Pareciera que no hay titular que no sea en torno al temidísimo coronavirus que ya azota ya a todos los continentes del mundo menos la Antártica.

Las noticias se vuelven más que la simple y formal información para calar más dentro cuando son “humanizadas”, cuando vemos las fotos de las ciudades chinas, otrora inundadas de la gente, y ahora como espeluznantes desiertos.

Puente que lleva a Hong Kong, desierto desde el brote de COVID19. Foto: AFP

Un aire de extrañeza nos estremece si corre el rumor de que serán suspendidos los Juegos olímpicos. Este año probablemente no vivamos el entusiasmo que tanto esperamos cuando llegan.

Pero sin duda, son las imágenes de los contagiados, de cuyos rostros solo podemos ver sus ojos asustados detrás de un nasobuco, lo que más compunge nuestros corazones. A estas alturas, con más de 89 000 infectados y más de 3 000 muertos en todo el mundo, que no son solo un número, los hijos de Dios tienen que tener una enorme luz roja apuntando en una única dirección: orar por todos.

No es otra estadística que ves en tu pantalla y quitas de en medio dando scroll. Basta de pensar que lo del otro lado del mundo, o lo del “mundo”, no nos importa, porque “somos especiales y escogidos”.

Todavía alcanzábamos ayer a leer en un medio “cristiano” una nota que intentaba, de buenas intenciones, de seguro, enumerar casos de contagios dentro de una iglesia local. Aplausos para la preocupación por los hermanos, siempre, pero esta hora triste de un virus pandémico es la hora de todos, eso creemos. Y en medio de todos, perdidos, rescatados, santos y angélicos, hay una verdad que no se puede ignorar más: el corazón de Dios está con los que sufren, y nosotros, muchas veces, no.

Desde las redes de Maranata Cuba te invitamos hace un par de días a levantarte en medio de la congregación y convocar a vigilias de oración. En medio del mayor peligro, en Wuhan, la ciudad en que surgió el brote, los hermanos tuvieron el valor de salir a las calles a predicar, sin embargo, nosotros, los que quedamos del lado fácil del brote, parecemos seguir en la inercia de cada semana, con los mismos himnos, y las mismas reuniones, en el mismo orden… desconociendo el dolor que mueve hoy el corazón de Dios.

Hijo de Dios, los judíos se reunieron en el muro de los Lamentos a orar públicamente por los contagiados, y los que perdieron a un ser querido. Ellos no conocen a Cristo como tú y yo.

El Papa llamó a los católicos a orar por los enfermos, y expresó su apoyo a los que trabajan por contener el peligro. Un Papa que ora a vírgenes y santos por igual, que no conoce la sana doctrina de la que tanto nos gozamos.

El director general de la Organización Mundial de la Salud, Tedros Adhanom, ofrece cada día una rueda de prensa en la que alerta con unos ojos saltones, como un padre a un hijo, a todas las personas del mundo y llama la atención de las autoridades. Se trata, sin embargo, de un hombre en el cual no ha habitado, que sepamos, el Espíritu Santo del Dios santo que es amor.

Científicos israelíes trabajan día y noche para hallar una vacuna que acabe con la zozobra que ha provocado el virus,  y han anunciado que tiene como meta que su hazaña salga a la luz cuanto antes, apenas en unas semanas.

Y sabes qué hacemos tú y yo en nuestras congregaciones?, nosotros, el cuerpo de Cristo presente en el mundo? Seguimos cada semana el programa de nuestros servicios. El canto primero, la ofrenda despúes, la prédica entonces, el chiste intercalado del pastor, la exhortación a servir cada vez más a Dios, todas las cabezas asintiendo y diciendo amén, amén…

Maranata Cuba podría haberte dado otra nota informativa sobre el número de países implicados en el brote, pero para eso tú puedes acceder a los mapas de la OMS y a cuanto sitio quieras para actualizarte de lejos. A nosotros nos toca dar el golpe a la puerta de tu corazón. Un golpe seco, que duela. Uno que te movilice a levantar tu voz por los que hoy perdieron a un padre, ven a uno de sus hijos tras un cristal, temen que el vecino tosa en su escalera, o compran un cubrebocas en una cola de decenas de personas, por puro pánico.

Si Hijo de Dios te haces llamar; tú, que has entrado a leer esto, has de tener la audacia de levantarte a invocar al cuerpo de Cristo, y conmover su corazón y mover sus piernas.

El que esté cerca que actúe, el que esté lejos, que ore; el que tenga verdaderamente a Cristo por Señor, que llame a la vigilia. Hagamos nuestra parte hoy, iglesia, tú que eres sal y luz.

No lo pedimos nosotros.

Lo pide Dios.

Foto: Ernesto Herrera Pelegrino

La carta de un pastor chino

(Lee a continuación la carta de un pastor chino que pide la oración de la iglesia de Cristo en todo el mundo. fu epublicada por vez primera en China Source)

Una carta de un pastor de Wuhan

Hermanos y hermanas, la paz sea con ustedes:

Durante estos últimos días, la neumonía (virus) de Wuhan ha estado en el centro de mis pensamientos y mi vida. (Estoy) siempre mirando las últimas noticias, y siempre pensando en cómo nuestra familia y la iglesia deben enfrentar esto.

En cuanto a la familia, he reunido máscaras y alimentos y me he aventurado a salir de las puertas lo menos posible. Al aventurarme en público, he usado una máscara, pero en cuanto al resto, lo he puesto en las manos del Señor.

En cuanto a la iglesia, la seguridad de la congregación, un testimonio fiel, la posibilidad de que los miembros puedan contraer la enfermedad, se han convertido en una gran área de lucha. Es evidente que estamos enfrentando una prueba de nuestra fe.

La situación es tan crítica, pero (confiamos) en las promesas del Señor, que sus pensamientos hacia nosotros son de paz y no de maldad (Jeremías 29:11), y que permite un tiempo de prueba, no para destruirnos, pero para establecernos. Por lo tanto, los cristianos no solo deben sufrir con la gente de esta ciudad, sino que tenemos la responsabilidad de orar por aquellos que tienen miedo en esta ciudad y de traerles la paz de Cristo.

Primero, debemos buscar la paz de Cristo para reinar en sus corazones (Hebreos 3:15). Cristo ya nos ha dado su paz, pero su paz no es sacarnos del desastre y la muerte, sino tener paz en medio del desastre y la muerte, porque Cristo ya ha vencido estas cosas (Juan 14:27, 16:33) De lo contrario, no habríamos creído en el evangelio de la paz (Efesios 6:15) y, con el mundo, estaríamos aterrorizados por la peste y perderíamos la esperanza frente a la muerte.

¿Por qué solo los cristianos tienen esta paz? Debido al pecado, los humanos merecen las pruebas y tribulaciones que les sobrevienen, Jehová dice: los impíos no tienen paz (Isaías 48:22). Todos éramos pecadores, pero Cristo, por la fe, tomó nuestro castigo y nos dio su paz. Por lo tanto, Pablo dice: ¿quién puede acusar a los elegidos de Dios? Es Dios quien justifica. (Romanos 8:33). Los cristianos pueden enfrentar con el mundo las mismas tribulaciones, pero esas tribulaciones ya no son un castigo, sino una nueva oportunidad para acercarse al Todopoderoso, para purificar nuestras almas y una oportunidad para proclamar el evangelio.

Cristiano predicando en Wuhan. Foto: Evangélico digital

En otras palabras, cuando ocurre un desastre, no es más que una forma del amor de Dios. Y, como Pablo creía firmemente, “¿quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, angustia, persecución, hambre, desnudez, peligro o espada?… en todas estas cosas somos más que vencedores a través de aquel que nos ama, porque estoy seguro de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los gobernantes, ni las cosas presentes ni las cosas por venir, ni los poderes, ni la altura ni la profundidad, ni ninguna otra cosa en toda la creación, podrán separarnos del amor de Dios en Cristo Jesús, nuestro Señor “(Romanos 8: 35-39).

Hablando hoy, la peste de Wuhan no puede separarnos del amor de Cristo. Este amor está en nuestro Señor Jesucristo. Estas palabras son tan reconfortantes para nosotros que ya nos hemos convertido en un cuerpo con Cristo. Tenemos una parte en sus sufrimientos, y tenemos una parte en su gloria, todo lo de Cristo es nuestro y nuestro todo es de Cristo. Por lo tanto, Cristo está con nosotros al enfrentar la peste en esta ciudad; la peste no puede hacernos daño. Si morimos en la peste, es una oportunidad para testificar a Cristo, y aún más para entrar en su gloria.

Por eso, mis hermanos y hermanas, los animo a ser fuertes en el amor de Cristo. Si experimentamos más profundamente la muerte en esta peste, entendiendo el evangelio, podremos experimentar más profundamente el amor de Cristo y acercarnos cada vez más a Dios. Nuestro Señor Jesús a través de la fe experimentó un sufrimiento incomparable de muerte, pero Dios lo levantó de la muerte y lo sentó a su mano derecha. (Hechos 2: 32-36)

Si al leer estas verdades todavía no tienes paz, te animo a que leas diligentemente la escritura citada arriba y le pidas al Señor que te dé una idea hasta que la paz de Cristo reine en tu corazón. Debes saber que esto no es solo un desastre observable, sino que es aún más una lucha espiritual. Primero debes librar una batalla por tu corazón, y en segundo lugar luchar por el alma de esta ciudad.

Enfermo de Coronavirus en Chona. Foto: La Vanguardia

Esperamos sinceramente que sepan que no cae un gorrión sin la voluntad del Padre (Mateo 10:29). Con tantas almas enfrentando la peste, ¿puede estar fuera de la voluntad de Dios? Todo lo que estamos experimentando, ¿no es como Abraham enfrentando a Sodoma y Jonás frente a Nínive?

Si Dios, debido a que un hombre justo retuvo el juicio sobre Sodoma, o debido a 120,000 que no conocían su mano izquierda de su derecha, retuvieron la destrucción, ¿qué pasa con la ciudad de Wuhan en la que vivimos? Somos claramente los justos en esta ciudad, mucho más que una sola persona justa hay miles y miles de nosotros. Sin embargo, que nos guste Lot se entristezca por todos los que están en esta ciudad (1 Pedro 2: 7), y como Abraham que oró fervientemente por Sodoma (Génesis 18: 23-33). Usted ve, Jonás con dificultad proclamó el evangelio a Nínive, y Nínive se arrepintió y fue salvo. Somos Abraham y Jonás de esta ciudad. Debemos orar por la misericordia de Dios sobre esta ciudad, y traer paz sobre esta ciudad a través de nuestras oraciones y testimonios.

Creo que este es el mandato de Dios que llama a aquellos de nosotros que vivimos en Wuhan. ¡Debemos buscar la paz para esta ciudad, buscar la paz para quienes padecen esta enfermedad, buscar la paz para el personal médico que lucha en el frente, buscar la paz para todos los funcionarios del gobierno en todos los niveles, buscar la paz para toda la gente de Wuhan! Y podemos a través de las redes en línea guiar y consolar a nuestros amigos y seres queridos con el evangelio, recordándoles que nuestras vidas no están en nuestras manos, y confiar sus vidas a Dios, que es fiel y verdadero.

Los últimos días he recibido muchas consultas de pastores extranjeros. Ellos y toda la iglesia están preocupados por esta ciudad, aún más por nosotros; y ante esta epidemia, busque servir a la ciudad con nosotros.

Por lo tanto, les pido especialmente que pongan sus ojos en Jesús. Y no te preocupes por mi bienestar, ni seas agitado o temeroso, sino ora en el nombre de Jesús. Las personas de buen corazón están a través de sus acciones al servicio de esta ciudad, especialmente el personal médico que está arriesgando sus propias vidas. Si pueden asumir responsabilidades tan mundanas, ¿cómo no podemos asumir responsabilidades espirituales más fácilmente?

Si no siente la responsabilidad de orar, pídale al Señor un alma amorosa, un corazón fervientemente orante; si no estás llorando, pídele lágrimas al Señor. Porque seguramente sabemos que solo a través de la esperanza de la misericordia del Señor se salvará esta ciudad.

Un pastor de Wuhan

Enero de 2020