General El azúcar de la tierra

Silas Bollweg
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Texto: Mt 5: 13 Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se desvaneciere, ¿con que será salada? No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y hollada por los hombres. Quiero empezar este artículo con una pregunta desafiante: ¿es la iglesia de estos días la sal o el azúcar de este mundo? Soy cristiano nacido de nuevo hace ya 45 años y he estado alrededor de muchas iglesias y denominaciones y debo decir que el fundamento de la enseñanza en las iglesias ha cambiado mucho en los últimos 15 años ─hablo en sentido general, estoy consciente de que en muchas iglesias se predica todo el consejo de Dios. En vez de hablar de arrepentimiento del pecado y vivir una vida en santidad es más un mensaje superficial sobre comodidad. Es un mensaje fácil porque, ¿a quién no le gusta una vida bendecida, saludable y con comodidades materiales? Aun a los incrédulos les gusta tener los beneficios de Dios y con tal mensaje puedes llenar iglesias que en realidad están vacías. La cuestión fundamental es si el  mensaje está guiando a pecadores al arrepentimiento y ser librados de la condenación eterna o solo está dando lindos y agradables sentimientos, como una especie de tranquilizante o droga. En este escenario no estamos tratando con el evangelio sino con métodos sicológicos que mueven las emociones de las personas. Pero las emociones sentimentalistas no salvan a nadie, todo lo contrario, pueden cegar y no dejar ver la realidad. Muchos pastores prefieren predicar sobre un amor mal enfocado, sanidad, cumplir tus sueños, una vida feliz y cómoda y otros temas como las cuestiones de género, la comunidad LGTB, derechos humanos, calentamiento global, Black lifes matters y todo aquello que esté en el boom mediático y las personas quieran escuchar. Me pregunto si ya la iglesia ─hablo de la iglesia visible, sabemos que la verdadera iglesia esta compuesta por aquellos que en verdad han sido redimidos con la sangre de Cristo, y no necesariamente son todos los que asisten a los templos─ olvidó porque Sodoma y Gomorra fueron destruidas hasta las cenizas o si es que tiene miedo de predicar la verdad: Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites. ¡Oh almas adulteras! ¿No sabéis que la amistad con el mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios (Stg 4: 3-4) Y si, muchos son los que predican mensajes que las personas aman escuchar, todo es bendición pero nada de alejarse del pecado y vivir en santidad. Nada sobre condenación y claro está que tal mensaje llena las bancas de las iglesias y también el bolsillo de los pastores. Ahora muchos pastores se permiten lujos enormes y le llaman falsamente: “bendición especial”. Pero la verdad es que no es una bendición sino una trampa del diablo o ¿qué clase de bendición son los únicos 80 dólares de una anciana viuda engañada para llenar el tanque de gasolina de un lujoso Mercedes? ¿Necesita un pastor ralamente un micrófono de oro? ¿Está bien vender un libro cristiano por 100 dólares o un DVD con un sermón por 80 dólares? ¡Jesús dijo que recibimos el evangelio de gratis y de gratis debemos darlo! Estoy de acuerdo con los precios cuando coinciden con el costo de producción e incluso un poco por encima para pagar gastos necesarios y salarios, pero no precios excesivos con el propósito de engordar bolsillos haciendo de la fe cristiana un negocio. Jesús les dijo a sus discípulos en Mt 10: 7-9 lo siguiente: Y yendo, predicad, diciendo: el reino de los cielos se ha acercado. Sanad enfermos, limpiad leprosos, resucitad muertos, echad fuera demonios; de gracia recibisteis, dad de gracia. No os proveáis de oro, ni plata, ni cobre en vuestros cintos. No estoy hablando acerca del costo de un gran evento o de sostener una iglesia. Estas cosas cuestan dinero y deben ser financiadas. Estoy hablando de dinero donado o adquirido haciendo comercio de la fe para vivir una vida de lujo y ostentosidad. ¡Eso no es aceptable! Es vergonzoso para mí solo pensar en eso. El dinero donado es para el trabajo en la obra del Señor no para beneficio personal de los que trabajan en el ministerio ─no me refiero a que este mal un salario digno. Pero lo otro no es correcto y se ha vuelto tan común que nadie parece darle importancia ya. La mayoría de los telepredicadores lo hacen, y no solo ellos, aun pastores en pequeñas iglesias persiguen el mismo fin: vivir bien a costa del dinero que dan los feligreses de sus diezmos y ofrendas. También los miembros en las iglesias están infectados con esta mentalidad de la teología de la prosperidad, anhelando tener una vida de riquezas. Les encanta escuchar mensajes sobre esto, llenos de declaraciones y “decretos” positivos para alcanzar esa vida. Pero eso no es el evangelio de Cristo, de ninguna manera lo es. Miremos lo que Pablo hizo, él trabajo fabricando tiendas (Hch 18: 1-4) y predicó después del trabajo. Él decía que en realidad no tenía necesidad de trabajar y que tenía derecho a vivir del evangelio como su trabajo y el mensaje más importante que un ser humano puede dar. Pero debido a que no quería serle gravoso a nadie trabajaba para ganar su propio dinero. ¡Deseo que hubiera más predicadores como Pablo! Y la verdad es que las palabras de Pablo se cumplen cada día más: Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros según sus concupiscencias, y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas (2 Tim 4: 3-4). ¿Quedan predicadores que se atreven a predicar del infierno? ¿Qué se atreven a señalar el pecado? ¿Qué hablen de la ira de Dios? ¿O solo quedan los que hablan del amor de Dios de una forma deformada y sentimentalista para agradar a todos? Si el cuerpo de Cristo ─me refiero a la iglesia visible en egeneral─ ya no es capaz de hablar claramente de pecado, condenación e infierno, como parte de todo el consejo de Dios, como hizo Billy Graham, y muchos otros, en sus mejores días, entonces se ha convertido en el azúcar de este mundo y no es más sal. Lo cual significa que ha perdido su valor. Y estas no son mis palabras, son las de Cristo: No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y hollada por los hombres (Mt 5: 13b). La sal es para limpiar, es para desinfectar, la sal tiene un sabor fuerte. ¡Piensa en esto! ¡Estás listo para ser de sabor fuerte para este mundo! ¿Estás listo para presentar todo el consejo de Dios, incluyendo los temas  que no les agradan a las personas como el pecado, la ira de Dios o el infierno? ¿O prefieres ser la dulce azúcar de las personas y decirle lo que quieren escuchar? Entonces, quien seas, si te sientes identificado con ser la azúcar de este mundo y no la sal como Cristo manda medita de donde haz caído y cambia tu mensaje. No se trata de sentimientos agradables. No se trata de tener una iglesia llena. Una iglesia llena con personas que van camino al infierno no vale nada. Se trata de una guerra contra el infierno y salvar a las personas de la condenación eterna a través de la predicación del glorioso evangelio de nuestro Señor Jesucristo. Les comparto una porción de las escrituras y termino diciéndoles que mediten seriamente en ella: Hijo de hombre, yo te he puesto por atalaya a la casa de Israel; oirás, pues, tú la palabra de mi boca, y los amonestarás de mi parte. Cuando yo dijere al impío: De cierto morirás; y tú no le amonestares ni le hablares, para que el impío se apercibido de su mal camino a fin que viva, el impío morirá por su maldad, pero su sangre demandaré de tu mano. Pero si tú amonestares al impío, y él no se convirtiere de su impiedad y de su mal camino, él morirá por su maldad, pero tú habrás librado tu alma. Si el justo se apartare de su justicia e hiciere maldad, y pusiere yo tropiezo delante de él, él morirá, porque tú no le amonestaste; en su pecado morirá, y sus justicias que había hecho no vendrán en memoria; pero su sangre demandaré de tu mano. Pero si al justo amonestares para que no peque, y no pecare, de cierto vivirá, porque fue amonestado; y tú habrás librado tu alma (Ez 3: 17-21).              

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