Deudores de vidaTenemos el mensaje de vida, Tenemos el llamado a obedecer y servir, Tenemos el respaldo divino, Tenemos que sentirnos deudores de vida…

A griegos y a no griegos, a sabios y a no sabios soy deudor.  Romanos 1.14

Es poco común encontrar un deudor que no sienta vergüenza de decirlo. Este era el caso del apóstol Pablo, cuya deuda no era de razones comunes o carnales, y quien escribe a los cristianos en Roma, diciéndoles:

“A griegos y a no griegos; a sabios y a no sabios soy deudor…”

 Estamos hablando de la Roma de la década del 50 siglo I D.C. Una Roma sofisticada y capital del mundo de entonces, del cual Séneca- maestro estoico de Nerón- dijo: “El mundo está lleno de crímenes y vicios… más de lo que se puede curar con la fuerza… ya no se cometen a escondidas sino ante nuestros ojos”.

Como resultado de las guerras de conquista, la primitiva religión politeísta romana sufrió una gran turbulencia al encontrarse con la filosofía escéptica griega y con las religiones de misterio y sensuales asiáticas, resultando que los ricos e intelectuales abrazaron el helenismo y las masas abrazaron las religiones asiáticas.

En esta Roma, convertida en una Babel religiosa predominaba el liberalismo, la confusión y la indiferencia religiosa con la pregunta: ¿En quién puedo creer?, ¿Quién tiene la verdad?, Si son tantos los dioses y los caminos para llegar a ellos ¿En quién fiarme con seguridad?

Es a los cristianos de este mundo romano, a quienes Pablo les escribe desde Corinto. ¿Se parece aquel a este, nuestro mundo? ¿Podemos decir hoy como habló Pablo?:

Soy deudor:       – a griegos, – a no griegos, – a sabios,  -a no sabios.

¿Por qué Pablo menciona a los griegos si él le está escribiendo a los romanos? cuando redactaba esta carta desde una ciudad de Grecia.

Él se declaraba:

  • Deudor a los griegos que estaban cerca, y a los romanos y otros que estaban lejos.
  • Deudor a los que le rodeaban y a quienes quería
  • Deudor de toda persona sea cual fuere su cultura o grado de conocimiento.
  • Deudor a toda la gente de su época.

¿Quién era Pablo que se sentía deudor de tantos? ¿Por qué estaba Pablo en Corinto si era de Tarso?, ¿Por qué les dijo a los romanos: “pronto voy a anunciaros el evangelio también a vosotros”?, ¿Por qué viajaba tanto?

  • A razón del evangelio, al que había sido llamado por Jesucristo para el servicio de la verdad, cuando lo apartó de su propio camino para obediencia, después de haber recibido la gracia y el apostolado de parte del mismo Señor para su presentación a todas las naciones. Desde el momento en que el Señor se le apareció Pablo conoció a Cristo, conoció el evangelio y conoció la razón de ser cristiano. Cristo mismo lo apartó con un propósito específico de servicio a Él y para salvación del mundo. Eso lo supo Pablo, lo entendió y lo aceptó para vivir acorde al evangelio (Hch 9: 1- 6; 10- 16; 20- 22…), y por su causa.
  • En respuesta a su misión: Pablo sabía quién era él, sabía cuál era su misión, sabía quién le había enviado. Él conocía en vida y carne propia la veracidad y eficacia del mensaje que proclamaba (Gál 1: 11- 24; Fil 3: 3- 12; 2Co 5: 11-20; 4: 7- 10). Él tenía a Cristo en su corazón, en su mente, en su boca y en sus pies. Él no tenía barreras geográficas de distancia o dificultad, ni sociales, ni de sexo, raza, cultura, idioma, ni teológicas para anunciar el evangelio a cualquier persona en cualquier lugar.
  • Por amor de su gente. Pablo amaba a la gente de su época y sabía cuánto necesitaban a Jesucristo. Muchos estaban engañados, confundidos y perdidos de la verdad de Dios (Gál 3: 6- 18). Él había recibido por amor, y por amor quería dar.

Todas estas eran razones más que suficientes para Pablo sentirse deudor (1Co 9: 16) y bajo la solemne obligación de compartir las buenas nuevas de Jesucristo; nuevas que en su mundo no presentó como una religión más, sino como poder de Dios.

¿Te sientes deudor a alguien, algunos o todos, en la misma calidad de Pablo?

¿Habrá algo que debes hacer o proclamar a favor del propósito de Dios con el hombre?

¿Habrá algo que debes hacer o proclamar a favor del propósito de Dios con la Iglesia?

Atrévete a afirmar como Pablo: Debo no porque me deba a mí mismo, sino al que me salvó y me envía. Me debo al Evangelio y a su autor y consumador.

Debo obrar según la verdad, sin temer lo que me pueda hacer el hombre porque Dios está conmigo.

Si sabemos cuál es nuestra misión y tarea, podemos obedecer y ejercerla. Nada nos podrá hacer frente: el poderoso va con nosotros. Si somos los enviados de Dios con llamado especial, necesario y urgente, con mensaje de vida que salva y rescata al hombre de toda época, raza y cultura, no nos detengamos, corramos. Debemos alcanzar el resultado del plan divino porque fiel es el que lo prometió.

Tú y yo conocemos cuánto nuestra gente necesita a Cristo. ¿Quién no llora ante la pérdida de un ser querido?. ¿Acaso no llora Dios ante la pérdida de un alma después que pagó tan alto precio por salvarle?. ¿Qué hacemos tú y yo ante una pérdida de tal magnitud?. ¿Nos conformamos o vamos a luchar por evitarlas?. Debemos salvar a nuestra gente.

Seamos como Pablo así como de Cristo:

Deudores que no quitan, sino que dan.

Deudores en lo espiritual.

Deudores que no piden ser servidos, sino que entienden estar para servir.

Deudores en Cristo y para Cristo.

Deudores del Evangelio y para su proclamación a todos.

Deudores, no del mundo, sino al mundo, por el mundo y para salvación del mundo. (Ro 8: 12- 16). Esa es la respuesta que Dios está demandando de todos los que dicen ser de Él.

Tenemos el mensaje de vida, Tenemos el llamado a obedecer y servir, Tenemos el respaldo divino, Tenemos que sentirnos deudores…

¡Deudores de vida!

 

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