Cristiana agradece a Dios por guardar la vida de su familia en un incendio doméstico

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Iris Pedrero es una mujer con una actitud constante de servicio. Los que la conocen están acostumbrados a verla salir de una casa a otra, con una fila de niños revoltosos siguiéndola, o a ver sus fotos de pequeños de cabeza rapada, en una cama de hospital, riendo con sus chistes, cuando se disfraza de payasa terapéutica y lleva esperanza a los lugares más difíciles y descorazonadores, las salas de oncología infantil.

Esta semana, un incendio la despertó entre llamas altas en su propia casa en la localidad habanera de San Agustín, y al correr hacia la salida, encontró a su esposo batallando por apagar un fuego que ya llegaba a las dos habitaciones de su pequeña vivienda. Entre los gritos de los vecinos, que se habían despertado sobresaltados en medio de la madrugada, lograron controlar las llamas gracias a que ese día, el tanque de agua que nunca suelen llenar estaba "casualmente" lleno.

La noticia de que su casa se había quemado fue de boca en boca entre los hermanos del reparto, como suele suceder con las personas queridas, y cuando fuimos a su encuentro, en lugar de hallar una Iris traumada o llorosa, encontramos a la misma hermana de siempre, agradecida a Dios y convencida de su amor.

Nos cuenta que en su casa, su yerno parquea una moto con batería de litio en la sala, pero que casi nunca dejan el extintor allí. Excepto esa noche. Tampoco suelen tomarse el trabajo de llenar el tanque de agua, pero, dice Iris, por la misericordia de Dios esas dos cosas pasaron ese día.

Con una explosión a las cuatro de la madrugada en una casa tan pequeña como la suya, pnsamos, de no haber tenido ambas cosas no sabemos qué habría pasado.


El esposo sufrió quemaduras en el rostro y cortes en los brazos que está curando poco a poco, y las paredes y algunos muebles sufrieron los mayores embates del fuego alto, pero más allá, no hubo pérdidas.


En cuanto a la reacción de las personas y los hermanos de fe, Iris nos cuenta que está agradecida de cómo se han portado. Su pastora y varios hermanos han ido a apoyarla llevandole alguna ropa y lo que han podido aportar, sobre todo, el ánimo de acompañarla y animarla en fe.

Cuando nos vamos, nos despide en el balcón la misma sonrisa de siempre. Cuando ora para despedirnos, iris pide que ningún hermano tenga que quitarse nada de sus finanzas para ayudarla, en vez de pedir por ella, y agradece a Dios todo su respaldo.

Nos parece que más que llevarle a ella, hemos venido a recoger de su espíritu de amor por Dios, y de su actitud optimista.


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Publicado por Royler Marichal
Royler Marichal
CEO de Maranata Cuba y CluzStudio.com, profesor de historia de la Iglesia en el Instituco Bíblico Elim de Cuba, esposo, papá y emprendedor sin remedios.

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