El tiempo perdido de Darwin

La teoría de la evolución es un tema que nos ha acompañado en nuestros estudios desde sus primeros años, nos la han presentado de diversas maneras y formas, con tanto esmero y convicción como si en ella nos fuera la vida, sólo nos ha faltado para entenderla que el propio Darwin pudiera hacerse presente para explicárnosla, no sólo a nosotros, sino, también a nuestros profesores, no porque ellos no se hayan preparado en tal materia, sino, por lo lejano y subjetivo que se muestra tal teoría para representarnos en la cosmovisión del universo.

El naturalista inglés quién postuló que todas las especies de seres vivos han evolucionado con el tiempo a partir de un antepasado común mediante un proceso denominado selección natural, y que esta marcha no sólo se estrechó al área física sino también a las emociones, sentimientos, o sea, al área espiritual o inmaterial de los anímales y posteriormente al hombre, ha traído ciertos malestares en nuestro entendimiento e identificación con lo existente; lo cierto es que esta y otras como la teoría del “BIG BAN“, son sólo esto, teorías que se han quedado por siglos encerradas en la incertidumbre y subordinadas en cuanto a evidencias concretas y creíbles, a la antigüedad y a la verdad absoluta de nuestra presencia en el universo.

Me aterra y créanme cuando lo digo, pensar que evolucioné de un animal, y aún más cuando es de un Homo sapiens, “MONO”, (Me hubiera gustado más emerger de un peluche de juguetes de niña), me parece que estoy viviendo la película del “Hombre Mosca” de los años 80. No sé cómo el hombre ha podido permitir sobre sí, tal alevosía a su integridad física, moral y espiritual y de sus semejantes, pues si es insólito creer que de un animal se puede evolucionar con tantas perfecciones físicas, aún más lo es en su área moral y espiritual, donde nos encontramos con tantas divergencias que hacen absurdas tales comparaciones, esto es sin pensar que supuestamente evolucionamos físicamente de donde había algo, pero cómo pudo llegar a nuestro ser el amor de donde solo había instinto ,el raciocinio de lo irracional, la alegría, la tristeza, la pasión, las convicciones que rigen nuestros principios y conductas, y la necesidad de depender de alguien superior a nosotros, de donde no había absolutamente nada.

Considero que a nosotros los creacionistas nos es de mucho valor el estudio científico realizado en defensa de la teoría de la evolución, pues en todos sus caminos abstractos, ambiguos, e indefinidos, logramos obtener un argumento más, que se iza en defensa de una creación divina. Si fuéramos a crearnos una idea de la forma, motivo y propósito de la existencia nuestra en el universo; para creerla, defenderla y enseñarla a nuestros sucesores, me parece que la “TEORÍA” darwiniana es un camino muy escabroso, y de muchas lagunas insondables, que sólo nos ha traído confusión acerca de lo que somos, para qué estamos, y para dónde vamos; si logramos respondernos algún día estas tres preguntas, no sólo nos daremos cuenta de que Darwin perdió todo su tiempo en el laberinto de la insensatez, sino que sería más fácil defender alguna idea que sea más directa, definida y detallada tal como: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra”.

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