Engañoso es el corazón más que todas las cosas,

y perverso; ¿quién lo conocerá? (Jer 17:9).

“Haz lo que dice tu corazón” es un credo abrazado por millones de personas. Es una declaración de fe en uno de los más grandes mitos de la cultura pop del mundo occidental. Es todo un manifiesto proclamado en nuestras historias, películas, libros y canciones. En fin, en toda esfera de nuestra vida social.

Esencialmente, es la creencia de que tu corazón es una brújula dentro de ti que te dirigirá por el camino correcto si tan solo tienes el coraje de seguirle.

Esta creencia nos dice que nuestro corazón es un guía fidedigno que nos guiará hacia la felicidad si somos valientes y lo escuchamos. Que nos guiará por el camino que debemos transitar y a obtener las cosas que deseamos.  Este manifiesto humanista nos dice que estamos perdidos y solo nuestro corazón nos puede salvar.

¡Esta es la verdad del momento! ¡Esta es la filosofía de vida que está en el boom en nuestra secularizada y humanista sociedad occidental! Este manifiesto suena simple, bello y liberador a los oídos del hombre caído, para él es un evangelio que creer. Y también se ha convertido en el evangelio que creen muchos que se etiquetan a sí mismos  de seguidores de Cristo.

¿Pero es el corazón realmente un líder en el que debamos confiar ciegamente? Antes de que reconozcamos que tu corazón tiene tendencias insanas quiero que pienses en la siguiente pregunta por un momento: ¿Qué te dice tu corazón? ¿Sabes qué? Si reflexionas en esta pregunta por unos minutos es muy probable que tu corazón te haya dicho cosas que no repetirías gustosamente delante de los demás. Yo no conozco lo que tu corazón te ha dicho pero si lo que me ha dicho el mío y la Biblia establece que es un modelo universal su tendencia al pecado y a la autonomía en cada ser humano.

Mi corazón todo el tiempo me dice que debo utilizarlo para mi propio deleite. A mi corazón solo le gusta pensar lo mejor de mí y lo peor de los otros, a no ser que esos otros piensen muy bien de mí. Si lo hacen, mi corazón me dice que son muy buenas personas. Mi corazón tiende a mirar con enojo y desprecio a todos aquellos que no piensan bien de mí o están en desacuerdo conmigo. Mi corazón constantemente está buscando la manera de llamarle bueno a lo malo y malo a lo bueno. Mi corazón todo el tiempo está exhibiendo mis virtudes pero los errores de los demás. Y lo peor de todo, es que muchas veces le hago caso y me deleito y encuentro atractivo tales inmorales y horribles pensamientos.

¿Te dice algo diferente tu corazón? No te conozco pero no creo que tu corazón sea muy diferente del mío. Pienso que en este punto si eres honesto dirás: “esas mismas cosas me dice mi corazón”.

Por muy atractivo que parezca este manifiesto de “haz lo que tu corazón te dice” es totalmente contrario a la enseñanza de la Palabra de Dios. La palabra de Dios enseña que nuestro corazón está muy enfermo y es muy peligroso fiarse de él (Jer 17:9). Nuestro médico divino nos da una descripción de los terribles síntomas de esta enfermedad del corazón:

Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias (Mt 15:19).

Aunque no lo queramos admitir, la verdad es que nadie nos miente tanto como nuestro corazón. ¡Nadie! El corazón no nos dice la verdad sino lo que queremos escuchar. Si hacemos lo que el corazón nos dice vamos a pervertir y empobrecer todas las cosas buenas que podemos tener. Porque él siempre buscará usar esas cosas para nuestra propia gloria y complacencia.

Obra de Banksy

Definitivamente, el corazón no salva a nadie. La verdad es que necesitamos ser salvados de nuestro corazón. Dios no diseñó nuestro corazón para que fuésemos tras él, sino para que le guiemos. Nuestro corazón fue diseñado para creer en Dios.

Si cometemos el error de ir tras nuestro corazón este nos guiará hacia una vida narcisista y miserable. El orden correcto es que nuestro corazón crea en Dios que es para lo que fue diseñado  y entonces Dios nos salva y dirige nuestros corazones a disfrutar de un gozo pleno (Heb 7: 25, Sal 43:4).

Hacer lo contrario siempre traerá consecuencias desastrosas: cuando David dejó de ser un hombre conforme al corazón de Dios para seguir al suyo no hizo las cosas muy bien que digamos: estuvo a punto de cometer una masacre contra Nabal y los de su casa por venganza propia (2 Sam 25: 32-34). Adulteró con Betsabé y mandó a matar a su esposo Urías. Realizó un censo que Dios no había mandado y trajo como resultado la muerte de setenta mil personas.

Si has leído la Biblia sabes que está llena de ejemplos que nos advierten para que no nos dejemos guiar por nuestros caídos corazones porque las consecuencias serán negativas siempre.

La enseñanza bíblica es clara mi querido hermano: no creas en tu corazón. Sino, dirige tu corazón a creer en Dios. No sigas a tu corazón; sigue a Jesús. Nuestro corazón tratará de guiarnos cada día pero no dejemos que haga tal cosa porque él la mayoría de las veces nos dirá lo que queremos hacer y no lo que debemos hacer. El corazón no es un pastor guía sino un lobo voraz. Así que no le sigamos y tengamos cuidado aún de escucharlo.

Jesús es nuestro pastor y él es a quien debemos seguir (Sal 23:1, Jn 10:11). Debemos ser fuertes y dirigir nuestros corazones  a escuchar la voz de Dios a través de su Palabra revelada. No dejes que tu corazón dirija tus pasos sino la Palabra de Dios. No sigas a tu corazón sino a tu creador.

Nuestro corazón debe estar en sincronización con los mandamientos divinos y si esto no es así entonces debemos someterlo a la autoridad de la Palabra de Dios. Pero nunca al revés, nunca la autoridad de la Palabra de Dios a los caprichos de nuestro corazón.

Nuestro corazón debe ser vigilado constantemente y tratado sistemáticamente con el ungüento de la Palabra de Dios. Pues solo un corazón bien abonado con la verdad de Dios producirá frutos buenos y dulces  que glorifiquen a Dios.

Dios te bendiga.