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Cuatro razones para superarme académicamente

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Instruirse es útil y adecuado para cada creyente. Foto: Tomada de everystockphoto

1 Ser competente

Existe mucha diferencia entre estudiar con el propósito en mente de ser más competente en el ministerio, a estudiar para alcanzar un estatus académico.

La principal diferencia puede estar en lo que Jesús definió como «ser visto por los hombres o ser alabados por ellos».[1] La motivación del por qué hacemos las cosas es lo que hace la diferencia.

Este es un punto esencial a considerar en la educación teológica que nos proponemos alcanzar, procuramos alcanzar una titulación o buscamos una superación que nos coloque en un peldaño que nos haga mucho más aptos para servir.

Pareciera que para algunos solo existe la preocupación de la mencionada titulación, mientras que para otros demostrar que no me he quedado atrás, o que estoy en todas, se constituye en la meta.

La competencia que queremos brindar en nuestro servicio cristiano debe ser el móvil de nuestro acercamiento a la disciplina de cultivarnos superándonos.

Ser mejores es lo que nos debe impulsar a las aulas, los libros y el estudio.

2 Aceptar el llamado

¿Qué es realmente superarse desde el punto de vista cristiano?

Es comprometerse, responsabilizarse, aceptar el llamado divino.[2]Adquirir de Dios es contraer deberes con Dios. Crecer en la gracia de Dios es aceptar el yugo de Dios.

Estudiar conlleva sacrificio, gastos, esfuerzos, y acarrea deudas con el Dios que pone en nosotros herramientas y nos empodera como administradores de los misterios del reino.[3]

Lo que recibimos lo recibimos para más tarde ser entregados a los que Dios pone a nuestro cuidado.[4]

El conocimiento de Dios no puede ser patrimonio exclusivo de iluminados, no puede ser enterado.[5] El ciclo de recibir y dar debe caracterizar nuestro propósito de superación.

Podemos pensar en hombres con tal grado de erudición que asombrarían a los creyentes más estudiados de nuestros días, pero su conocimiento queda en entredicho cuando vemos que se enclaustran lejos de los campos donde su superación pudiera hacer la diferencia al servicio de los ignorantes. Conocimiento constatable conlleva práctica ejecutable.

3 Ser dinámicos

El servicio y el ministerio reclaman una preparación en conocimientos también.

Nuestras instituciones educativas no trabaja para justificar su derecho a existir, trabaja para formar, educar, no solo en las áreas del conocimiento, sino también de la práctica y de la espiritualidad.

Un autoexamen que deberíamos hacernos es preguntarnos ¿Qué ha pasado en mi vida después de mi año educativo? ¿Qué he hecho con los conocimientos adquiridos? ¿Sigo siendo el mismo de antes? ¿En qué ha mejorado mi ministerio?

Si no puedo documentar ningún avance, ningún cambio, entonces sería bueno preguntarme, qué perseguía con mi superación.

Lamentablemente, con el fortalecimiento de la retórica del pensar, muy propia de estos tiempos, están los que con aire de superioridad se la saben todas y asumen su paso por las instituciones educativas sin asimilar nada porque han cerrado su corazón a recibir lo que les desafía, lo que les rompe sus esquemas y les destruye el caparazón estrecho donde se han refugiado.

Dios es el principal interesado en una formación y en una superación constante. El ministro de Dios, entiéndase cualquier ministro independientemente del área en que sirva dentro del cuerpo de Cristo, está llamado a un ininterrumpido e interminable mejoramiento.[6]

Tomará toda una vida comprender la anchura, la profundidad y la altura del conocimiento de Dios.

Rechazar la instrucción con el propósito de enaltecer la espiritualidad es un error que  nunca termina bien. No existe una espiritualidad, en el sentido verdadero, aprobada por Dios si la que pretendemos está al margen de una intensa e invariable capacitación.

Una espiritualidad sana siempre ira aparejada de una sana nutrición cognitiva.

La vida del ministro debe caracterizarse por un dinamismo movido por la continua renovación del conocimiento y la práctica en una nutrición fresca y sistemática.

4 Ser actualizado

Inculcar el amor por el conocimiento constante y bien usado es esencial

El ejercicio competente demanda una actualización constante, nuestro mundo cognitivo se mueve hacia la especialización.

Constantemente afloran nuevos conceptos y se consolidan especialidades emergentes. El mundo del saber no se ha detenido, sino que cada día se actualiza y se perfecciona.[7]

Agreguemos a todo esto que los constantes cambios sociopolíticos y culturales mueven la dinámica del entorno donde nos ha tocado ministrar afectándolo significativamente.

La búsqueda de una fresca información que nos mantenga a la vanguardia de la actualidad debe dominar, nuestras predicaciones y nuestro enfoque en el trabajo ministerial.

Seguir escribiendo en papel carbón y máquinas de escribir solo si no tenemos acceso a las modernas impresoras y a los teclados inteligentes, pero que no se diga que desconocemos la tecnología actual por aferrarnos a la de los años 30.

El propósito de nuestra educación debe ser incentivado por nuestro deseo de conocer lo que está aconteciendo en cuestión de novedad.

Una actualización constante nos dejará en mejores condiciones de ofrecer un cada vez más excelente y renovado mensaje acorde a nuestros tiempos y nuestras necesidades.

En conclusión, la necesidad de una superación a través de una educación teológica debe mantenernos invariablemente en el mover continuo de Dios.

Procurando una inversión que rinda frutos, no trofeos. Una superación que nos mantenga en la primera fila de la comprensión y del conocimiento de la voluntad divina; con un mensaje fresco, vibrante y poderoso en Dios.

[1] Mt 6:1-2,5

[2] Lc 12:48b

[3] 1 Co 4:1-2

[4] 1 P 4:10

[5] Mr 25:24-26

[6]Ef 3:18-19

[7]Dn 12:4

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