Autor: Silas Martin Bollweg

Traductor: Andrés J. Quesada Cedeño

 

¡Aleluya, alabado sea el Señor!

Dios hizo una promesa y comenzó a cumplirla alrededor de 2000 años atrás al enviar  al Mesías a este mundo a salvar pecadores de la condenación eterna y comenzar el reino de Dios en esta tierra. El que creó este mundo en perfección, vino a salvar la humanidad caída, y no solo a la humanidad caída, sino también, toda la creación será salvada (Ro 8: 19-21).

Dios comenzó a cumplir la promesa que dio a Adán y a Eva (Gn 3:14-15) 2000 años atrás. El clímax del cumplimiento comenzó con el nacimiento, muerte y resurrección de Jesucristo y estará finalmente completa ─el famoso marco escatológico del “ya, pero todavía no”─ muy pronto, cuando Jesús regrese a establecer su reino milenial en esta tierra.

Hermanos querido, digo esto con gran gozo en mi corazón: ¡la venida de Cristo está cerca! (Ap 22:20). El fin de este podrido y corrupto sistema de gobierno humano está a punto de ser derribado y el reino justo de nuestro Señor Jesucristo vendrá pronto para traer paz y justicia.

Según la ley de Moisés lo establece, tiene que haber dos o más testigos para confirmar la veracidad de un testimonio (Dt 19:15) y el nacimiento de Jesús como el Mesías prometido que vendría a salvar a su pueblo de sus pecados fue confirmado, no  solo por varias personas como testigos, sino incluso por ángeles.

Lucas nos da en su Evangelio una lista y menciona varios testigos en relación con el nacimiento del Mesías, pero me gustaría mencionar al profeta Isaías quien profetizó sobre dicho acontecimiento unos 700 años de que ocurriera. El libro de Isaías nos dice:

Por tanto, el Señor mismo os dará señal: He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamara su nombre Emanuel (Is 7:14).

Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz (Is 9:6).

¡Aleluya! Lucas reporta que el ángel Gabriel vino a María y le dio testimonio del nacimiento sobrenatural de su bebé y que de que era el Mesías prometido (Lc 1:26-38).

Una vez que Jesús ya había nacido, vino un ángel y se les apareció a unos pastores y les declaro que el Mesías prometido había nació en Belén tal y como la escritura ya lo había anunciado. De repente apareció un grupo de ángeles que cantaban con gozo y alababan al Señor (Lc 2: 8-10).

Es interesante hacer la observación de que el ángel no visito al rey Herodes, ni al poderoso emperador de Roma, ni a nadie rico e influyente, sino a personas simples y comunes, sin nada grandioso a los ojos del mundo.

Después de ocho días, María y José llevaron al niño al templo conforme a lo establecido por la ley de Moisés para presentarlo a Dios y dos testigos mas aparecieron para confirmar que era el Mesías prometido por Dios. (Lc 2: 25-38).

Pero esta no es la última confirmación de que Jesús era el Mesías prometido, mas tarde Juan el Bautista presentó a Jesús como el Mesías (Jn 1: 29-36; Lc 3: 15-16). También, Jesús se confirmó a sí mismo como tal y dijo a las judíos: “si no creen en mí, crean en las obra que hago (milagros sobrenaturales)” (Jn 14: 11). Y finalmente, Dios el Padre confirmó a Jesús como el Mesías en la montaña de la transfiguración.

Así que tenemos suficientes personas y ángeles que confirmaron que Jesús era el Mesías y por ello podemos celebrar su cumpleaños, aun cuando el 24 de diciembre no sea la fecha donde ocurrió esto.

Y lo cierto es que la Biblia no nos dice cuando fue que pasó, y es verdad que la iglesia católica tomó días de adoración pagana según el momento histórico y los cambió por la celebración cristiana de la navidad. Pero eso no debe perturbarnos. Lamentablemente hay personas que se preocupan tanto por esto que no se dan cuenta de lo que realmente es importante y crean todo tipo de actitudes divisorias que al final hacen más daño que bien a la iglesia de Cristo.

Nosotros no celebramos una fecha como objeto de adoración, nosotros celebramos un acontecimiento real que ocurrió en el pasado pero con trascendencia para toda la eternidad. Nosotros celebramos la encarnación de la segunda persona de la Trinidad para venir  salvar a pecadores del poder del pecado y la muerte eterna.

Qué más da si fue o no 24 de diciembre, o el día que haya sido. La fecha en sí misma no es el punto, sino la realidad del suceso y su trascendencia. Quisiera terminar este artículo con las palabras del profeta Isaías:

¿Quién ha creído a nuestro anuncio? ¿Y sobre quién se ha manifestado el brazo de Jehová?  Subirá cual renuevo delante de él, y como raíz de tierra seca; no hay parecer en él, ni hermosura; le veremos, mas sin atractivo para que le deseemos.  Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos. 

Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido.  Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados.

Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros. Angustiado él, y afligido, no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca. 

Por cárcel y por juicio fue quitado; y su generación, ¿quién la contará? Porque fue cortado de la tierra de los vivientes, y por la rebelión de mi pueblo fue herido.  Y se dispuso con los impíos su sepultura, mas con los ricos fue en su muerte; aunque nunca hizo maldad, ni hubo engaño en su boca. Con todo eso, Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimiento. Cuando haya puesto su vida en expiación por el pecado, verá linaje, vivirá por largos días, y la voluntad de Jehová será en su mano prosperada. 

Verá el fruto de la aflicción de su alma, y quedará satisfecho; por su conocimiento justificará mi siervo justo a muchos, y llevará las iniquidades de ellos. Por tanto, yo le daré parte con los grandes, y con los fuertes repartirá despojos; por cuanto derramó su vida hasta la muerte, y fue contado con los pecadores, habiendo él llevado el pecado de muchos, y orado por los transgresores (Is 53). 

¡Jesús es el salvador del mundo!

¡Feliz navidad!