En el libro de Números leemos un perfecto anuncio de la salvación mediante la obra de nuestro Señor Jesucristo, dice lo siguiente:

4Después partieron del monte de Hor, camino del mar rojo, para rodear la tierra de Edom; y se desanimó el pueblo por el camino. 5Y habló el pueblo contra Dios y contra Moisés: ¿Por qué nos hiciste subir de Egipto para que muramos en este desierto? Pues no hay pan ni agua, y nuestra alma tiene fastidio de este pan tan liviano. 6Y Jehová envió entre el pueblo serpientes ardientes, que mordían al pueblo; y murió mucho pueblo de Israel.7Entonces el pueblo vino a Moisés y dijo: Hemos pecado por haber hablado contra Jehová, y contra ti; ruega a Jehová que quite de nosotros estas serpientes. Y Moisés oró por el pueblo. Y Jehová dijo a Moisés: Hazte una serpiente de ardiente, y ponla sobre un asta; y cualquiera que fuere mordido y mirare a ella, vivirá. Y Moisés hizo una serpiente de bronce, y la puso sobre un asta; y cuando alguna serpiente mordía a alguno, miraba a la serpiente de bronce, y vivía (Nm 21:4-9).

¡Qué ejemplo tan maravilloso usó Dios para mostrarles a los israelitas acerca de la gran oportunidad de salvación que Él daría a todo la humanidad a través de Jesucristo!

El pueblo de Israel se había rebelado contra Dios y por eso vino el juicio y la condenación sobre ellos. Pero hubo una forma de salvación para aquellos que pusieron su vista en la cruz, donde una serpiente ardiente fue crucificada. Esta forma de salvación fue preparada por Dios para los israelitas en el desierto. Y con esto, les dio una muestra del diseño de salvación en Jesucristo, el mesías.

Dios preparó una forma para lograr la salvación de la muerte y la eterna condenación en el infierno, y no únicamente para los israelitas, sino, para toda la humanidad perdida. El preparó una oferta realmente abarcadora. ¡Preparó a su propio hijo para que tomara nuestro lugar y muriera en la cruz del calvario para salvar nuestras almas!

El único hijo de Dios tomó sobre Él, el castigo de nuestras transgresiones, para que todo aquel que ponga su mirada en Él con fe, viva eternamente. Los que esto hagan no terminarán en el infierno, sino en el paraíso. Viviendo con Dios y los santos ángeles en el cielo.

¡Qué salvación tan grande! ¡Qué alto precio y qué bendición para nosotros! Si nunca le has agradecido a Dios por haber sacado el veneno que la serpiente había puesto en tu vida, te recomiendo que lo hagas ahora mismo.

Agradezcamos a Dios por habernos dado a su Hijo, por poner el castigo de nuestras pecados sobre Él. Y démosle a gracias a Jesucristo por haber aceptado de buena gana ese castigo por ti y por mí.

Jesús le dijo a Nicodemo:

Si os he dicho cosas terrenales, y no creéis, ¿Cómo creeréis si os digo las celestiales? Nadie subió al cielo, sino el que descendió del cielo; el Hijo del hombre, que está en el cielo. Y como Moisés levanto la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del hombre sea levantado, para que todo aquel que en él cree, no se pierda mas tenga vida eterna (Jn 3:12-16).

¿Ves como Jesús confirma que el debía ser crucificado para traer salvación al mundo?

Ahora quizás algunas personan se pregunten, ¿Cómo el santo Hijo de Dios, que caminó por este mundo sin pecado, que sanó los enfermos y resucitó a los muertos, puede ser comparado con una serpiente crucificada?

Esto se debe a que en la cruz Jesús tomo nuestros pecados y los puso sobre él. En un sentido espiritual él se convirtió en la “serpiente” ─se hizo pecado[1]─ por nosotros. Ese fue justo el momento en que Dios quitó su mirada de él y entonces gritó en la cruz “Eli, Eli ¿lema sabactani?”. En el evangelio de Mateos leemos:

Cerca de la hora novena, Jesús clamo a gran voz diciendo: Elí, Elí, ¿lama sabactani? Esto es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? (Mt 27:46).

Este fue el momento cuando Jesús tomó sobre el pecado de todo el mundo y se convirtió en el salvador de todos aquellos que ponen su fe y confianza en Él.

Pero, ¡nosotros tenemos una parte que hacer! Tenemos que quitar nuestros ojos de nuestros vanos esfuerzos por intentar liberarnos de la mordida de serpiente que satanás nos dio y ponerlos en la cruz de Cristo como los israelitas al mirar la serpiente en la cruz en el desierto. ¡Esto no es una opción, es lo que Dios nos exige si queremos ser salvos!

De hecho, nuestra parte es fácil, pero no lo fue la de Jesús. Confiemos en Él y démosle toda la alabanza. ¡Él se lo merece!

Amén.

Traductor: Andrés J. Quesada Cedeño

 

[1] Esta frase constituye una añadidura del traductor con la intención de clarificar la idea para evitar  interpretaciones erróneas.