“bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación”.

Mt 5:4

Un padre y su pequeño hijo caminan por la calle cuando se les cruza en el camino un vendedor ambulante pregonando sus ricos sorbetos. El pequeño le pide al padre que le compre uno — pero si te comiste uno hace menos de una hora — replica el padre. De inmediato el pequeño irrumpe en llanto, cualquiera pensaría que le están torturando por la intensidad con que llora. El padre incomodo con el número que su hijo le está montando le reprende duramente — ¡déjate de llorar por gusto! Los hombres no lloran, eso es de niñas.

¿Has presenciado alguna vez una escena parecida a esta?

Si la primera bienaventuranza: “bienaventurado los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos”, resultó, de seguro, extraña a los oídos de los que escuchaban aquel día. Esta segunda bienaventuranza lo debe haber sido aun más. La imagen que el mundo tiene de una persona bienaventurada (feliz, plena, dichosa, satisfecha)  no es la imagen de alguien llorando. En la casi totalidad de los casos dicha imagen es asociada a debilidad y desgracia.

Para el mundo una persona feliz es aquella que siempre aparenta tenerlo todo bajo control. Estas personas nos dan la impresión de estar siempre firmes y seguros y nunca ser sorprendidos por ninguna eventualidad. Siempre están pasándola bien.

Por ejemplo, observa a los actores y actrices famosos de Hollywood. ¿No es la actitud antes descrita la que nos muestran estas personas todo el tiempo? Siempre con sus caras pulidas, mostrando sus sonrisas de quirófano. Intentando dar la impresión de que viven vidas perfectas. Parece que nada les preocupa y que la palabra dolor y sus efectos son desconocidos para ellos. Vaya, parecen vivir el final feliz de las películas de Disney.

Los niños llorones, de Bruno Amadio. Imagen tomada de 20 minutos.es

Bienaventurados los que lloran, ¿Qué significa? Bueno, antes de llegar a eso —tema de otro artículo— vamos a ver lo que no significa: ¿Qué fue lo que no quiso decir Jesús con esta bienaventuranza?

Podemos identificar tres tipos de lloro. En primer lugar, el lloro natural: es aquel que se produce por razones naturales. En segundo lugar, el lloro pecaminoso: es aquel que produce como resultado de nuestro pecado y rebelión contra Dios. Y en tercer lugar, el lloro espiritual: es aquel que se produce como resultado de la gracia de Dios en la vida de un hombre.

Si entendemos esta bienaventuranza en el contexto de lo que enseña toda la escritura se hace evidente que Jesús se está refiriendo al tercer tipo de lloro. En este artículo vamos a detenernos en los dos primeros para que comprendamos que fue lo que no quiso decir y no caigamos en interpretaciones erradas.

Lloro natural

El pintor Bruno Amadio pintó una serie de imágenes de pequeños angustiados que generó mucha polémica sobre la II Guerra Mundial. Imagen tomada de radioactivity

El lloro natural pude abarcar muchas cosas. Por ejemplo, es completamente natural que alguien llore la pérdida de un ser querido: padre, madre, hermano, amigo, cónyuge, etc., etc. De hecho, nosotros los cristianos lo hacemos todo el tiempo al igual que el resto de las personas.

Cuando Pablo le escribe a los tesalonicenses su primera carta al parecer estaban sufriendo por la pérdida física de algunos hermanos en la iglesia y en el capítulo cuatro versículo trece Pablo les dice que aunque es normal la tristeza que eso produce debemos tener presente que nuestra tristeza no es como la de los otros, pues nosotros tenemos esperanza.

Una persona puede llorar también por un dolor físico. Cuando el dolor físico es muy intenso es normal que la persona que la persona llore: mi esposa padece de un tipo de migraña bien bravo y en muchas ocasiones la he visto llorar producto de la intensidad del dolor.

También se puede llorar por una escena conmovedora: en las películas se recrean escenas tan conmovedoras que fácilmente pueden llevar a una persona a derramar lágrimas. El lloro natural incluye muchas cosas que nos pueden hacer llorar, pero no es de este tipo de lloro que Jesús está hablando aquí.

Lloro pecaminoso

Imagen tomada de Pinterest

Este lloro es producido por las consecuencias de nuestros actos pecaminosos. En capitulo cuatro del libro de génesis tenemos el relato de Caín y Abel. La Biblia nos narra como Caín sintió envidia de su hermano porque Jehová había aceptado al ofrenda de Abel pero no la suya.

La envidia fue tan grande que llegó al extremo de matar a su propio hermano. Unos versículos más adelante vemos que Dios castiga a Caín por el crimen cometido y es interesante la reacción de Caín: “grande es mi castigo para ser soportado”. El estaba sintiendo dolor por las consecuencias de su pecado, no por el pecado cometido en sí. De la misma manera, la gente todo el tiempo llora por las consecuencias de sus actos pecaminosos.

A veces, pareciera ser que se apartan del pecado, pero es una mentira, si se les diera la oportunidad de hacerlo sin consecuencias lo harían gustosamente. Cuántas personas vemos entrar a las iglesias en medio de situaciones difíciles y pensamos que abrazan a Cristo verdaderamente porque parecen reformar sus vidas, pero todo es una ilusión, una mentira. Cuando pasa el dolor de las consecuencias del pecado y todo es olvidado enseguida se vuelven a su antigua vida.

El lloro pecaminoso sin duda está presente en este mundo pero no es de este lloro que Jesús está hablando aquí. Es evidente que Jesús está hablando aquí del tercer tipo de lloro, el lloro espiritual. Que se produce como resultado de la gracia de Dios operando en el corazón de una persona.