Pues no me envió Cristo a bautizar, sino a predicar el evangelio; no con sabiduría de palabras, para que no se haga vana la cruz de Cristo. Porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios (1Co 1: 17-18).

Cuando el apóstol pablo le escribió a los romanos, en el capítulo 1, luego de presentarse y explicarles el motivo por el cual les escribía pasa a presentarles la tesis fundamental de la carta en los versículos 16 y 17:

Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego. Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá.

Notemos la frase introductoria: porque no me avergüenzo del evangelio. ¿Por qué Pablo dice esto? Si había alguien que tenía todas las credenciales para sostener tal afirmación, ese era pablo: encarcelado varias veces, expulsado de ciudades, sacado en secreto más de una vez para poder conservar la vida, escarnecido, acusado de blasfemo y transgresor de la ley por las autoridades religiosas de Jerusalén. Y por si todo esto fuera poco, también fue azotado, apedreado y dejado por muerto en una ocasión.

Con este historial cualquiera pudiera sentirse tentado a avergonzarse del evangelio. Sin embargo, el apóstol nunca se dejó intimidar por las autoridades religiosas de su tiempo, así como tampoco, por los cultos paganos que se efectuaban en las ciudades donde predicaba el evangelio. Tenía la suprema convicción de que solo el evangelio era poder de Dios para salvación. De que ningún otro mensaje o filosofía de elaboración humana podían rescatar al hombre pecador de las llamas del infierno. Así que, por esta convicción, estuvo dispuesto a soportar todo tipo de afrentas por mantener la pureza del evangelio.

Recuerda que en esta serie el tema es la unidad de la iglesia. y en este artículo veremos la segunda cosa que pablo menciona para lograr la unidad de la iglesia en la sección de la carta a los corintios ─1Co 1:10 a 3:23─ que empezamos a analizar en el artículo pasado. Esta es:

La unidad cristiana se produce en una iglesia cuando mantenemos la pureza del evangelio de la cruz y su lugar fundamental.

En cada sociedad el hombre siempre ha tendido a encajonarse en diversas categorías para de esta forma distinguirse. En nuestra sociedad podemos encontrar categorías como: pobres y ricos, intelectuales e ignorantes, capitalistas y socialistas, de derecha y de izquierda, etc. Del mismo modo, en los días del apóstol pablo los existían diferentes categorías  en las que las personas se ubicaban para distinguirse entre ellos: gentiles y griegos, romanos y barbaros, libres y esclavos, nobles y plebeyos, etc. pero pablo ataca esas divisiones falaces y les enseña que la verdadera línea divisoria que separa a los hombres es la palabra de la cruz.

En el versículo 18 Pablo dice que para aquellos que se pierden la palabra de la cruz es una locura, una tontería. El hombre natural ve como algo completamente descabellado que la salvación de la raza humana dependa de un judío que fue crucificado en una cruz. Esto es algo que no tiene la más mínima lógica en la mente del incrédulo. Pero para los que se salvan ─nosotros los creyentes─  es poder de Dios.

Es por esta inobjetable verdad que el apóstol nunca estuvo dispuesto a cambiar la exposición fiel del evangelio por discursos motivadores o programas sensacionales como están haciendo muchos pastores y lideres en nuestros días. Parece ser que muchos pastores han dejado de creer que el evangelio es poder de Dios para salvación y que tenemos que recurrir a ciertas y determinadas estrategias para darle poder y vitalidad a la iglesia.

En el artículo pasado mencionamos la férrea afición de los griegos a la filosofía y a la retórica. Estas personas eran adeptas a las cuestiones culturales de la época, tanto era así, que habían introducido todo este bagaje cultural dentro de la iglesia. A pesar de este panorama tan negativo dentro de la iglesia el apóstol estaba plenamente consciente de que los corintios no necesitaban más filosofía, ni mas retorica, o alguna clase de entretenimiento especial.

Ellos necesitaban que se les enseñara con toda claridad y sencillez la obra de redención llevada a cabo por Dios a través de la persona y obra de Jesucristo, esto es: su encarnación, muerte, resurrección y ascensión. En palabras más simples: ellos necesitaban el evangelio de nuestro señor Jesucristo en toda su dimensión de pureza y centralidad. Por eso cuando pablo fue a corintio dejó bien claro que su mensaje no consistía en un nuevo sistema filosófico superior a los demás. No, era el anuncio del plan redentor diseñado por Dios para salvar pecadores.

Pablo también les enseña que Dios decidió salvar a pecadores utilizando una metodología que la sabiduría humana jamás hubiese podido imaginar: ¡un mesías crucificado y la locura de la predicación! Al hombre le podrá parecer una estupidez y una tontería pero aquello que Cristo hizo en la cruz del calvario es el único camino a la salvación del alma. Nadie será salvo, absolutamente nadie a menos que crea en Cristo. Y nadie puede creer en Cristo a menos que se exponga al mensaje del evangelio. Sustituir ese mensaje por un programa mas entretenido y mas acorde con las tendencias culturales del momento es poner a un lado el poderoso medio que Dios ha prometido usar para salvar a los pecadores. Y utilizar en su lugar un instrumento que solo puede poner cadáveres en movimiento pero no darles vida.

Alguien preguntará: ¿Qué tiene todo esto que ver con la unidad de la iglesia? No nos olvidemos que el tema aquí es la unidad de la iglesia. La verdad es que tiene todo que ver porque los ciudadanos de corintios se dividían entre sí según la afinidad filosófica que tuvieran como mencionamos en el articulo pasado. Pero tal división no puede tener lugar en una iglesia donde todos somos regidos por la sabiduría de Dios revelada en el evangelio de la cruz.

Esa cruz es el único punto válido de referencia para separar a los hombres. Solo la cruz de Cristo puede hacer eso. Por un lado están los que se pierden y por el otro los que se salvan. ¿Entonces como podemos los creyentes estar divididos si somos participes del mismo evangelio? Este evangelio es el ente que produce una verdadera unidad en la iglesia de Cristo. Si estamos conscientes de que todos los creyentes verdaderos adoramos al mismo Dios, que fuimos llamados a salvación por el mismo Dios, que fuimos lavados en la misma sangre y comprados por el mismo precio. Si estamos realmente conscientes de estas cosas seremos personas que promueven la unidad en la iglesia independientemente de las diferencias en cuestiones secundarias que puedan surgir entre nosotros.

Sin duda alguna, mantener la pureza y centralidad del evangelio en nuestras iglesias nos ayudará a mantener la unidad y el vínculo de la paz.

Dios te bendiga.