¿Cómo deberían ser las cosas? ¿Qué podría hacerse? ¿Qué quisiera hacer?

Los cuestionamientos internos por lo que creemos que debería ser y hacerse, responden a un futuro que preferimos por la inconformidad del presente. Si son reales van a producir preocupaciones, tensiones, y van a exigir cambios y acciones que humanamente pueden ir más allá de lo posible. Pero eso no es malo. Porque si llevamos a Cristo el alma cargada con toda esa manera de ver las cosas y la intención de enyugarnos con Él, aprenderemos de Él y hallaremos descanso para el alma preocupada.

Quizás te aclare un poco que, lo que creemos que debiera ser y hacerse forma parte de la visión que, al tratarla con Cristo, le abrimos un espacio en nuestro corazón para que Él trate con nosotros y hacerlo juntos. A lo mejor es lo Él quiere que hagamos, o solamente es un paso de inicio para otra cosa. O quizás, un embullo por algo muy bonito que debería hacerse, pero por otra persona.

¿Ya tienes una idea de cómo debería ser, qué podría hacerse y qué quieres hacer para el 2021?

Claro que esto no es un como queque con membrillo para un chocolate recién hecho, sino desarrollo de liderazgo.

El hecho de ser imagen y semejanza de Dios, y ya estar Él presente en nuestras vidas, abre nuestros ojos al cómo deberían ser las cosas en muchas áreas de la vida de la familia humana. Además, qué pudiera hacerse. Pero la realidad es que al no ser dioses sino, solo miembros de su cuerpo, es necesario llegar a saber ese “qué quisiera hacer” porque eso responde al potencial con el que fuimos hechos y al propósito de existencia en el lugar en el que vivimos.

Esta perspectiva nos da a entender que una visión no nos obliga a actuar de inmediato para ser objetivo

Al tratar con Dios respecto a lo que debería ser, podría y quisiera hacer, Él trata con nosotros introduciéndonos en un proceso de preparación y pruebas de lo que creemos que quisiéramos hacer. Su objetivo es que comprobemos o distingamos su voluntad respecto a la esperanza que Él tiene con nosotros, con las habilidades y dones que nos dio. En ocasiones, los reveses nos hacen ver que lo que Dios quiere, no es eso que hacemos o nos ponen a hacer. Pero son esos procesos penosos en los que Dios nos fortalece, o nos deja hacerlo con nuestra fuerza para demostrarnos que sin Él nada podemos hacer eficazmente. Cuando por capricho o imposición sucede esto último, renegamos de lo que creíamos que queríamos hacer o nos dijeron que podíamos hacer, y aparece el desánimo y la indolencia religiosa de los últimos tiempos. Claro que, en un proceso similar, si es el plan y propósito de Dios probarnos, Él nos ayuda en ese proceso, hasta salir como el oro, que es lo que Él quiere. Entendamos que estos procesos no son solo unos días, a veces duran años. Depende de nuestra actitud ante sus tratos entre el llamado y la ejecución de la visión o ministerio. Solo la perseverancia alcanza las metas divinas y humanas en este mundo.

La visión de Dios tiene que madurar a la par que nosotros para llevarla a cabo con éxito

Detrás del fracaso y desánimo de la misión, está el empeño de llevar cabo una visión sin antes madurar. Hay que permitirle a Dios tratar con nosotros respecto a la visión para que nos haga aptos para la colaboración con Él. Y esto habla de desarrollar el fruto que tenemos que llevar en las obras que Él quiere hacer.  Él dijo a sus discípulos: En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos La gente glorifica a Dios cuando le llevamos el fruto de lo divino en nuestra humanidad con buenas obras. No solo con Palabras.

Para este proceso y desarrollo, Dios tiene en cuenta dónde nacimos, crecimos y vivimos. Además, nuestras respuestas a la formación familiar, cultural, y los ambientes que aportaron para el desarrollo del carácter. Estos factores y otros tantos tienen que ver con el desarrollo de la visión en nosotros, para la misión que nos va a encomendar. ¿Por qué?  Porque Dios trabaja en todo nuestro ser usando la cultura circunstancial y sus problemas para que fructifique el carácter humano-divino de Cristo donde quiera que estemos.

Medita en esto: Hasta que el fruto no madura no tiene la calidad requerida en las semillas que todos admiten para sembrar en sus vidas: Amor, gozo, paz, paciencia… etc. Aunque en este estado actual de las cosas es opuesto a cualquier visión que propone cambios tan drásticos como el amor por desamor, que es como debería ser y hacerse. Y la razón para batallar por fructificar es que las semillas del fruto maduro, por lo regular, todos las admiten porque carecen de ellas.

Dios permite las oposiciones para formar el carácter o fruto de la hechura suya que somos. O sea, mientras nosotros estamos admitiendo el moldeo de Dios, Él se goza, y el gozo de nosotros es cumplido por los resultados que vemos en la claridad de la visión y la misión. Esa es la manera en la que Dios nos entrena y a la vez da a sus enemigos en su mente, una muestra tangible de su carácter y amor por ellos. Y eso les habla palpablemente de su aceptación en la condición de enemistad en la que viven. Además, que es posible relacionarse con Él porque le representamos en actitudes y conductas.

No pienses que estás perdiendo tiempo cuando buscas conocer la manera de ser y actuar de Dios para representarle en tu colaboración

Es importante entender que en ese proceso de formación somos tentados a creer que estamos perdiendo el tiempo, que nos están poniendo trabas e impedimentos. No, no es así. No pierdes tiempo para ganar eternidad. Dios está obrando en ti y en lo que debería ser, para que hagas lo que Él ha puesto en tu corazón en su tiempo y forma. Además, no malogres el proceso inicial creyendo que ya lo sabes o has alcanzado todo en la primera revelación o testimonio de su guianza. No te equivoques, la meta es que adquieras el pensamiento, carácter y obra de Jesucristo el Hijo de Dios. Por eso cada día tiene su cruz, su negación a ti mismo, su revelación y bendición.

Imagen tomada de El País

¿Ya eres discípulo de Cristo o de…?

Pablo decía en su carta a los efesios en su capítulo 2: Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; 9no por obras, para que nadie se gloríe. 10Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas”

Antes de entender que somos hechura suya, hay que concebir que, por un poquito de fe fuimos salvos por gracia. O sea, un regalo inmerecido dada nuestra rebeldía. ¿Por qué concebirlo? Para poder administrarla a los demás, de igual forma, sin que lo merezcan. Por eso Pablo ponía ese “Porque” La fe en el liderazgo, de esa salvación para anunciarla, es probada, entrenada y desarrollada con la meta de referencia de su Autor y Consumador. Eso nos ayuda a los “llamados en una visión” a entrar en proceso de identificación como hechura de Cristo. Para hacer las “obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas” No las que se le ocurran a alguien sin el fundamento de su Autor.

Entiende que la grandeza de su visión para cualquier tiempo, corresponde a la grandeza de su sabiduría. Pero también lleva implícito el poder para ayudarnos primero a las transformaciones personales en cualquier condición en la que estemos, para que ocurran las circunstanciales, como debería ser y hacerse. Por eso Dios quiere que maduremos en la grandeza de “su visión”, para que lleguemos a entender que esa visión y grandeza ¡somos “nosotros mismos”!  Anímate, con Dios, en el desierto, sus necesidades y escaseces, Él nos va a mostrar cómo debieran ser las cosas y lo que pudiera hacerse, pero a su manera.

Reflexiona en el tiempo de maduración de la visión y el carácter de Moisés y Pablo, descritas en los libros de Éxodo, Hechos de la Iglesia y la carta a los gálatas. Observa cómo debieron ser las cosas y pudieron hacerse por estos dos hombres de Dios. Nota cómo Moisés quiso a su manera iniciar lo que debería ser. Pero no era a la manera de Dios. Así mismo cómo Pablo pensó que deberían ser las cosas en su tiempo, llegando al extremo de perseguir al mismo Jesucristo. La fe de los llamados y escogidos para el liderazgo es tanteada y ensayada en pequeños hechos, circunstancias y tiempos. Además, probada como el oro porque sus acciones van a representar al mismo Dios. Recuerda que Él quiere que se hagan (porque las preparó de antemano) Pero a la manera que nos mostró su Referente: Jesucristo. Medita: ¿Por qué tú crees que Él enseño a solicitar a sus discípulos respecto a una necesidad nuestra: “venga tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo?

Él pone el querer como el hacer gradualmente, teniendo en cuenta: La salvación, el llamado, la circunstancia, nuestras actitudes y conductas. Dios ayuda a madurar la visión y el carácter de los(as) que van a llevarlo a cabo. Primero quiere hacer en nosotros, para después obrar en la circunstancia través de nosotros.

La inconciencia de la eternidad conspira contra la redención del tiempo

Nosotros, inconscientes de la eternidad que vivimos, somos tentados a ir de lo que conocemos a lo que quisiéramos, no de lo revelado por Dios a lo que Él quisiera. Y en muchas ocasiones nos adelantamos o atrasamos en hacer lo que debería hacerse. Porque la manera de Dios no se adelanta ni se atrasa. El trato de Él empieza con la inconformidad de cómo estamos siendo y haciendo para conducirnos a buscar en Él su voluntad agradable y perfecta para la circunstancia. Entonces, va poniendo gradualmente el referido querer como el hacer para nuestra formación y actuación.

¿Estás conforme con tu querer y hacer en el tiempo de tu existencia?

Quizás tenga que ver con la ocupación en las cosas del Espíritu de Cristo que nos anhela y quiere dirigirnos. Pablo decía a los filipenses en su carta: “…ocupaos en vuestra salvación (Antes que la de los demás) con temor y temblor, 13porque Dios es (No otra gente) el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad.  Preguntémonos ¿Queremos ocuparnos de la salvación de la gente antes de entender y conocer todo lo que incluye la nuestra?

Somos tan dados a andar a la velocidad de nuestras pasiones y deseos que desatendemos el proceso inicial e inclusivo de la salvación. Eso hace que andemos sin el yelmo de la salvación puesto. Y no veamos hacia donde pueden movernos los vientos de doctrina y los rumbos de muchas visiones.

La salvación es el yelmo de la armadura de Dios, que protege la cabeza y a través de él se ve la circunstancia con los ojos de Dios; cómo deberían ser las cosas y qué podría hacerse en ella.

Reflexiona. Es en la cabeza que está la mente y los pensamientos que perseveran o no en Dios y su salvación. Es donde fusionamos nuestra mente con la de Cristo.  Ella sin protección puede admitir visiones erradas, tomar malas decisiones y perderse.  No podemos tener más en mente una visión y sus obras, que la salvación de la gente y la nuestra.

Reflexiona, todos tenemos sueños, metas y ministerios. Pero… ¿Es nuestro liderazgo un “activo de la visión humano-divina de Dios” o de una visión humana-personal de este tiempo? ¿Cómo saberlo?

Pregúntate: ¿Tus motivaciones ministeriales son externas o han nacido del trato de Dios con la inconformidad por lo que debería ser y no es? Además, cuestiona ¿Ese querer y hacer ha sido guiado por Cristo como cabeza de la Iglesia o por otros referentes contemporáneos que te venden una visión? Ten presente: El activo de Dios es hechura suya. Y Dios no quiere que nos conformemos a otras personas que no sea Cristo.

Es cierto que hay una crisis mundial, pero… las crisis pueden desarrollarte como un activo de Dios. Analizas su manera de ser y actuar en Cristo desde el principio de este gran conflicto que es la humanidad.

¿Cómo actuó Cristo ante las crisis y los conflictos? El sentir que hubo en Él hasta la humillación habla del valor que le dio a la salvación de la gente (lo más valioso). El activo de Dios, no esquiva los conflictos o las contradicciones humanas que se oponen a su visión, porque esta es para favorecerlos, aunque no lo crean y se le opongan. Tampoco trata de resolverlos a la fuerza, sino que lidia con las tensiones que estos generan, para relacionarse con las personas a fin de mostrarles como Dios los acepta y los valora en su condición. Así nos da a entender que no es por lo que hacen sino, por lo que son: Seres humanos hechos a su imagen y semejanza. El activo de Dios sabe que si no lo hace así arruina la posibilidad de que, dado el contraste entre el amor y el desamor, decidan por Dios. Además, en el ejercicio de esa fe, este activo de Dios, ha comprobado que ese trato con la gente desarrolla en él el carácter de Cristo su Referente.

Arribamos a un pensamiento: En las contradicciones y las crisis, Dios va a hacer lo necesario en nosotros y a través de nosotros para resolverlos porque ama a todos los que están en crisis y contradicciones.

Este trato simultáneo con Dios y con la gente es lo que hace que éstos se dispongan a recibir lo que le administramos a pesar de sus contradicciones. ¿Por qué? Porque el amor que les falta en su condición, ya nosotros lo admitimos y por eso podemos administrarlo.

¿Te ves en medio de la circunstancia en crisis como un activo de Dios? Considera ¿Con quién te identificas más, con los problemas, o con las soluciones que tiene Dios para ti y a través de ti?

Reflexiona mientras te preguntas ¿Todos los sueños, visiones, misiones y metas en los que hemos estado trabajando los detuvo esta pandemia? O será que… ¿Dios nos ha puesto en pausa para que valoremos y nos reenfoquemos en facilitar su interactuación en la vida familiar y particular de su Iglesia con el mundo en crisis? Yo creo que no ha sido la conclusión de un juicio sino, un toque en nuestros hombros para decirnos: _Oye, estoy aquí. No te olvides. Yo Soy el Suficiente para todas las cosas_. Yo pienso que esta situación es para que quitemos los ojos de los problemas y los pongamos en sus soluciones. Y nos identifiquemos como “Activos de Dios” para el tiempo presente.

¿No faltará algo? ¿Qué estás solicitando?

Pablo nos revela necesidades de la iglesia de Éfeso, por las cuales él oraba a Dios. ¿Reconoces cuáles son las tuyas?  Él oraba: “…no ceso de dar gracias por vosotros, haciendo memoria de vosotros en mis oraciones, 17para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él, alumbrando los ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis cuál es la esperanza a que él os ha llamado, y cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos” Reflexiona: Esta condición espiritual, intelectual, emocional y física que ha generado esta pandemia, ¿ha oscurecido nuestro entendimiento para no vernos como la esperanza que Dios con  nosotros para interactuar en la familia humana? ¿Necesitamos que Él nos alumbre el entendimiento para no ser parte de sus conflictos, sino de sus soluciones?

Analiza en la carta a Timoteo cómo las crisis generan dos tipos de condiciones: La “comezón de oír” que desean oír consuelos sin soluciones.  Y la que desean oír la verdad, aunque duela, para hacer lo que Él quiere. ¿Cuál de las dos necesita la claridad del entendimiento?

Pablo decía a Timoteo en su segunda carta: “Porque vendrá tiempo cuando no soportarán la sana doctrina, sino que, teniendo comezón de oídos, acumularán para sí maestros conforme a sus propios deseos Este “tiempo” se refiere a una ocasión apropiada y por supuesto, permitida por Dios para algo determinado. ¡Alerta!  Son muchas las voces y enseñanzas que buscan hablar lo que la gente desea para tener seguidores. En este referido “tiempo” promueven resistir, pero sin batallar. Consolar, pero sin ir a la raíz del mal. Por eso, estos mensajes, cuando no se filtran por el “espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él” pueden encausarnos en distintos caminos que, sin ser malos, nos distraen de lo que realmente Dios quiere hacer en este tiempo, primero “en nosotros”, para actuar después en la circunstancia.

Esta “comezón de oír” busca oír respecto a los problemas, no a sus causas. Tampoco, buscar en Dios una nueva perspectiva para realizarnos como “Activos personales o en equipo que colaboran con Dios” conforme a la esperanza que tiene con cada uno. Esta perspectiva es la manera que tiene la Iglesia de entender que somos, no solo la esperanza de Dios sino, su visión para este tiempo, la hechura suya para buenas obras.

Ahora, esa “comezón de oír” puede desenfocarte y distraerte del cómo, qué, qué para este año que viene.

  • Las buenas oportunidades, no siempre son buenas y pueden distraernos.

El hecho de ser hechos a imagen y semejanza de Dios nos abre una perspectiva muy grande de ser y hacer muchas cosas. Pero si no nos detenemos a pensar en los dones que nos dio, el lugar en el que nos puso a vivir y su escuela en el transcurso de nuestra vida, podemos ver una oportunidad repentina que puede conspirar contra la esperanza que, específicamente Dios tiene con nosotros.  No para ser como dioses o reyes de los reinos de este mundo sino, como miembros activos del cuerpo de Cristo.

Las oportunidades a veces nos distraen de cómo deberían realmente ser, ante el modelo de Cristo, las cosas. Además, qué podríamos hacer en el plano espiritual, intelectual, emocional y físico. Y así, nos impiden redimir el tiempo que más que oro, es la vida en Cristo.

  • ¿Cuál es tu referente para oír y hacer? Cuando no se enfoca en Cristo, la tendencia es a adoptar referentes humanos.

El impacto de las crisis puede oscurecer el entendimiento cuando no se busca automáticamente la “Luz del mundo” para activar la defensa de la fe que no solo resiste recibiendo consuelo sino, actúa. El poder recibido es para testificar no para autocompadecerse. El desenfoque nos hace poner la mirada en las crisis y los conflictos, y eso nos distrae del propósito de Dios en ellas. Por eso con esa actitud, ponemos la vista en otros referentes humanos que hemos oído y nos han trasmitido otras visiones. Pablo decía a los colosenses: “Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. 2Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. 3Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios

  • El desenfoque en Él nos hace vulnerables a las tentaciones espirituales, intelectuales, emocionales y materiales.

La tentación es un estímulo que impulsa la mente, las emociones y el cuerpo a obrar en consecuencia. Y su respuesta depende de la condición espiritual y físico material de la persona en su entorno cultural (imagínate en las crisis). Si no nos vemos como activos de Dios, como su visión y esperanza para administrar sus misterios y gracia, claudicamos ante las críticas, las intimidaciones y propuestas externas. Y, por si fuera poco, subastamos la vida y ministerio al “mejor maestro conforme a nuestros deseos” los cuales, a veces rehúyen afrontar los conflictos inherentes a esta humanidad comenzando por nosotros.

Cristo fue tentado en todo. Incluso, solicitar al Padre que pasara de Él la copa del sacrificio. Pero sin llegar a perder el propósito de cómo deberían ser las cosas, qué debería hacer e hizo a fin de salvar este mundo.

¿Cómo crees que deberían ser las cosas como Iglesia al estilo de Cristo? ¿Qué pudieras hacer? ¿Qué quisieras hacer para este nuevo año?

Lleva a Cristo las cargas y entra en un proceso de cambios espirituales, intelectuales, emocionales, materiales. Y verás cómo progresivamente, Él va poniendo un querer y un hacer que te asombrará.

Porque eres un activo de Dios, su visión y esperanza para cubrir la tierra con su gloria. ¡Anímate! Nunca se pondrá el sol de la esperanza.

                                                                                              En Dios haremos proezas