¿Qué es la Navidad? ¿Por qué se celebra? ¿Existe alguna diferencia entre la celebración cristiana y la secular? ¿Qué motiva a las personas creyentes o no a celebrarla? Estas preguntas y muchas otras acerca de la Navidad han surgido en la mente de miles de personas a través de los años, tristemente en muchos casos no han sido bien contestadas ─ya sea por la propia persona o alguien más─, lo cual ha generado un ambiente de confusión y error.

Dicha atmósfera, no solo afecta ─en realidad ha creado un hueco─  la concepción que muchos tienen de la Navidad, sino que ha distorsionado la naturaleza de la motivación; la cual es el motor impulsor de la práctica; afectando la misma.

En el mundo occidental, en su totalidad, se celebra la Navidad anualmente. Pero muchos no entienden el sentido real de esa celebración, porque la historia, los siglos y fenómenos como: el conformismo social y la secularización, implícitos en este espacio de tiempo han creado una densa capa de polvo que ha cubierto el brillo y la hermosura de la Navidad. Por eso, ahora su verdadero mensaje y propósito de celebración son desconocidos por la mayoría.
Algo ha pasado.

Con la llegada del mes de diciembre llega un ambiente de amor y dulzura que invade cada corazón. Todo un año de afanado trabajo ha pasado, ha llegado el momento de alegrarnos y celebrar juntos a familiares y amigos. Por unos cuantos días nos sumergimos en una especie de “estado sublime”, donde hacemos todos los preparativos con gran denuedo, llenamos tarjetas de felicitación, preparamos presentes, todos estamos a la expectativa de que sea un tiempo maravilloso.

Pero, ¿Es todo?, ¿No hay nada más?, será que la navidad es simplemente un tiempo en la que nos alegramos con nuestros amigos y familiares, pasamos tiempos juntos, nos hacemos presentes, nos felicitamos y luego cada cual retorna a su agitada vida de trabajo y afán. ¡Claro que no! ¡Eso no es todo! , Eso es parte de la navidad pero no su verdadera esencia.

Dios visitó esta tierra como estaba profetizado por Miqueas. “Porque he aquí, Jehová sale de su lugar, y descenderá y hollará las alturas de la tierra. Y se derretirán los montes debajo de él, y los valles se hendirán como la cera delante del fuego, como las aguas que corren por un precipicio. Todo esto por la rebelión y por los pecados del hombre…” (Mi 1:3-5). Y la palabra se cumple, el apóstol Juan testifica: “Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad (Jn 1:14)”.

Otro profeta, Isaías, dijo como ocurriría: “Por tanto, el Señor mismo os dará señal: He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel (Is.7:14)”. “Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz (Is 9:6)”. Y esas palabras se cumplen.

Mateo relata: “Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el Señor por medio del profeta, cuando dijo: He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, Y llamarás su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros.” (Mt 1:22).

Este es el punto: la Navidad no es simplemente algo que celebramos porque queremos divertirnos y pasarla bien –como muchos creen- celebramos la Navidad, hoy por hoy, vaciada de su significado primario, porque un día hubo un nacimiento trascendental.

Dios se hizo carne y habitó entre nosotros, el Dios eterno e inmutable se hizo visible entre los hombres en aras de salvarlos, si quitamos esto como centro de nuestra motivación para celebrar la Navidad, entonces solo tenemos una liturgia vacía y vana.

“Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados.” (Mat.1:21).

 

Lea también: El gran misterio tras eso que llaman Navidad I