ministerio, etc.) los necesitados se reúnen ante un supuesto ungido lleno de “fe”, y con una “mansedumbre” e “inocencia” que desconcierta, reciben desde golpes en la cara hasta patadas en diferentes lugares del cuerpo. Todo en nombre del Santo Espíritu de Dios. ¡Increíble!

Ante estas prácticas desconcertantes pudiéramos preguntarnos: ¿Cómo puede una persona en su sano juicio decir que el Espíritu Santo hace que un cristiano ruede por el piso, se mueva como un animal y grite desenfrenadamente ofreciendo un ridículo espectáculo a sus hermanos sin poder controlarse? ¿Cómo puede  tenerse “alegría en el Espíritu Santo” o recibir la “unción del Espíritu” al recibir golpes en la cara o en el cuerpo, ya sea con la mano, el pie, una chaqueta, un zapato, etc.? Realmente si son impresionantes las experiencias, también lo es ver la credulidad de tantos ante estas manifestaciones.

¿Qué está sucediendo con esta generación? ¿Es que no puede verse el engaño del enemigo? ¿Hasta cuándo estarán algunos líderes religiosos buscando entretenimientos simplistas y humillantes mientras hay un mundo que se pierde sin conocer a Cristo?¿Cómo pueden dormir tranquilos quienes tienen un mandato del Señor de hacer discípulos y solo logran entretener y desviar a una multitud necesitada, ante todo, de salvación?

Las manifestaciones que se vuelven modas en la iglesia no pueden sencillamente excusarse o tenerse como cosas que pasarán. Causan daño al cuerpo de Cristo, distraen la atención, dan un testimonio falso al incrédulo, convierten al creyente en alguien ávido de experiencias novedosas sobre las que fundamentan su nivel espiritual, restan importancia a las verdaderas disciplinas espirituales, y hacen que el cristiano quite su mirada de la necesidad de llevar el evangelio a los que no lo conocen y de vivir una práctica de fe saludable, para concentrarla en su deseo de reír, gritar o vivir cualquier nueva experiencia que supuestamente les haga tener una renovación espiritual.

Constituye un desafío para cada cristiano impedir que la iglesia continúe siendo sacudida por cuanta moda surja. El mayor motivo de alegría y gozo en el corazón de un hijo de Dios es el Señor mismo; su vida, muerte y resurrección. La certeza de que nuestros pecados han sido perdonados y que tenemos una herencia incorruptible en los cielos es motivo más que suficiente para vivir en agradecimiento y gozo aunque no todo vaya bien. Si se ha perdido este sentimiento en el camino, si el servicio ha sido agotador, si el ministerio ha sido al parecer poco fructífero, si necesitamos sanidad física o mejor economía, buscar la respuesta y el refrigerio a los pies de la cruz sería buen remedio. Poco se logra con viajar kilómetros en busca de la ‘bendición’ y retomar experiencias ajenas, cuando se tiene tan cerca al que hace nuevas Sus misericordias cada mañana.

Desde luego, quiero aclarar que no creo que todo el que ha tenido una experiencia espiritual tal vez diferente a lo habitual, esté experimentando algo falso. Ejemplo tenemos en la Biblia de experiencias como las de Ezequiel, Daniel, Juan. Sin embargo, estas nunca constituyeron algo generalizado, no fue moda entre el pueblo, sus vivencias no tenían como pretexto recibir una supuesta unción para recibir dinero o animar un ministerio infructífero; ellas tenían un propósito específico de Dios y los resultados siempre fueron evidentes. Creo y sé que Dios es soberano y su intervención puede ser sorprendente y sobrenatural, pero nunca sin propósito o sin resultados auténticos.  

Finalmente, bueno le sería al hombre que busca experiencias supuestamente renovadoras en excéntricas manifestaciones recordar la vida del Señor, pues como dijera Clendennen:

 “Jesús es nuestro ejemplo; caminemos junto a él en estos evangelios; en ningún momento lo vas a ver rodando por el piso en ataques de risa, lo vas a encontrar llorando sobre Jerusalén. Lo vas a encontrar hablando de la condición de Su tiempo a los corazones de los hombres, y nosotros debemos ser de la misma manera. Como él fue en el mundo, así también nosotros.