el orden del culto en la iglesiaLa liturgia Protestante en general, la cual presenciamos cada domingo año tras año, en realidad dificulta la transformación espiritual. Esto se debe a: (1) anima la pasividad, (2) limita el funcionamiento, e (3) implica que la inversión de una hora cada semana es el secreto de la vida cristiana victoriosa.

“Quienes no pueden recordar el pasado están condenados a repetirlo” –George Santayana

 

Esta verdad encierra un significado muy importante para el cristianismo en la actualidad. Cuando no conocemos nuestra herencia como creyentes, cuando ignoramos generaciones enteras que nos precedieron, cuando desechamos sus luchas con sus éxitos y fracasos, por lo general caemos también nosotros en los mismos errores contra los cuales ellos lucharon.

En este artículo que será breve debido al espacio, quiero mostrarles algo de la Historia de La Iglesia. El propósito es que veamos que muchas cosas que nosotros hacemos en la mayoría de nuestras Iglesias no se originaron en el Nuevo Testamento sino que ocurrió a través del tiempo. Empezaremos por hablar de una manera breve de como tenemos configurado nuestro culto protestante y realmente de donde vino. Como cristiano que asiste a una iglesia contemporánea, usted sigue el mismo orden del culto cada vez que asiste al templo. No importa a qué variante de protestantismo pertenezca –Bautista, Metodista, Reformado, Presbiteriano, Evangélico Libre, Iglesia de Cristo, Discípulos de Cristo, Alianza Cristiana y Misionera, Pentecostal, Carismático o Independiente, su culto dominical es prácticamente idéntico al de todas las demás iglesias protestantes.

Es cierto que algunas iglesias usan canciones contemporáneas mientras otras usan himnos. En algunas iglesias los asistentes alzan las manos. En otras, las manos nunca suben más allá de la cintura. Algunas iglesias celebran la Cena del Señor semanalmente; otras,trimestralmente. En algunas iglesias, la liturgia (el orden del culto) está impresa en un boletín. En otras, no hay una liturgia escrita, pero es tan mecánica y previsible como si estuviera impresa. A pesar de estas variaciones menores y otras excepciones, el orden del culto es esencialmente el mismo en todas las iglesias protestantes del mundo.

¿De dónde surgió el orden del culto protestante?

Tiene sus raíces principales en la misa católica. Es significativo que la misa no se originó en el Nuevo Testamento,más bien, surgió del antiguo judaísmo y el paganismo. Según el famoso historiador WillDurant, la misa católica estaba “basada en parte en el servicio del templo judaico, en parte en los rituales de purificación de los misterios griegos, el sacrificio vicario y la participación…”

Gregorio Magno (540-604) fue el responsable de dar forma a la misa medieval. Gregorio era un hombre increíblemente supersticioso, cuyo pensamiento estaba influido por conceptos mágicos paganos. Encarnaba la mente medieval, una cruza entre el paganismo, la magia y el cristianismo. No es casual que Durant llame a Gregorio “el primer hombre completamente medieval”.

Después de que Gregorio estableciera la misa en el siglo sexto, quedó grabada a fuego y varió poco durante más de mil años. Pero, el estancamiento litúrgico experimentó su primera revisión cuando Martín Lutero (1483-1546) entró en escena.

 Las Contribuciones de Lutero.

En el año 1520, Lutero lanzó una campaña violenta contra la Misa Católica Romana. El punto culminante de la Misa siempre ha sido la Eucaristía, también conocida como “Comunión” o “la Cena del Señor.” Todo se enfoca en y lleva a ese momento mágico cuando el sacerdote rompe el pan y lo da a los feligreses. En la mente católica medieval, La Eucaristía era un sacrificio de Jesucristo nuevamente. Desde Gregorio el Magno (540-604) la iglesia católica enseñaba que Jesucristo es sacrificado de nuevo a través de la Misa. La contribución fundamental de Lutero es esta: puso la prédica en el centro de la reunión en vez de la Eucaristía.

Por consiguiente, en el culto de adoración de los protestantes modernos, el púlpito, en vez de la mesa-altar es el elemento central. (La mesa-altar es donde se coloca la Eucaristía en las iglesias católicas.) Lutero recibe el crédito por hacer que el sermón sea el punto culminante del culto protestante.

 En suma, los mayores cambios duraderos que Lutero hizo en cuanto a la Misa Católica fueron los siguientes:

(1) El realizó la Misa en el lenguaje de la gente.

(2) El dio al sermón un lugar céntrico en la reunión.

(3) El introdujo la música de la congregación.

(4) El eliminó la idea de que la Misa era un sacrificio de Cristo.

(5) El permitió que la congregación tomara parte del pan y la copa.

Lutero habló mucho acerca del “sacerdocio de todos los creyentes,” pero él nunca abandonó la práctica de un clero ordenado. De hecho, su creencia era tan fuerte en un clero ordenado que él escribió, “El ministerio público de la Palabra debe ser establecido por la ordenación santa como superior y la mayor de las funciones de la iglesia.” Bajo de la influencia de Lutero, el pastor protestante simplemente repuso al sacerdote católico. Y, por la mayor parte, hubo poca diferencia práctica de la manera en que funcionaron estas dos posiciones.

Los reformadores Juan Calvino de Francia (1509-1564), John Knox de Escocia (1513-1572), y Martín Bucero de Alemania (1491-1551) añadieron elementos a la formación litúrgica.La más notable era la colección de dinero que seguía al sermón. Otra característica en la que Calvino contribuyó fue la actitud sombría que debía adoptar la congregación al entrar al edificio. Esa atmósfera es sinónimo de un sentido profundo de auto-degradación ante un Dios soberano. El mensaje es: “¡Sea callado y reverente, porque esta es la casa de Dios!”

Por contraste, los Salmos piden al pueblo de Dios que entren por sus pórticos con gozo, alabanza y agradecimiento (Salmo 100).

Muchos ajustes sin cambios vitales

En el fondo, todas(La mayoría de) las tradiciones protestantes comparten las mismas características en su orden de adoración: Ellas son celebradas y dirigidas por un clérigo (pastor o ministro ordenado), el sermón es la parte central, la gente es pasiva y no permitida a ministrar.

Los reformadores hicieron muchos cambios en la teología del Catolicismo Romano. Pero, en términos de la práctica actual, ellos hicieron cambios menores al mobiliario litúrgico. A pesar de los muchos tipos de iglesias protestantes que han aparecido en la lona de la historia de la iglesia, el orden de adoración de los domingos continúa igual. El resultado: ¡El pueblo de Dios nunca se ha librado de la camisa de fuerza que él ha heredado del Catolicismo Romano!

Los Reformadores cambiaron la Biblia por la Eucaristía, y el pastor repuso el sacerdote. Pero, todavía hay un hombre dirigiendo el pueblo de Dios, dejándole como un espectador callado. Por lo tanto, los reformadores faltaron dramáticamente a señalar el nervio del problema original:una adoración dirigida por el clero y asistido por un laicado pasivo.

Primeramente, el orden de adoración protestante en su mayoría reprime la participación mutua y el crecimiento de la comunidad cristiana. Esto pone un estrangulamiento sobre el funcionamiento del Cuerpo de Cristo por callar sus miembros. En absoluto, no hay espacio para que usted dé una palabra de exhortación, comparta una perspicacia, inicie o introduzca una canción, o dirigir una oración espontáneamente.

En segundo lugar, casi siempre el culto entero es dirigido por un hombre. ¿Dónde está la libertad para que nuestro Señor Jesús hable a través de Su Cuerpo en cualquier momento? ¿Dónde, en la liturgia, puede Dios dar a un hermano o hermana una palabra para compartir con toda la congregación? El orden de adoración no permite tal cosa. Jesucristo no tiene la libertad de expresarse a sí mismo a través de Su Cuerpo a su discreción.

Tercero, para muchos cristianos, el culto dominical es extremadamente aburrido. No posee variedad ni espontaneidad. Es altamente previsible, superficial y mecánico.

En cuarto lugar, la liturgia Protestante en general, la cual presenciamos cada domingo año tras año, en realidad dificulta la transformación espiritual. Esto se debe a: (1) anima la pasividad, (2) limita el funcionamiento, e (3) implica que la inversión de una hora cada semana es el secreto de la vida cristiana victoriosa.

Crecemos por funcionar, no por mirar y escuchar sentados pasivamente.

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