Cursos de verano, una idea a explotar en las iglesias

General Cursos de verano, una idea a explotar en las iglesias

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Crisis de valores, pluriempleo, la escasez económica, baja calidad de la educación, cambios en los ritmos de vida, chicos y jóvenes infoxicados y en constante multitarea, altos índices de embarazo adolescente, consumo de drogas y alcoholismo desde edades tempranas, violencia doméstica, ansiedad y depresión, sin olvidar la frustración de proyectos de vida. Estos son algunos de los rasgos de la educación en Cuba desde hace algunos años, y negarlo es inútil.

Se trata de una realidad que hace que los cubanos, sobre todo adolescentes y jóvenes, necesiten de más y mejores saberes válidos para la vida. Tanto de la guía de patrones de influencia como de saberes prácticos que les permitan abrir su espectro laboral, y tener herramientas para una vida digna.

Ya sabemos que en tal escenario la relación con Dios y sus hijos es el mejor método educativo posible que puede tener un jovencito o adolescente cubano de hoy. Pero sabemos también que a un muchacho no creyente, sobre todo a los de estas nuevas y particulares generaciones Z, no se llega por caminos tradicionales.


¿Qué visión y qué herramientas educativas puede usar la Iglesia de Cristo para acercar a los adolescentes y jóvenes de su localidad posibilidades prácticas de encaminar sus vidas?


Son necesarias herramientas de vida para aquellos que desgraciadamente no escucharán el mensaje de salvación directamente, por ello, vale la pena apostar por la existencia espacios diferentes, no tradicionales en las iglesias protestantes cubanas.

Hablamos de un espacio educativo como un lugar de interacción, un puente entre iglesia y comunidad, capaz de acercar a otros al mensaje de Dios a través de cursos y talleres de verano.

La educación gratis a la comunidad es un área de fácil demostración de amor y servicio práctico, y es capaz de crear espacios de socialización regular entre la comunidad no creyente y la iglesia.

Incluso, estrategias tan simples como impartir una clase justo antes de la hora del culto pueden generar más posibilidades de acceso de estas personas al mensaje.

Estas potencialidades de la educación en la iglesia han sido demostradas por la iglesia católica pero muy poco practicadas por la protestante.

Por ejemplo, ha sido explotada especialmente por órdenes católicas como la de los jesuítas, que durante siglos han ofrecido escuelas y cursos a todo tipo de público, cimentando una reputación de solidaridad y utilidad social que les acerca a la “gente de afuera”.

Es muy sencillo hallar iglesias católicas que ofrecen talleres a adolescentes, o incluso conventos como el habanero San Juan de Letrans, que han hecho de los cursos para adultos y jóvenes su propósito misionero en la comunidad y poseen un largo prestigio gracias a ello.

Pero escasean, a pesar de las grandes y variadas membresías, iglesias protestantes que oferten cursos o talleres a los chicos de la localidad.

Los recursos necesarios no son muchos si se cuenta con un profesor voluntario. Los cursos cortos se podrían suceder en el año. Tampoco sería imprescindible un nivel de especialización extremo, por ejemplo, apenas basta con que dentro de la misma congregación personas que manejen bien su oficio se integren a impartir ocho o diez clases en el año sobre eso.

Por poner un ejemplo, en tres meses es posible impartir dos niveles de idioma, y al tercer mes, cambiar a un curso de información vocacional para jóvenes, herramientas de autoestima, gestión del tiempo, manejo de negocios, comunicación interpersonal, gestión emocional, o más asociados a oficios, como barbería, dulcería, manicura, informática, fotografía, computación, tejido, artesanía, etc.


Los adolescentes no tienen muchas opciones de recreación sana en medio de las escasesez económicas de la postpandemia. La iglesia debe aprovechar esa coyuntura local para ofrecerles espacios puentes a través de talleres o cursos cortos.


Una vez diseñado el curso y el plan de clases, podrían reiterarse en ese mismo orden anualmente, con lo que sería posible que la iglesia vaya solidificando su imagen como una especie de escuelita de la comunidad.

Temporadas del año como el verano serían fácilmente explotables con la oferta de cursos de verano.

También épocas de reinicio mental, como el inicio del año o el inicio de septiembre, son muy apropiadas para ofrecer cursos gratis.

Algunos temas, como el idioma, permiten insertar entre el contenido de clase, muy sutilmente, contenido en torno a valores de vida. Un curso de inglés, por ejemplo, permite hablar de la familia, de la recreación, etc.

Este formato de curso o taller de verano permite dar testimonio de Cristo a personas no seguidoras de Él mediante conductas y actitudes del personal que imparta los cursos. Dar testimonio de la iglesia como una comunidad que extiende su actuar amoroso hacia la localidad de forma práctica. Lograr superar prejuicios de la población local hacia la comunidad de la iglesia para mejorar sus posibilidades de acceder a la palabra de salvación.

Prestar conocimientos válidos a un sector de la comunidad que necesita un uso útil del tiempo libre y herramientas de vida, incluso a aquellos que no aceptarán el mensaje del evangelio nunca, pero bien pueden adoptar para sí conductas y modelos positivos.

Generar un nuevo espacio de servicio para los creyentes de la congregación con saberes válidos que compartir que no se hayan sirviendo y deseen hacerlo.

El recurso humano de un profesor voluntario, con dominio de su tema y suficiente estatura espiritual para generar un testimonio.


Puesto que en general las personas no cuentan con mucho tiempo para integrarse a servicios de larga duración, los profesores apenas tendrían que contar con tres horas semanales destinadas al curso corto de mes y medio, o sea, tendrían que estar dispuestos a impartir doce clases en el año.

También podría ofrecer un taller corto, si no tiene tiempo de impartir un curso corto. Los talleres se resumen en dos o tres clases en que se ofrece información muy compacta de un tema que lo permita).

Finalmente, lograr una matrícula considerable en este tipo de espacios educativos de verano conlleva el trabajo de mesa de un equipo de liderazgo para la preparación de los temas de curso más apropiados a ofrecer y el diseño de la promoción, la organización de los horarios, etc, teniendo en cuenta los rasgos de la comunidad.


Sería bueno diseñar en conjunto qué áreas de conocimiento llaman más la atención de la comunidad y en base a ello ofrecer los cursos cortos. Por ejemplo, son de mucha demanda no solo los idiomas, sino también oficios prácticos como la barbería y peluquería, manicura, computación, dulcería, el manejo e inicio de negocios, etc.

Si se piensa en las necesidades educativas más prácticas y atractivas, y se promueve apropiadamente, los adolescentes y jóvenes acudirán.

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