El conocimiento de lo que somos realmente nos hace responsables de alcanzar los propósitos de creación. Y el desconocimiento no nos exime de sus consecuencias.

¿Conocemos lo que somos y para qué existimos? La razón de ser de las cosas son la esencia de su existencia; cuando se desconocen, pierden su valor, o más bien, lo siguen teniendo de modo inactivo.

Podemos leer y buscar este propósito inicial en el primer libro de la Biblia, el libro de los orígenes de la humanidad. Quizás los orígenes que aceptas son los que enseña Darwin. Respeto eso. También yo lo hacía. Y seguía evolucionando, pero de mal en peor. Cuando renové mi pensamiento, mi entendimiento fue alumbrado y empecé a evolucionar de modo distinto. Pero para bien. Retomando la idea del primer libro, leamos:

Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. 28Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra.

Observe: Cuando Dios origina la familia humana, los nombra: Hombre y mujer. Y como bendición para sus vidas, los hace responsables (desarrollar carácter) de lo que son y tienen para ejercitar sus capacidades y habilidades en el proceso de poblar la Tierra y dominar la creación.

Dios sabía como Creador que así se iniciaba el camino hacia la satisfacción y la vida plena en el hábitat que los situó. ¿Sabías esto? Claro está, nosotros decidimos aceptar dicha responsabilidad o no. Pero lo que no podemos evitar son las consecuencias de nuestras decisiones.

Note que esta responsabilidad está dada por lo que somos y tenemos encargado bajo nuestro cuidado por parte de Dios. No por lo que no podemos, por no ser aptos ni tener los medios.

El hecho de que en lugar de llevar a cabo ese propósito sencillo, tenemos como especie el entendimiento oscurecido, en ignorancia, está demostrado en la ineptitud del género humano para afrontar las terribles consecuencias en la familia humana.

Está implícita la carencia de identidad y la autoestima por lo que somos y tenemos por ser creados a imagen y semejanza de Dios y no saberlo o no aceptarlo.

Ese alejamiento de nuestro verdadero diseño devalúa los niveles de la vida planificada por Él. Si hoy como género vivimos en esa dimensión de poco valor es por ignorar nuestro valor real y propósitos reales, despreciarlos y no tenerlos en cuenta.

Observe sus horizontes en el plano en el que vive y pregúntese ¿Hemos ejercido la responsabilidad por lo que somos y tenemos bajo nuestro cuidado para alcanzar los propósitos de creación según Dios y vivir en el nivel como familia de Dios en esta Creación? ¿Lo hemos intentado para probar esa experiencia?

Dios y nosotros en el mundo

Dios nos da su referente para rescatar la identidad, la autoestima y promover la responsabilidad. Y para ello nos dotó, de una capacidad espiritual, intelectual, emocional y física, para que el ejercicio de esa responsabilidad se inicie por acuerdo con Él, Creador y dador de esas capacidades y habilidades, que conforman todo el ser humano y trascienden a la sexualidad del género: Varón y hembra.

Imagen tomada de Youtube

Y para que todo eso no nos resulte imposible de entender ni molesto, nos dio su Espíritu, para que podamos fructificar su carácter; establecer así la identidad y la autoestima elevada, como hombre o mujer hechos a su imagen y semejanza.

Además nos puso en hábitat que es rico en todo lo necesario para una vida abundante, porque al ser hecho de la tierra, ella tiene todo lo que necesita el cuerpo para vivir naturalmente.

(Lea también La mujer, un vaso demasiado frágil)

La igualdad del género humano, su valor y dignidad

1 Cor. 11.12

“Porque así como la mujer procede del varón,

también el varón nace por causa de la mujer;

pero todo procede de Dios.”

No podemos dejar atrás los antecedentes culturales. Ni obviar el principio bíblico de la siembra y la cosecha: “Todo lo que el hombre siembra, eso cosecha”. Somos el resultado de la cultura milenaria que ha desarrollado el género humano separado de Dios. Y estamos cosechando lo hemos sembrado. Pregúntate: para esa siembra, ¿hemos estado de acuerdo con el Creador o con las criaturas? ¿Entendimos el valor y dignidad del género humano por el Creador o según lo dictan las criaturas?

Cuando no solo leemos, sino entendemos esta expresión en la Biblia: Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. Descubrimos que, ante Dios, el hombre y la mujer son iguales en valores y dignidad, por cuanto los dos son hechos a su imagen y semejanza.

Medite cómo el desacuerdo del género humano con Dios en sus mentes, ha hecho que el hombre no vea así a la mujer en su rol para su vida, ni la mujer vea al hombre en su rol, para alcanzar objetivos de la vida como familia, sino como individuo solamente, sin entenderse también como miembro de una familia.

Esta es una de las razones por las que no se valoran dignamente y son más propensos a subastar sus vidas al mejor postor; a entregar su mente rebelde a otros principios o fundamentos que la mente humana ha ido desarrollando generación tras generación apartada de Dios.

Repito, cuando el ser humano no fructifica o desarrollar carácter primero, se desequilibra y desordena todo lo espiritual, intelectual, emocional y físico. Reflexione, la razón por la que el hombre y la mujer fueron creados iguales en valores y dignidad, no contradice la diferencia de roles,que es consecuente a su constitución, porque el propósito es complementarse (por eso no pueden ser iguales en constitución e intenciones).

Y esto es vital para fructificar, multiplicarse, y sojuzgar el resto de la creación animal, vegetal y mineral, en una unidad indisoluble.

Al respecto leemos en la Biblia: Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne.

La inobservancia y desprecio de la primera responsabilidad de ver la fructificación (desarrollo del carácter de su Creador) entre dos seres distintos (iguales en valores y dignidad) como el resultado del complemento entre ambos, trasciende a la pérdida del propósito de la divina unidad en el matrimonio y a la fragmentación de la familia; a la devaluación y dignidad de la sexualidad del hombre y la devaluación y dignidad de la sexualidad de la mujer para la satisfacción y vida plena de la familia humana.

La oposición de este propósito habla de la devaluación de la dignidad de su sexualidad y en lugar del propósito de la familia humana, la satisfacción individual vana e insuficiente, al margen de lo que Dios estableció.

Lea aquí la primera parte de esta serie: Dios y la sexualidad: en busca de un diálogo honesto I

(Siga con esta serie próximamente)