Texto bíblico: Dn 1:8 Y Daniel propuso en su corazón no contaminarse con la porción de la comida del rey, ni con el vino que el bebía; pidió, por tanto, al jefe de los eunucos que no se le obligara a contaminarse.

¿Qué fue lo que llevó a Daniel y a sus amigos a tomar esta resolución? ¿Por qué se propusieron no contaminarse, mientras que el resto de los jóvenes hebreos lo hizo? Está claro que la resolución de Daniel y sus amigos tuvo como fuente la gracia de Dios.

Sin la gracia de Dios estos jóvenes jamás hubieran propuesto en sus corazones mantenerse firmes en sus convicciones judías. Somos lo que somos y hacemos lo que hacemos porque Dios ha derramado su gracia en nosotros y nos ha hecho nuevas creaturas. Todo verdadero creyente está consciente de y reconoce esta verdad.

Sin la gracia de Dios andaríamos en la vanidad de nuestra mente haciendo las cosas que hacen los hijos de ira en las cuales anduvimos nosotros también en nuestra vida pasada.

Tomando como punto de partida el que toda nuestra piedad en la vida cristiana tiene como fuente la gracia de Dios, para sacar de circulación toda jactancia, quisiera hablar en este articulo de algo que trabaja de forma concomitante con la gracia de Dios, es más, se puede decir que es una especie de medio que Dios usa en su gracia para obrar en y dirigir la vida del creyente.

La conciencia del joven cristiano debe estar bien informada, con base a la palabra de Dios, y no a conceptos personales. Foto tomada de Cipcia

Algo que le ayudó a Daniel y a sus amigos proponerse, no contaminarse, fue el haber tenido una conciencia bien informada y es sobre esto que quisiera hablar en este articulo.

Si no tenemos una conciencia bien informada se nos hará imposible llevar una vida que honre y glorifique a Dios. Antes de que podamos hacer lo correcto, debemos saber qué es lo correcto. Es en base a un conocimiento adquirido previamente que nuestra conciencia no muestra el camino a seguir, para que podamos actuar.

Ahora bien, ¿Qué es la conciencia? Este es un término que ha tomado una connotación negativa en la medida en que la pseudociencia de la psicología ha ido ganando en popularidad. El hombre de nuestros días, en la mayoría de los casos, ve la conciencia como algo que no nos deja disfrutar y vivir la vida como queramos. De hecho, los psicólogos y psiquiatras cuando tratan algún paciente que tiene algún trastorno del comportamiento, en muchos casos, inducen al paciente a rechazar la voz de su conciencia: “si te sientes bien viviendo así, no escuches a tu conciencia, no hay nada malo en que seas así”. Un ejemplo que ilustra este proceder a la perfección es cuando estos “profesionales” de la salud mental lidian con algún caso de homosexualismo.

Yo se que la homosexualidad es un tema bastante caliente y hemos llegado a los extremos en que tan solo dar un criterio u opinión desfavorable nos convierte en homofóbicos. Pero todo homosexual en algún momento, principalmente cuando empieza, tiene un sentido de culpabilidad. Que no es otra cosa que su conciencia dándole testimonio que lo que está haciendo, está mal; es algo anti-natural. Su conciencia le dicta el veredicto: culpable. Y en ese punto, es cuando entra el psicólogo y le dice que no escuche a su conciencia y que viva de la forma en que se sienta realizado.

Volvamos a la pregunta: ¿Qué es la conciencia? Cierto autor cristiano la definió como:
El mecanismo puesto por Dios en el hombre, que de forma innata le permite diferenciar lo que es bueno de lo que es malo; lo que es justo de lo que es injusto.

La conciencia no es más que esa facultad de discernimiento ético y moral que tienen las personas. La palabra de Dios nos enseña esta verdad de forma clara en Ro 2: 14-15. Una persona puede que nunca haya puesto un pie en una iglesia, puede que nunca haya escuchado hablar de Dios ni de la biblia, puede que nunca haya escuchado los diez mandamientos, con todo eso, a grandes rasgos, sabrá la diferencia entre el bien y el mal. Y cuando haga el mal, ahí estará su conciencia para acusarle.

Ahora, para realizar adecuadamente su función la conciencia debe estar bien informada. Una conciencia sana es aquella que ha sido adiestrada con los criterios bíblicos de lo que es correcto y lo que no lo es. Una conciencia que no esté siendo adiestrada con los criterios bíblicos no podrá realizar su trabajo adecuadamente. ¿De dónde debe la conciencia sacar la información para establecer sus normas y criterios de crítica? Obviamente de la palabra de Dios, pues Él, es la norma final de lo que es bueno y lo que es malo. El filósofo existencialista Jean Paul Sartre expresó lo siguiente:

“ningún punto limitado tiene significado alguno a no ser que tenga un punto infinito de referencia”.

Ese es el gran problema de la sociedad moderna: se ha puesto a Dios a un lado y los hombres están jugando a ser Dios. El hombre es ese punto limitado del que habla Sartre, solo Dios ─el punto infinito─ puede darle sentido a la existencia del hombre.

¿Qué es lo que está bien? Lo que Dios dice que está bien. ¿Qué es lo que está mal?Lo que Dios dice que está mal. Querido hermano, no son nuestros gustos y preferencias los que determinan lo que está bien o mal. Tampoco son los gustos y preferencias de las multitudes. No debemos hacer algo simple y llanamente porque lo hace la mayoría.

El hombre se ha quedado sin una base objetiva para determinar lo que es bueno y lo que es malo una vez que ha rechazado la revelación de Dios. Si no aceptamos la palabra de Dios estamos a expensas de nuestra opinión y la opinión de los demás. Es increíble ver como cosas que en un tiempo se consideraron dañinas para la sociedad hoy son aceptadas. ¿Qué ha propiciado dicho cambio? Sencillo, paso de ser algo aprobado por unos pocos a ser aprobado por muchos.

A este fenómeno se le ha denominado por varios eruditos cristianos “la moral de grupo”; es la mayoría quien define la moralidad de turno. No una norma objetiva y trascendente de lo que es bueno y malo. Si dentro de 20 años aun estamos vivos, de seguro veremos, que cosas que hoy son consideradas perjudiciales y dañinas para el ser humano y la sociedad en general. Serán aceptadas, promovidas y defendidas.

Daniel y sus compañeros no tomaron dicha resolución porque a ellos le parecía que aquello estaba mal, no, ellos sabían con toda certeza basado en la palabra de Dios que comer aquella comida estaba mal (Ex 34:15). Estos jóvenes a pesar de su corta edad tenían una conciencia bien informada con la palabra de Dios.

Te pregunto, ¿estás cultivando el conocimiento que te permita desarrollar una conciencia sana? ¿Estás renovando tu mente diariamente con la palabra de Dios (Ro 12: 2)? Me da mucha tristeza cuando veo a muchos que profesan amar a Dios, que profesan tener una relación con Él, en la práctica ─no en palabras─, despreciar la instrucción bíblica.

Son como niños: inconstantes y sin madurez. Sus malformadas conciencias les guían a sucumbir constantemente ante las ofertas del pecado. Estas personas no se dan cuenta de que sus fracasos provienen de haber rechazado ─en la práctica─ el adquirir conocimiento de la palabra de Dios aunque con sus palabras digan que lo aprecian y lo anhelan.

Foto: Tomada de la revista La Fuente

Ama a Dios con todo tu corazón, pero también con toda tu mente (Mt 22:37). Porque Dios usará el conocimiento que logres adquirir de su palabra para guiarte y dirigirte en el peregrinar de la vida cristiana. No olvides las palabras de Dios a Israel por medio del profeta Oseas (Os 4:6):

Mi pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento. Por cuanto desechaste el conocimiento, yo te echaré del sacerdocio; y porque olvidaste la ley de tu Dios, también yo me olvidare de tus hijos.

Si ignoramos el conocimiento que Dios nos ha dado en su palabra y rehusamos el informar adecuadamente a nuestra conciencia, inevitablemente, recogeremos los frutos de tal actitud. Y no serán, dulces y deliciosos.