Rwanda conmemoró este mes el aniversario 25 del fin del genocidio que le costara al menos 800 000 personas muertas en 1994.

Ese conflicto, según apunta el medio digital cristiano Protestante Digital, comúnmente ignorado por la comunidad internacional, está aún viviendo sus momentos de sanación en el alma del país.

Bélgica colonizó el territorio rwandés durante más de cuarenta años y favoreció a la minoría tutsi en detrimento de la población hutu. Pero en el acto conmemorativo de este miércoles, los primeros ministros de cada una de las dos naciones participó de un acto de paz y doloroso recuerdo.

Acto conmemorativo de este mes en Rwanda. Foto: Tomada de Protestante Digital

El enterramiento de los restos mortales de miles de personas asesinadas en 1994 y que todavía siguen en fosas comunes o en paradero desconocido es uno de los pasos por los que aún pasa una nación que ha tardado en cerrar estos ciclos psicológicos.

Miles de muertes anónimas y desconocidas para la comunidad internacional. Foto: Tomada de El País

Y lo que se conoce menos aún es el rol decisivo de la iglesia cristiana en esa reconciliación.

La iglesia de Cristo, fuente de paz

Se trata de un país mayoritariamente cristiano (alrededor del 90% de la población, según Joshua Project, es cristiana). Así que las iglesias también han participado en la recuperación.

Así expresó Alex Shyaka, miembro  de los grupos bíblicos universitarios de Ruanda,  a PD: «la iglesia ha desempeñado un papel fundamental en la sanación y la reconciliación entre tutsis y hutus, a través de programas de restauración ofrecidos por iglesias y organizaciones cristianas».

«Incluso en la organización con la que trabajo» (GBUR), dice Shyaka, «la sanación y la reconciliación son la base del discipulado entre los estudiantes universitarios», asegura.

Un trabajo valioso en una sociedad que todavía sigue afrontando las heridas y las consecuencias de una de las mayores matanzas del siglo XX.

«Las iglesias también han estado apoyando iniciativas gubernamentales en cuanto a la provisión de las necesidades básicas a los supervivientes del genocidio», remarca Shyaka.

(Con información de Protestante Digital)