Pues mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a los fuerte; y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es, a fin de que nadie se jacte en su presencia. Mas por el estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención; para  que, como está escrito: El que se gloria, gloríese en el Señor (1Co 1: 26-31). 

Una de las estrategias de mercado que más se usa hoy en día por las grandes corporaciones para lograr tener ventas exitosas de sus productos es buscar gente famosa que los use. Cuando una de estas personalidades que arrastran millones de fans, ya sea un cantante, actor o actriz, deportista, intelectual, etc., usa un determinado producto motivará a muchísimas personas a usar también ese producto.

Por ejemplo, si un deportista tan conocido a nivel mundial como lo es el futbolista portugués Cristiano Ronaldo ─conocido como CR7─ sale en un anuncio vistiendo una camiseta de una determinada marca esto provocará que millones de fanáticos empiecen a comprarse camisetas de esa misma  marca.

Esto es un negocio tan lucrativo que las grandes compañías no escatiman recursos para lograr que las grandes estrellas promuevan sus productos. Tanto es así, por mencionar tan solo un pequeño ejemplo, que la compañía Nike hace algunos años firmó un contrato de más de 90 millones de dólares con el afamado basquetbolista norteamericano Lebron James para que este usara y promoviera los productos de dicha marca.

Ahora bien, algo que es bastante chocante y lamentable es observar, en muchas ocasiones, dentro de la iglesia esa misma estrategia para traer a los incrédulos al evangelio. En estas iglesias las “estrellas” cristianas del momento son altamente cotizadas. Son presentados como dioses en la tierra. Cuando usted ve a la mayoría de estos “artistas” se da cuentan que trabajan, no para el reino de los cielos, sino para la edificación de sus propios reinos. La iglesia actual, de manera general, está enferma con el virus del triunfalismo positivista, el cual ha provocado una enfermedad que está destruyendo la unida de la iglesia. Una iglesia que promueve estrategias que alimentan el orgullo y exaltan el ego es una iglesia que ha construido el escenario perfecto para desarrollar la desunión y el caos entre los hermanos.

Quiero aclarar que esto no quita el hecho de que hay personas dotadas por Dios con grandes habilidades para manejar grandes ministerios. Pero cuando usted observa  su vida y ministerio se percata que son siervos de Dios. Los mencionados en el párrafo anterior son charlatanes de pulpito que con su mensaje y conducta promueven el orgullo, la codicia y una vida cristiana superficial que pretende conocer a Dios pero en el fondo todo es una mentira.

Otra cosa fundamental para lograr la unidad en la iglesia la podemos ver entre líneas en nuestro texto base, esta es:

La unidad cristiana se produce cuando estamos cultivando un corazón humilde.

En el versículo 27 pablo aclara que es Dios quien escoge, que es Dios el que llama. Leamos una vez más:

Sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte.

Si Dios es el que hace todo esto, es absurdo que los creyentes alimenten el ego tomando como base ciertas cosas que han logrado. Porque en el fondo todos somos miserables pecadores salvados por la gracia de Dios. En el fondo todo lo que hemos logrado es porque Dios en su misericordia nos lo ha permitido. Escuchemos a Santiago:

Amados hermanos míos, no erréis. Toda buena dadiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación (Stg 1: 16-17).

Como dice el apóstol Pablo en nuestro texto:

A fin de que nadie se jacte en su presencia (versículo 29).

Querido hermano no son las grandes habilidades de ningún predicador las que salvaran al pecador. Es el evangelio por el poder del espíritu santo. ¡El evangelio es poder de Dios! Dios diseño cuidadosamente la salvación para que solo Él se lleve toda la gloria (versículo 30).

No hay lugar para la jactancia. Solo hay lugar para ser humildes y reconocer que toda la gloria le pertenece a Dios. Si todos los hermanos de una congregación, entendiendo esto, procuran cultivar la humildad en sus vidas y no promover la gloria propia tendremos sin duda alguna una iglesia unida.

Lo opuesto de la humildad requerida para la unión de la iglesia es el orgullo y el egocentrismo. De modo que debemos luchar en nuestras vidas para no darle cabida a estos sentimientos negativos que nos pueden convertir en instrumentos de división en la iglesia.

Solamente puede crecer en unidad una iglesia que esta cultivando la humildad en el día a día. Quisiera terminar este artículo mostrándote varias de las  sugerencias para cultivar la humildad y debilitar el orgullo que aparecen en el libro escrito por C. J. Mahaney titulado Humildad: grandeza verdadera.

Lista de sugerencias

Siempre:

  • Reflexionar acerca de lo maravilloso de la cruz de Cristo.

Al comenzar cada día:

  • Comenzar el día reconociendo nuestra dependencia de Dios y la necesidad que tenemos de Él.
  • Comenzar el día expresando gratitud a Dios.
  • Practicar las disciplinas espirituales: oración, estudio de la palabra de Dios, adoración. Hacerlo de forma consistente cada día y al finalizar el día, de ser posible.
  • Aprovechar el tiempo que toma para desplazarse al trabajo para memorizar y meditar acerca de la Escritura.
  • Dejar nuestras preocupaciones en sus manos, porque el cuida de nosotros.

Al finalizar cada día:

  • Al terminar el día ceder toda la gloria a Dios.
  • Antes de acostarse, recibir el don del sueño de parte de Dios y reconocer el propósito que tiene para nuestro sueño.

En Isaías 66:2 el profeta nos dice:

Yo miraré a aquel que es pobre y humilde de espíritu y que tiembla a mi palabra.

Este pasaje nos enseña que la motivación y propósito de buscar la verdadera humildad, no tiene nada que ver con lo que nos dice los manuales seculares de la “humildad”. Este pasaje nos enseña que nuestra motivación y propósito se basan en algo asombroso: la humildad atrae la mirada de nuestro Dios soberano.

Dios te bendiga.

Lea también toda la serie en orden:

Construyendo una iglesia unida: Cristo nuestro fundamento

Construyendo una iglesia unida: la pureza y centralidad del evangelio