1Co 1: 12-13
Quiero decir, que cada uno de vosotros dice: Yo soy de Pablo; y yo de Apolos; y yo de Cefas; y yo de Cristo. ¿Acaso esta divido Cristo? ¿Fue crucificado Pablo por ustedes? ¿O fuisteis bautizados en el nombre de Pablo?

Cuando leemos la primera carta a los corintios nos damos cuenta que esta era una iglesia con muchos problemas. En su mayoría, los corintios habían dejado que todo el sistema mundano entrara en las congregaciones donde estaban. Por ejemplo, se habían apegado a filosofías humanas, los primeros cuatro capítulos hablan de ello.

Idolatraban a sus héroes como mismo hacían los paganos en su sociedad, el capítulo 3 habla de ello.
También, estaban empantanados en una terrible inmoralidad sexual, los capítulos 5 y 6 hablan de ello. Se demandaban unos a otros en las cortes judiciales, el capítulo 6 habla de ello. Habían entendido de forma errónea el hogar y el matrimonio, el capítulo 7 habla de ello. Estaban confundidos acerca de la idolatría, las deidades paganas y lo sacrificado a los ídolos, los capítulos 8, 9 y 10 hablan de ello. Y muchos otros problemas, son expuestos en los capítulos siguientes.

En aras de tener una idea más clara del ambiente que se vivía en la ciudad de Corinto en aquellos días, es necesario mencionar que en los siglos que precedieron al cristianismo, diversos autores, tanto griegos como romanos, describían con frecuencia a la dicha ciudad como la ciudad de la fornicación y la prostitución. De hecho, los griegos llegaron a acuñar el término corinthiazethai ─literalmente: “vivir a lo corintio”─ para describir la inmoralidad en que se vivía en esta ciudad.

Sobre todas las cosas, los griegos se distinguían por su afición a la filosofía y la retórica. Y las personas solían agruparse alrededor de los maestros de su preferencia. Esta práctica netamente mundana, había sido arrastrada dentro de la iglesia por una congregación que lamentablemente había absorbido los elementos predominantes de su cultura.

Esto se estaba evidenciando en la vida de la iglesia por el hecho de que los miembros de la iglesia habían desarrollado una especie de lealtad y admiración por ciertos predicadores mientras que despreciaban a los demás. De modo que la iglesia se encontraba internamente dividida. Escuchemos al apóstol:

Os ruego, pues, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que habléis todos una misma cosa, y que no haya entre vosotros divisiones, sino que estéis perfectamente unidos en una misma mente y un mismo parecer. Porque he sido informado acerca de vosotros hermanos míos, por los de Cloe, que hay entre vosotros contiendas (1Co 1:10-11).

Pablo reconoce que esta división interna era un asunto muy delicado que le estaba haciendo un enorme daño a la congragación en Corinto. Es por eso, que dedica aproximadamente un quinto de la carta a tratar con este asunto ─de 1Co 1:10 a 3: 23.

En esta sección de la carta, encontramos 7 cosas fundamentales que debemos tener en cuenta para lograr la unidad en la iglesia y vamos a ver cada una de ellas en esta serie de artículos. Es necesario que prestemos mucha atención a lo que el apóstol dice ya que esto es tan importante y pertinente para la iglesia de nuestros días como lo fue en su momento para la iglesia en Corintio. Analicemos la primera.

La verdadera unidad dentro de la iglesia solo es posible cuando Jesucristo es el fundamento de nuestra vida y ministerio.

Cuando sale a flote el tema de la división en la iglesia, todos reconocemos que este es un asunto bien serio, sin embargo, pocos nos sentimos responsables del problema. Tristemente no nos percatamos de que cualquiera de nosotros puede convertirse en un instrumento de división aun cuando esa no sea la intensión manifiesta.
Siguiendo la costumbre de la ciudad, los creyentes en corintio se habían organizados en partidos donde ponían a la cabeza a un ilustre predicador. Solamente tenemos que mirar la lista que pablo da en el versículo 12, para darnos cuenta que se trataba de nombres prominentes en la iglesia primitiva.

Ahora, que nadie piense que aquellos que decían “yo soy de Cristo” estaban en el grupo correcto. Como alguien ha dicho:
Estos tenían el nombre correcto, pero no la actitud correcta.

En este grupo estaban personas que no reconocían que Dios pone líderes en la iglesia para que la dirijan. Este es el tipo de persona que promueve la división en la iglesia bajo el slogan “yo soy de Cristo”. En la iglesia de hoy día hay muchas personas que actúan así. Usted les escucha decir: “yo solo le sirvo a Cristo”, “A mí solo me interesa Cristo”. Es cierto que le servimos a Cristo. Es cierto que él es el todo en nuestras vidas. Pero servir a Cristo es reconocer y obedecer todo lo que nos ha revelado en Su palabra, y su palabra dice:

Y el mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo (Ef 4: 11-13).

Este tipo de creyente dice: “yo solo le sirvo a Cristo”. Sin embargo, no respeta lo que Cristo ha establecido en su palabra. Cristo ha puesto pastores y lideres sobre la iglesia, para que la guíen y la nutran. Los creyentes tenemos reconocer eso y cuando no estemos de acuerdo con algo debemos acercarnos con sinceridad y respeto a los lideres y comunicárselo. No empezar un motín en la iglesia en el nombre de nuestro gran amor y servicio a Cristo porque, entonces, estaremos promoviendo la división en la iglesia.

La forma en la que el apóstol trata este problema de selectividad en el liderazgo es sencilla pero, al mismo tiempo, contundente. El Apóstol pregunta en el versículo 13:

¿Acaso esta divido Cristo? ¿Fue crucificado Pablo por vosotros? ¿O fuisteis bautizados en el nombre de Pablo?
¡Qué preguntas! Cada una de estas preguntas es completamente retórica: la respuesta es obvia en cada una. ¡Claro que Cristo no está divido! ¡Claro que Pablo no fue crucificado por nadie! ¡Claro que nadie había sido bautizado en el nombre de Pablo! Con estas preguntas el apóstol les muestra la falacia tan grande de dividirse entorno a líderes humanos cuando el único salvador es Cristo. Cuando es únicamente en Cristo que somos aceptados por Dios por sus méritos en la cruz del calvario.

En el versículo 9 el apóstol les dice:

Fiel es Dios, por el cual fuisteis llamados a la comunión con su hijo Jesucristo nuestro Señor.
Este versículo responde la pregunta de qué es un cristiano. Un cristiano es aquella persona que por medio de la fe y el arrepentimiento ha colocado a Cristo en el centro de su vida. Ha puesto toda su confianza únicamente en Él, no solo para la salvación del alma, sino también, para su preservación y santificación.

A la luz de esto es una completa tontería que alguien que diga ser cristiano este enfocado en líderes humanos y a través de esto este promoviendo la desunión en la iglesia. Está claro que los pastores y líderes son esenciales para la edificación de la iglesia, eso es algo que la palabra enseña de forma bien clara pero estos son instrumentos de Dios para edificar la iglesia, pero jamás ningún pastor o líder por muy fiel que sea debe convertirse en el centro de atracción de la congregación. En todo momento y en todo lugar es Cristo quien debe ser el centro.

Cualquier predicador será útil para nuestra vida en la medida que nos lleve a amar más a Cristo. Si lo que este hombre hace es llevarnos a fijarnos en el, quitando de esta manera a Cristo del centro de nuestras vidas, las consecuencias para la iglesia serán catastróficas. Porque solo puede permanecer unida una iglesia donde Cristo es el centro.

Dios te bendiga.