Muchos libros pueden presumir de la grandeza literaria, de haber ganado un premio internacional, o de lograr las revoluciones formales de su época en las letras, pero un pequeño versículo, definitivamente, se lleva la responsabilidad de revelar uno de los más grandes misterios del universo que aún habitamos.

En dependencia de si lo creemos, o no, por supuesto, las palabras que recoge el primer verso de la epístola de un judío de tiempos de Roma posee un misterio tal, que ni los siglos han logrado oscurecerlo ni las mayores obras humanas quitarle su protagonismo, a pesar de lo corto de su extención.

El enorme significado de su contenido, de ser verdad, tiene el poder de desencadenar tales preguntas en la mente humana, que pueden llevar, de hecho, hasta la pregunta mayor que nunca hemos podido reponder por nosotros mismos, de dónde venimos, quiénes somos, por qué estamos aquí, y qué pasa al morir? Es todo parte de un plan ordenado?, o somos, realmente, polvo galáctico diseminado por un brevísimo instante en este lugar, según enormes casualidades que nada importan y que no trascenderán?

El primer verso de esta carta de Juan, un judío de la antigüedad, responde a todo eso desde sus cortas palabras, y si se sigue leyendo, termina por explicar mucho más.

En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.

Este era en el principio con Dios.

Todas las cosas por Él fueron hechas; y sin Él nada de lo que es hecho, fue hecho.

En Él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.

Y la luz en las tinieblas resplandece; mas las tinieblas no la comprendieron.

 Juan 1, 1-5

Pero cómo pueden estar tantas respuestas en estas pocas palabras, y en fin, por qué está este antiguo pasaje ligado a lo que hoy conocemos como Navidad, es la cuestión que pretenderemos visitar juntos en los siguientes artículos de nuestra revista.

Los misteriosos pasajes de una carta antigua

Si se cree lo que dicen estos versos, ahora incluidos como parte de la biblia, en uno de los libros del Nuevo Testamento, o sea, en la segunda parte de la Biblia, habría que aceptar que un creador todopoderoso del universo, por alguna razón, decidió ponerse en contacto con la humanidad y tomar la forma humana para lograrlo.

El hecho significaría, contrario a lo que las religiones propugnan, que es ese creador y no el hombre, el que busca una comunicación.

Antes de la historia bíblica, las versiones de algún o algunos dioses setrataban a hombres esforzándose por llegar a la altura de su creador, nunca al revés.

 

Antes de que esta historia fuera escrita, las religiones solo presentaban la imagen de hombres penando para alcanzar conocer si existía algo más allá de ellos, allá afuera, que fuera responsable de su creación, y de ser así, habría que lograr ponerse en comunicación mediante todo tipo de purificaciones, ofrendas, y esperar que de algún modo, ese ser superior decidiera responder a las «señales» y aceptara tener una relación con su criatura.

Siddharta Gautama (563-483 a.C.) nace en Kapilavastu (actual Nepal), Hijo de Suddhodana, de la familia de los Sakyas, príncipe de un reducido territorio y vasallo del rey de Magadha y de Maya Devi, más conocido como Buda, es representante de una de las cinco religiones más seguidas del planeta.

En este caso, Buda no decía ser dios, sino un representante para guiar en un camino hacia una especie de perfección del alma en la que el sufrimiento era eliminado: el nirvana.

Esta meta, sin ser considerada un ser supremo, exige fuerte entrenamiento mental, practicando intensas meditaciones.

En una camino similar el hinduismo, con su enorme panteón de seres sagrados, ofrece un recorrido lleno de privaciones y reglas para conseguir, por igual, eliminar el sufrimiento y alcanzar un estado superior, cercana a los dioses.

De un análogo deseo trataban así mismo las religiones griegas y romana, las más reconocidas en la antiguedad occidental, en las que un grupo de deidades debía ser contentada constantemente por los mortales, para atraerse su favor en los conflictos de la vida terrena.

Lo que presentan, entonces, estos versos de Juan es la versión totalmente opuesta. Hablan de un ser que en efecto, está por encima de todo lo creado, pero que busca ansiosamente reconectarse con su creación. Tanto, que llega al punto —disparatado para nosotros— de convertirse en uno mismo de nosotros, con tal de pedirnos cara a cara reconciliarnos con Él, no vivir ajenos a su existencia.

De ser ciertos, estos versos revolucionana absolutamente todo lo especulado sobre la existencia de algo por encima de los terrestres, y obligan a cada ser humano a tomar decisiones a partir de su verdad. De haber un Dios, cómo es este Dios que es capaz de dejar su trono en la lejanía majestuosa de los cielos, y descender hasta la minúscula aldea de un minúsculo planeta entre miles de millones de galaxias, tan solo para encontrarse cara a cara con nosotros.

Y qué le llevaría a asumir un cuerpo como el nuestro, con los mismos padecimientos, adversidades, y, lo más asombroso, con una muerte totalmente humana. Seas o no creyente, no se puede dudar que lo que la versión de la Biblia vino a traer fue una verdadera revolución en el modo de ver las cosas, una que genera muchas preguntas apasionantes.

Acerca del camino que se sigue desde ahí, y la relación que pueden tener estos versos con eso que se conoce como la Navidad, seguiremos comentando en próximos textos. Visítanos nuevamente para este viaje de preguntas y respuestas.