Mt 5:6: Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados.

El Sermón del monte no es un mapa que traza el camino hacia la salvación. No es por hacer ciertas y determinadas cosas que seremos salvos.

Ver el sermón del monte como un mapa de salvación es obviar lo que la Biblia dice acerca de la condición del hombre y la solución que ofrece el Evangelio. El Sermón del monte, más bien, debe ser visto como una especie de espejo que muestra cómo debe ser la vida de aquel que verdaderamente ha creído en Cristo y ha renacido por el Espíritu de Dios.

La Biblia claramente enseña que el que ha experimentado esta transformación ha recibido una nueva naturaleza, con todo lo que eso implica: nuevos gustos y nuevos afectos. Aunque esta persona no es perfecta, pues la naturaleza pecaminosa aun esta activa, a partir de ese momento tiene a Dios y Su justicia como el centro de sus afectos. Ahora aborrece con todas sus fuerzas el pecado que antes amaba y  ama con todas sus fuerzas la santidad que antes odiaba.

En las bienaventuranzas anteriores a esta, el Señor describe lo que el cristiano es en esencia; en lo profundo de su ser. Pero en esta, describe lo que el cristiano busca y anhela. Entonces, de la misma manera que el no creyente ─el hombre natural de 1 Co. 2:14─ y el creyente son distintos en esencia, también son distintos en sus anhelos y deseos.

La búsqueda de la felicidad

Imagen de Claudia McKinney, tomada de Diamond art club

Cuando miramos a nuestro alrededor y vemos a los hombres y mujeres que viven sus vidas de espaldas al creador; que viven sus vidas con el entendimiento entenebrecido y guiados por la vanidad de sus mentes caídas. ¿Qué vemos? ¿Cuáles son sus anhelos y deseos? ¿Qué les motiva a levantarse y vivir cada día? Aunque corro el riesgo de parecer demasiado simplista, creo que podemos responder a dichas preguntas con una frase simple y concisa: anhelan una existencia feliz y cómoda en esta vida.

Las personas están concentradas en la búsqueda de la felicidad; todo lo que hacen persigue ese fin. Sin embargo, dicha felicidad se torna esquiva y difícil de alcanzar, no importa la cantidad de dinero, fama, o logros que la persona alcance. Detrás de cada anhelo satisfecho hay otro y otro y otro.

Los deseos y anhelos son como sanguijuelas, como garrapatas que siempre piden más y más. La razón de esto, es que estas personas no han encontrado la fórmula correcta de la felicidad. Jesús en este sermón enseña que la verdadera felicidad no es algo que se pueda buscar como una meta, sino algo que viene como resultado de encontrarse a Dios.

El hambre del cristiano

¿Qué es lo que un verdadero cristiano anhela más? Jesús no nos está mandando aquí a tener hambre y sed de bienaventuranza o hambre y sed de felicidad. Esto es lo que el mundo hace como hemos explicado anteriormente.

¿Qué quiso decir Jesús con tener hambre y sed de justicia? Una vez mas es imprescindible que atendamos al contexto inmediato de este pasaje y al contexto global de las escrituras si queremos dar una respuesta acertada a esta pregunta.

Jesús no se está refiriendo aquí a la moralidad que tiene lugar en este mundo en sus diferentes grados y niveles: la moralidad a nivel de países que se establece en el cumplimiento de compromisos y la disposición de contribuir a un mundo mejor. Tampoco se refiere a la amabilidad y respetabilidad en el trato humano de forma general. Estas cosas no son malas, pero el evangelio cristiano no se limita a eso; esta no es la justicia de la que se habla aquí.

Debemos tener presente en primer lugar que las personas a las que Jesús les habla aquí estaban familiarizadas en mayor o menor medida con el Antiguo Testamento, y en éste, la palabra justicia se usa, en varias ocasiones, como sinónimo de la palabra salvación.

En pasajes como Is 46:12-13, 51: 5-6, 56: 1 se evidencia claramente un paralelismo entre ambas palabras, donde se usan como sinónimos. Por otra parte, en el contexto inmediato, en el versículo 10, Jesús pronuncia una bienaventuranza sobre aquellos que sufren persecución por causa de la justicia. El apóstol Pedro en su primera carta en el capítulo 3 versículos 14 y 15 nos habla de la actitud que debe asumir el creyente cuando padece males por causa de la justicia.

Estos pasajes, tomados en conjunto, no enseñan que Jesús se está refiriendo aquí a la justicia como la vida de piedad que vive el creyente en este mundo con el único fin de glorificar a Dios.

El creyente anhela la salvación ofrecida por Dios en todos los aspectos, no simplemente como un ticket para ir al cielo.

La imaginería bíblica es muy diversa en descripciones de los diferentes aspectos que conforman la salvación. Si reducimos la salvación a un mero pronunciamiento legal no tenemos la salvación de la cual habla la escritura. La salvación de la que habla la escritura no consiste únicamente en una puerta de entrada, sino también, abarca todo el camino.

En el siguiente post de esta serie, estaremos explorando de qué se trata este camino, y por qué La Biblia lo presenta como la verdadera puerta a una felicidad duradera y real, alejada de los mitos de la superficial euforia que se persigue en el mundo.