Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos(Mt 5:3).

El exitoso periodista y escritor Lee Strobel, quien llegó a ser en el pasado un férreo escéptico y detractor de la fe cristiana. Nos cuenta en uno de los varios libros que ha escrito defendiendo el cristianismo ─después de un duro peregrinar del escepticismo a la fe─, una historia sumamente interesante. En este libro: El caso de la fe, nos narra su entrevista con Charles Templeton . Un hombre que había pasado de ser un prominente pastor ─contemporáneo de Billy Graham, y muchos los comparaban augurándole a Templeton una carrera más brillante─, a un resentido agnóstico que ridiculizaba la fe cristiana en cada oportunidad que tenía.

Lee Strobel estaba interesado en saber qué había conducido a esta persona a un cambio tan radical en su cosmovisión. Entre las razones que Templeton le dio, resaltó la pobreza y miseria que existen en este mundo, y eso, ─dijo─ no puede ser reconciliado con la idea de que existe un Dios amoroso y todopoderoso. Templeton le confesaba a Lee que su desprecio hacia la idea de un Dios amante y benévolo comenzó cuando vio una foto en la revista Life que presentaba a una madre de un pequeño pueblo pobre del norte de áfrica, que atravesaba una terrible sequía, con su bebe muerto en sus brazos y su mirada hacia el cielo como esperando algo.

He empezado con esta triste historia, triste en ambos sentidos: que una madre pierda a su bebe por falta de agua y que un pastor, que supuestamente entendía lo que la palabra enseña, le diera la espalda a Dios porque el mal existe en este mundo y afecta a la humanidad de diversas maneras. Quiero que con esta imagen en mente te preguntes: ¿Qué es la pobreza? ¿Qué es lo que hace que una persona sea pobre? Bueno, lo que hace que un apersona sea pobre son sus carencias. Entonces, a mayor carencia mayor pobreza y, viceversa, a menor carencia menor pobreza.

En el griego ─lenguaje en que se escribió el nuevo testamento─ hay dos palabras distintas para señalar dos tipos distintos de pobreza. La primera palabra (pénẽs), señala a esa persona que tiene lo suficiente para vivir. Se refiere a una persona que es pobre pero tiene las condiciones mínimas para sobrevivir. En otras palabras: pasa trabajo y escaseces, pero vive. La segunda palabra (ptõchós), señala a la persona que carece de las cosas necesarias aun para lograr sostener su vida. Indica la idea de alguien con una dependencia social absoluta. Un ejemplo de esto son los mendigos que vemos en la calle; estas personas dependen completamente de la caridad de otros para poder vivir. La palabra que Jesús usa en nuestro texto es la segunda que hemos mencionado: ptõchós.

Creo que ya estamos en condiciones de preguntarnos: ¿Qué fue lo que quiso decir Jesús con “pobres en espíritu”? ¿Qué significa esta expresión? En el artículo pasado vimos lo que no significa y repito: no es ser pobre materialmente, no es tener un espíritu pobre, no es ser tímido o introvertido y, finalmente, no es meramente practicar un lenguaje humilde cuando hablamos con otros.

El “pobre en espíritu” es aquel que sabe que no es nadie y que no posee nada. Aclaro, nadie es pobre en espíritu por naturaleza. Por naturaleza, todos somos orgullosos y egocéntricos y nos deleitamos con la imagen que hemos creado de nosotros mismos. El pobre en espíritu es aquella persona que iluminada por el Espíritu de Dios ha llegado a tener una correcta comprensión de su situación, de la gravedad de su condición pecaminosa y reconoce que no puede salir por sí mismo de esa situación.

Este entendimiento de su realidad le lleva a los pies de Dios clamando por misericordia y gracia (Lc 18:13). A esta persona le resulta despreciable la idea de presentarse delante de Dios vanagloriándose y exaltándose por sus logros (Lc 18:11-12). El Antiguo Testamento nos presenta esta verdad con la figura de un corazón contrito y humillado y nos dice, que nadie que acuda a Dios en ese estado será rechazado.

El mundo hace énfasis en la autoconfianza como algo imprescindible para obtener el éxito. ¡Confía en ti mismo! ¡En ti está el potencial! ¡Cree en ti y lograrás lo que te propongas! Constantemente somos bombardeados con ideas de este tipo en la televisión, en las revistas, en la música y todo tipo de medios de comunicación. Los tentáculos de la gran maquinaria humanista-existencial llegan a todos lados.

En completa oposición a este mensaje centrado en el hombre, Jesús dice lo contrario: “bienaventurados (felices, plenos, satisfechos, dichosos) aquellos que saben que no son nadie, que no tienen nada y que por sí solos nada pueden hacer”. ¿Recuerdas la palabra que Jesús usa para describir el tipo de pobreza a la que se está refiriendo? ¿Te imaginas a un mendigo exigiendo? Creyéndose que es alguien y que tiene algo. Es muy raro ver en la vida práctica a un mendigo que actué de esa forma. En la casi totalidad de los casos estas personas reciben con urgencia y desesperación lo que se les dé. ¿Por qué? Porque saben que no tienen nada, no hay nada que exigir. La dependencia es absoluta.

Un ejemplo que nos ilustra a la perfección lo que es ser “pobre en espíritu” lo tenemos en Mateos 15: el relato de la mujer cananea. Esta mujer, nos narra la escritura, tenía una hija que estaba siendo fuertemente atormentada por un demonio y clamaba: ¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de mí! Ella reconocía su completa impotencia para resolver la situación aflictiva de su hija, por lo tanto, clamaba a aquel que la podía resolver.

La respuesta que Jesús le da a esta mujer a primera vista parece bastante desagradable. Y es que en la cultura judía un “perro” era un animal despreciable y odiado, no una bella mascota que se tenía en casa para ser alimentada y apapachada como en nuestra cultura. Pero si bien sorprende la respuesta que le da Jesús a su petición, más sorprende aun la actitud de aquella mujer ante la respuesta de Jesús. Esta mujer no saco su “autoestima” a flote y dijo: “quién es usted para llamarme perro, me voy a otro lado a pedir ayuda”. ¿Fue eso lo que hizo? ¡Claro que no! Su respuesta nos deja ver su pobreza en espíritu: “sí, Señor, pero aun los perros comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos”. ¡Wow! Jesús no tuvo más que alabanzas hacia la actitud de esta mujer.

Este tipo de actitud es antagónica a la actitud que el mundo promueve como esencial para lograr una vida de éxito y felicidad y, peor aún, es antagónica a la actitud que promueven movimientos “evangélicos” como la Teología de la Prosperidad y Palabra de Fe. Estos movimientos cuentan con adeptos a lo largo y ancho de toda la comunidad evangélica. Usted puede encontrar personas que apoyan estas ideas teológicas prácticamente en cualquier denominación. Estas teologías están pensadas para inflar el orgullo humano, pero nadie puede pasar con su orgullo inflado por la puerta estrecha que describe Jesús (Mt 7:13-14).

Solo aquellos que son pobres en espíritu: aquellos cuyo orgullo ha sido desinflado cual globo explotado por el pinchazo de una aguja, estos y solo estos(énfasis del texto griego), están preparados para entrar por la puerta estrecha y disfrutar el reino de los cielos.

Dios te bendiga.