1 de Agosto del 2018.

El Concilio Cristiano de las Tunas, no es una organización sino un evento de convocación a un concilio de la fe cristiana, dado que una vez más las circunstancias históricas confrontan nuestra fe y nos obligan a revisar, reinterpretar y consolidar nuestras creencias, tanto como adoptar posiciones sociales adecuadas a nuestras posturas bíblicas.

Este Concilio de Fe, ha sido convocado para la exégesis y proclamación conjunta de la Biblia en cuanto a los desafíos actuales que se enfrentan a nuestra Fe. Agrupado en interés voluntario y manifestado en la unidad de la mayoría de los pastores, iglesias y cristianos de las denominaciones de confesión bíblico-cristiana con presencia en nuestra provincia, nos unimos en la fe para declarar públicamente tras el estudio y análisis bíblico nuestro rechazo a toda forma de discriminación e intolerancia.

Dado que: Nos considerándonos respaldados por nuestra exégesis bíblica para enunciar esta declaración, confesando en común acuerdo todos aquellos suscritos a ella, que la Biblia como Palabra de Dios es la máxima autoridad que reconocemos para determinar nuestra fe y conducta de vida.

Dado que: Nos consideramos respaldados también por la Declaración Universal de Derechos Humanos que asisten a todos los hombres y mujeres, que enuncia en su Artículo 18 que “Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión; este derecho incluye la libertad de cambiar de religión o de creencia, así como la libertad de manifestar su religión o su creencia, individual y colectivamente, tanto en público como en privado, por la enseñanza, la práctica, el culto y la observancia” y en el Artículo 19 “Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión”.

Dado que: Nos consideramos respaldados legalmente por la actual Constitución de nuestra Nación que en el artículo 55 enuncia que: “El Estado, reconoce, respeta y garantiza la libertad de conciencia y de religión, reconoce, respeta y garantiza a la vez la libertad de cada ciudadano de cambiar de creencias religiosas o no tener ninguna, y a profesar, dentro del respeto a la ley, el culto religioso de su preferencia (…)” y encontrando total concordancia de nuestras creencias profesadas en esta declaración con los artículos 41 al 44 de la actual Constitución.

Por tanto: los suscritos a esta declaración hacemos pública nuestra fe bíblica al respecto, aprobada como acuerdo para pronunciamiento público por El Concilio Cristiana de la provincia de la Tunas, Cuba, el 1 de agosto del 2018 en su II sección de trabajo.

DECLARAMOS COMO FUNDAMENTO BÍBLICO Y TEOLOGICO QUE:

El mensaje que Dios envió, anunciando el evangelio de la paz por medio de Jesucristo, es un mensaje inclusivo y antidiscriminatorio, que se revela profundamente en el título dado a Jesús en Hechos 10:36 como «Señor de Todos». Y se refuerza en Efesios 4:6 “un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos”.

El mensaje bíblico le revela al hombre: el amor, la dignidad y plenitud de vida que su Creador desea para Él. Jesús lo demuestra cuando sin discriminar o excluir ejerció su amor y poder en beneficio de «todos», dignificando a todo ser humano independientemente de su condición social y espiritual, como criaturas muy amadas y de alto valor para su creador (Mateo 4:23-24; Mateo 8:5-13; 8:14-15; 8:16), pero cuya enseñanza iba impregnada del llamado del Creador a depender de Él para el mejoramiento personal de nuestra vida social y espiritual.

Es la palabra «todos» en la Biblia la mayor evidencia de un mensaje y propósito divino inclusivo y antidiscriminatorio. El vocablo griego «pás» en cuyo significado: todo, cualquiera, cada uno, significa radicalmente «todo», deja inoperante cualquier discurso que desde la Biblia intente excluir o discriminar a alguien del plan y voluntad eterna de Dios para el ser humano.

Se nos dice en la Biblia que “[…] Todos fueron sanados […]” por Jesús en Mateo 8:16 (Mateo 12:15; Lucas 4:40-41), tan inclusivo era su amor y poder que «toda» (sin exclusión) la gente procuraba tocarle, porque poder salía de Él y sanaba a «todos» sin discriminar sobre sexo, raza, nacionalidad, condición espiritual, etc., (Lucas 6:19). Así lo aprendieron y lo practicaron también sus apóstoles (Hechos 5: 15-16), la cual también nos legaron como doctrina: que por las heridas de Cristo en la cruz, «todos» los enfermos reciben de Él provisión para su enfermedad (1 Pedro 2:24).

Jesús no desechó a nadie por su condición social o espiritual (Lucas 15:1), al punto de ser llamado «amigo de pecadores». Entre los mejores ejemplos del trato personal y mensaje inclusivo de Jesús tenemos a Nicodemo, un líder religioso opositor (Juan 3); a Zaqueo, por cuyo oficio era considerado una lacra social y discriminado (Lucas 19); la mujer samaritana, cuya condición racial y moral la descalificaba ante la cultura judía (Juan 4); Su defensa ante un líder fariseo a favor de la mujer “pecadora” que rompiendo el frasco de alabastro le ungió y lloró a sus pies (Lucas 7:36-50); o su negativa a condenar públicamente y su intento de librar de la muerte a una mujer “supuestamente” sorprendida en pleno adulterio (Juan 8:1-11); su trato y ministración a personas extranjeras y de otras religiones como: la mujer griega y sirofenicia; el centurión romano y el gadareno (Marcos 7:26; Mateo 8:5; Marcos 5); entre otros tantos ejemplos que se resumen en las mismas palabras inclusivas de Jesús: “ […] y al que a mí viene, no le echo fuera” (Juan 6:37).

Aunque también nos enseñó que el camino de la compasión, comprensión, inclusión y tolerancia, no significa negar nuestra ética y moral, ni el acomodamiento de nuestra fe a la conveniencia personal o social (1 Juan 2:15), menos aún llamar a lo que Dios llama bueno malo y a lo que llama malo bueno (Isaías 5:20; Romanos 12:9; 3Juan 1:11). Tampoco significa la ausencia de reacción contra lo que nos afecte como cristianos o consideremos injusticia (Mateo 21:12-13). La inclusión y tolerancia no significa aceptación total o ausencia de discrepancias (1 Corintios 5:13), sino una convivencia en paz y respeto, un trato de amor y estímulo a ser ejemplo llamativo que invite a los demás a seguir voluntariamente nuestro camino como opción de vida (Mateo 5:16; Romanos 12:18-17; 13:7; 14:1-10)

Su llamado: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar” en Mat 11:28, es una invitación inclusiva a los brazos de la fe en Cristo a «todos» los que necesiten descanso en Dios. Cuando Él es el que reparte alimento «todos» comen hasta saciarse” (Mateo 14:20; Marcos 6:42), pues Dios con amor y sin discriminación cualquiera que sea la condición espiritual delante de Él que tenga el hombre, “hace salir el sol sobre buenos y malos” y a «todos» da aliento para la vida (Mateo 5:45; Hechos 17:25).

Su mensaje de comunión en su sangre derramada y símbolo en el vino del sacramento de la Cena del Señor, nos invita a todos sus discípulos: “Bebed todos” (Mateo 26:27). Cuando enseña su mensaje es para «todos» aunque no todos decidan obedecerle (Marcos 7:14; Juan 6:45). «Todos» tenemos el mismo llamado a al arrepentimiento y la comunión con Dios en un vínculo santo, en las mismas condiciones para convertirnos en sus discípulos y en hijos de Dios (Lucas 9:23; Juan 1:12; 3:16-18; Hechos 2:37-40), de cuya gracia sobre gracia y plenitud tomamos «todos» (Juan 1:16). Cuyo fin último es que «todos» creamos y honremos al Hijo de Dios (Juan 3:16; 5:23) para lo cual Jesús murió en la cruz del Calvario por «todos»,  para atraer a «todos» a sí (Juan 12:32; 1Timoteo 2:3-6).

«Todos» somos personas pecadoras de acuerdo al concepto bíblico, no hay pecadores que por más o menos dignidad reciban menos o más corrección presente y futura por su Padre Dios (Romanos 3:9, 12 y 23; Romanos 5:18), ni es el deseo de Dios que el fin último del hombre sea el castigo, sino una comunión eterna con Él en el pleno disfrute de los beneficios que ello conlleva (Juan 3; 1 Timoteo 2:3-4). Donde pecado en su sentido original hace referencia a que estamos fuera del Plan Eterno de Dios para el hombre, por lo cual nuestras vidas no le agradan en tal condición, habiendo el Creador pensado una mejor vida para sus criaturas. Por tanto «todos» estamos destituidos de Dios, hasta que por la fe en Cristo hacemos efectiva en nuestra vida su justicia (misericordia, perdón y salvación), todo lo cual está disponible para «todos» sin exclusión (Romanos 3:22-23 observe la frase “no hay diferencia” o sea sin discriminación o excluir).

A pesar de que la Biblia tiene un mensaje fuerte de advertencia sobre cuál es el final del camino de aquel que persiste en su pecado, hay un mensaje inclusivo de salvación para «todos». Pues dice que Dios “[…] no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros […]” (Romanos 8:32 (ver también 2 Corintios 15:14-15)), esto por amor, aun estando nosotros en desobediencia a su voluntad y fuera de su Pan Eterno se llevó a cabo tal sacrificio, para que «todos» los que decidan creer tengan «todos» los beneficios de la comunión con Dios (Juan3:16).

Como miembros de una misma Iglesia, Cuerpo de Cristo, Novia del Cordero, es su deseo que todos los miembros, sean biológicamente hombre o mujer, físicamente libre o no, sin importar nacionalidad, raza o color, etc., es el deseo de Jesús que «todos» sean «uno» en Él (Juan 17:21; Romanos 12:5; gálatas 3:26-28). Haciendo vida en común «unánimes juntos» (Hechos 2:1), donde «todos» en común y solidaria convivencia reciban apoyo y ayuda unos de otros (Hechos 2:44-45; Romanos 12:25), con el ideal de que no haya entre los miembros ningún desamparado (Hechos 4:34) y de que «todos» (sin exclusión) lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo (Efesios 4:13).

Pues la verdadera igualdad y dignidad está en la fe en Cristo Jesús la cual nos mueve al mejoramiento humano y espiritual por el arrepentimiento y conversión en una nueva persona según el Plan Eterno de Dios, es ese el único estado espiritual humano en el cual podremos sentirnos totalmente dignificados y dignificar a los demás, como la Biblia nos enseña:

“Pero ahora dejad también vosotros todas estas cosas: ira, enojo, malicia, blasfemia, palabras deshonestas de vuestra boca. No mintáis los unos a los otros, habiéndoos despojado del viejo hombre con sus hechos, y revestido del nuevo, el cual conforme a la imagen del que lo creó se va renovando hasta el conocimiento pleno, donde no hay griego ni judío, circuncisión ni incircuncisión, bárbaro ni escita, siervo ni libre, sino que Cristo es el todo, y en todos. Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia; soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros. Y sobre todas estas cosas vestíos de amor, que es el vínculo perfecto. Y la paz de Dios gobierne en vuestros corazones, a la que asimismo fuisteis llamados en un solo cuerpo; y sed agradecidos. La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría, cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales.”

(Col 3:8-16)

La Iglesia es una comunidad que debe velar que no haya exclusión ni discriminación en ella, ante lo cual sí debemos ser intolerantes, y ejemplo tenemos a Pablo quien reprendió a Pedro ante tal hecho:

“Pero cuando Pedro vino a Antioquía, le resistí cara a cara, porque era de condenar. Pues antes que viniesen algunos de parte de Jacobo, comía con los gentiles; pero después que vinieron, se retraía y se apartaba […] Pero cuando vi que no andaban rectamente conforme a la verdad del evangelio, dije a Pedro delante de todos: Si tú, siendo judío, vives como los gentiles y no como judío, ¿por qué obligas a los gentiles a judaizar?” (Gálatas 2:11-14)

Este mal ejemplo debía ser rechazado y reprendido pues promueve una conducta éticamente contradictoria con el evangelio de Cristo, como dijo Pablo en el mismo texto: “Y en su simulación participaban también los otros judíos, de tal manera que aun Bernabé fue también arrastrado por la hipocresía de ellos”.

Otros personajes y hechos discriminantes entre el Pueblo de Dios que fueron enfrentados por Jesús y los apóstoles son: Diótrefes (3 Juan), los judaizante que discriminaban a Pablo no queriendo reconocer su apostolado, aquellos que querían imponer el judaísmo como norma de salvación para los gentiles, esos que les consideraban como cristianos de segunda clase, la discriminación de las viudas griegas en beneficio de las judías (Hechos 6), el prejuicio cultural de Pedro como judío ante el llamado a predicarle el evangelio a Cornelio (Hechos 10), la molestia de los fariseos ante la mujer portadora de una discapacidad que fue sanada en el día de reposo (Lucas 13:12-17), la actos discriminatorios y excluyentes de los discípulos de Jesús hacia los niños (Marcos 19:13-15), la solicitud de los discípulos de que Jesús rechazara y ordenara irse a la mujer cananea que clamaba por su ayuda (Mateo 15:23), etc. Todos los cuales nos enseñan que ni Jesús ni los apóstoles tuvieron un mensaje con propósito discriminatorio sino que enfrentaron la discriminación.

POR LO CUAL DECLARAMOS QUE:

  1.  La iglesia es la emisaria de Dios y su mensaje bíblico es inclusivo, tolerante y anti discriminatorio.
  2. Consideramos la fe y práctica cristiana como la propuesta divina de un estilo de vida asumido de modo voluntario por cada profesante, cuya proclamación u observancia no tiene como propósito la exclusión o discriminación de ninguna persona cristiana o no, sino que responde a propósitos y comprensiones existenciales, morales, sociales y escatológicas de acuerdo a la interpretación bíblico y teológica de la Iglesia y sus miembros. Estilo de vida que ha de asumirse voluntariamente por la fe.
  3. Declaramos que la confrontación bíblica entre lo pecaminoso y lo santo no responde a aplicaciones sociales con propósitos discriminatorios lesivos a la dignidad humana sino a descripciones de estados espirituales que describen según la revelación bíblica de la voluntad de Dios el real estado y el estado ideal para el ser humano. Ilustrándonos el estado real del ser humano en comparación al ideal divino planeado para él, con sus determinantes en cuanto a la separación y comunión con Dios presente y futura. Ante lo cual declaramos que todo lo que Dios desaprueba en la biblia como pecaminosos no tiene como propósito discriminar o fomentar el odio hacia ninguna persona, sino orientar al hombre hacia el ideal de santidad y vida abundante de Dios.
  4. Dado el punto anterior también declaramos que el propósito cristiano de rechazar personal y públicamente lo bíblicamente determinado como pecaminoso, no tiene el propósito de discriminar, reaccionar políticamente contra las figuras del gobierno humano, ni promover el odio y la intolerancia hacia ningún ser humano que en tal condición práctica espiritual circunscriba su ser, sino que es una búsqueda personal en el creyente y colectiva de la Iglesia de vivir en el concepto bíblico de la santidad, lo cual representa un estado espiritual de aprobación por parte de Dios que nos garantiza la comunión presente y futura con él.
  5. Por tales motivos, declaramos que el discurso cristiano público que incluye el concepto bíblico de lo pecaminoso y el concepto bíblico de la santidad, manifestado en llamados al arrepentimiento, conversión y nuevo nacimiento, no responde al propósito de educar hacia el odio, discriminación o intolerancia sino a la invitación de optar voluntariamente un cambio total de vida en busca del ideal divino revelado en la Biblia para la vida presente y futura del ser humano.
  6. Por tanto, declaramos nuestro total rechazo a que se use la Biblia como discurso o pautas de prácticas racistas, sexistas, intolerantes, o discriminatorias por cualquier razón ya reconocida en la declaración de los derechos humanos o cualquier otra distinción lesiva a la dignidad humana. Desconociendo como creyente, ministro cristiano o Iglesia cristiana todo el que por medio de su discurso público incite al odio, la discriminación o intolerancia. A su vez que nos comprometemos a promover con nuestro mensaje una cultura de paz, tolerancia e inclusión dentro del marco de nuestra creencias, en la práctica de nuestra fe y de acuerdo a los postulados bíblicos.
  7. A la misma vez que declaramos que todo intento de alguna persona, organización o sociedad, de que abandonemos nuestras doctrinas, neguemos nuestros principios cristianos o sacrifiquemos nuestra comprensión de lo que es ético y moral es inaceptable para la Iglesia y los creyentes, dado que la Biblia nos aconseja: “Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres” (Hechos 5:29). Ante lo cual si la sociedad desea acusarnos de tales cosas que no creemos como nuestra fe y rechazamos como nuestra práctica, solo nos queda pagar el precio de nuestra fe, lo cual gustosamente estamos dispuestos; haciendo honor a todos los que antes de nosotros y por todo el mundo han sufrido escarnio, vituperio, segregación social, persecución, arresto e incluso la muerte por permanecer firmes a sus convicciones de fe cristianas.

Según creemos nos hemos declarado todos aquellos que nos suscribimos a este documento. Recomendamos se haga público, se enseñe a nuestras iglesias y sea conocidos por todos.

Redactado por Maikel Mauris Milán Suárez

Vocal del Comité interconfesional designado para estudio y redacción de este Credo, el 4 de Julio del 2018 en la I sección del Concilio Cristiano de las Tunas. Cuba.

Observación: Este es un documento inconcluso en revisión. Sugerimos a todos los creyentes, pastores, congregaciones y denominaciones revisarlo, sugerir cambios, etc., con prontitud. Además de mostrar su interés de rubricar la carta a nombre personal, congregacional o denominacional según cada caso.

Maikel Mauris Milán Suárez

Cel: 54178576

Email: mmilan@1981yahoo.es@