A lo largo de toda la  de la humanidad se han creado muchísimas leyendas sobre grandes y extraordinarios hombres para tratar de representar algún que otro ideal. Algunas han sido completamente inventadas de la nada, mientras que otras, exageran y distorsionan los hechos reales para poder así inspirar fe en los ideales que se intentan representar.

Las tenemos de todo tipo: hombres valientes y fuertes, temibles e implacables, buenos y misericordiosos, etc., etc. Todo depende del que cuenta la y lo que persiga con ello.

La base del cristianismo es la vida y obra de una persona: Jesús ¿Qué pasaría si se demostrara que Jesús nunca existió? Que no es más que una leyenda inventada por un montón de fanáticos religiosos que quisieron representar al hombre perfecto. Si esto sucediera, el cristianismo se derrumbaría por completo sin quedar absolutamente nada.

Soy consciente de que la historicidad de Jesús es ampliamente reconocida por la mayoría de los eruditos bíblicos, sean liberales o no, pero siempre ha habido unos pocos que se han atrevido a negarla y han tratado de presentar  de ello.

Por otro lado, la inmensa mayoría de las personas con las que tratamos a diario no son eruditos bíblicos, son escépticos que no creen que la biblia sea la palabra de Dios.

Imaginemos un caso hipotético en el que estamos conversando con un escéptico y este nos dice: “yo no creo que Jesús existiera realmente, para mí el relato contado en los evangelios de la Biblia es pura ficción. Fue el invento de los primeros cristianos para sostener que Jesús había sido un personaje real. Hasta que no me muestres testimonios independientes, de  contemporáneos que no tenían nada que ver con el cristianismo, nada que ganar y que, a pesar de eso, sabían que Jesús había existido y lo plasmaron en sus escritos, seguiré creyendo que Jesús es una leyenda, no una persona real que existió hace dos mil años.”

¿Aceptarías el reto? Te propongo algo: ¡aceptémoslo y llamemos a declarar a cuatro  no cristianos de la antigüedad!

Talus

Lamentable y doloroso es el hecho de que la mayoría de los  escritos en la antigüedad no han sobrevivido. Un ejemplo de esto es que no se ha encontrado ninguno de los treinta y siete  que el emperador romano Claudio escribió. Pero sabemos que existieron porque otros  los mencionan o citan fragmentos de estos. Ese es exactamente el caso del historiador Talus[1] quien se piensa escribió en la primera mitad del primer siglo.

Julio africano, que vivió aproximadamente entre 160-240, fue un cronista cristiano que escribió en cinco volúmenes una cronografía hasta el 217 dC. Aunque de esta obra solo se conservan fragmentos, en uno de ellos se describe el terremoto y las tres horas de oscuridad que siguieron a la crucifixión de Jesús. Dice lo siguiente:

En el tercer libro de su historia Talus llama a estas tinieblas un eclipse de sol, lo cual es, en mi opinión, un error.

¿Qué conclusiones podemos derivar de este fragmento? Es evidente que Talus no escribió eso para registrar simplemente que durante el reinado de Tiberio hubo un eclipse solar. Lo que estaba haciendo era describir “las tinieblas”, las extraordinarias “tinieblas” que cubrieron la tierra cuando Jesús murió. Las que define como un eclipse de sol.

Africano no está cuestionando la exactitud de los detalles dado por Talus (que había ocurrido un eclipse de sol en un determinado momento) si este fuera el caso no habría rechazado la información con la expresión de “es un error”. Lo que Africano estaba rechazando era la explicación naturalista que Talus da sobre el hecho.

Es evidente que Talus conocía la tradición cristiana de la pasión de Jesús y en sus crónicas menciona las tinieblas que tuvieron lugar cuando Jesús murió y que el simplemente describió como un eclipse de sol. Por consiguiente, un historiador que reconoce la tradición de que la muerte de Cristo estuvo acompañada de tinieblas fuera de lo normal acepta la existencia de Cristo.

Le prestigiosa revista National Geographic ha tratado la historicidad de Jesús en varios nùmeros, y ha reafirmado el consenso científico sobre su existencia real.

Plinio el Joven

Plinio  el Joven se formó en Roma en la abogacía, trabajó en los tribunales y ocupó varios cargos administrativos. En este caso, si podemos consultar su obra directamente.

En la carta 96 del libro 10, alrededor del año 111, Plinio informa a Trajano que el cristianismo se estaba extendiendo de forma acelerada y describe una serie de consecuencias negativas que esto traía para los intereses del imperio.

En medio de las descripciones de cómo se intento de detener el avance del cristianísimo y como obligaron a muchos a renunciar a su fe haciéndoles maldecir a Cristo y adorar la imagen del emperador Plinio escribe lo siguiente:

Pero sostenían que su única culpa o error consistía en la siguiente: tener la costumbre de reunirse un día concreto antes del amanecer y cantar un himno antifonal a Cristo como si cantaran a un Dios.

Aquí vemos una clara referencia a la historicidad de Jesús. Muchos han planteado que la referencia a Cristo no se refiere a un personaje histórico sino era más bien un titulo simbólico. Pero ese es un razonamiento sin ningún tipo de fundamento ni pruebas. El “Cristo” que los creyentes del ponto eran obligados a maldecir no era otro que de Nazaret.

Otro número de National Geographic sobre Jesús y su vida terrena.

Tácito

Estamos en presencia, probablemente, del historiador más distinguido de la antigüedad. Cornelio Tácito nació aproximadamente en el año 56 dC y es posible que viviera hasta el reinado de Adriano (117-138).

En los Anales, escritos aproximadamente en el año 115, en el libro 15 Tácito describe lo ocurrido en el año 64 cuando reinaba el emperador Nerón. Tácito explica de forma clara como diez de los catorce distritos de Roma fueron devastados por  incendios que duraron más de seis días. Como el pueblo pensaba que Nerón quería construir una nueva capital y bautizarla con su nombre empezó a culparlo de los incendios.

Nerón inteligentemente desvía la atención al culpar a los cristianos alegando que los cuatros distritos que no sufrieron daños eran donde residían la mayoría de los cristianos y judíos. De esta forma empezó una terrible persecución donde los cristianos eran masacrados y torturados de múltiples formas. En medios de su descripción de los hechos Tácito escribió lo siguiente:

Su nombre proviene de Cristo, a quien el procurador Poncio Pilato condenó a la pena capital durante el reinado de Tiberio.

No existe ninguna  que respalde a aquellos que dicen que este pasaje no es autentico. El estilo en que está redactado es claramente el estilo de Tácito.

Sutenio

Se sabe muy poco sobre la vida y profesión de sutenio. Se piensa que nació en Hipona y que vivió del año 69  hasta el 130 dC aproximadamente.  Entre los años 119 y 121 trabajó como secretario del emperador Adriano.

En el libro 5 de Vidas titulado “El Claudio divinizado” hablando de las acciones administrativas de Claudio  y yéndose más allá de su tema hace la siguiente declaración:

Él [Claudio] expulso a los judíos de Roma, porque siempre están alborotándose instigados por Chrestus.

Se ha tratado de negar la autenticidad de este pasaje porque contiene dos errores claros: se escribe Chrestus en vez de Christus (Cristo) y pone a Cristo como cabecilla de los alborotos en Roma durante el reinado de Claudio (41-45) ¿Qué pensar de esto?

En primer lugar, en esos tiempos era muy común escribir Christus (Cristo) como Chrestus cambiando una “i” por una “e”. El segundo error es una clara imprecisión de Sutenio pero esto no anula la referencia que hace a Cristo que es lo que importa para demostrar el punto en cuestión.

Hemos visto a cuatro historiadores no cristianos de la antigüedad que hacen referencias explicitas a Cristo como una persona real que vivió en el siglo uno. Reconozco que muchas objeciones se han levantado en contra de la autenticidad de estos testimonios por muchos escépticos pero todas han sido convincentemente refutadas por la erudición cristiana. Si quieres profundizar en este tema consulta la bibliografía que recomendé al inicio del artículo.

 

[1] Para un estudio más profundo del tema que trata este artículo ver Harris J. Murray, Tres preguntas claves sobre Jesús.