El contexto de esta maravillosa enseñanza se encuentra en Mateo 5:13-16. El Señor Jesús, después de pronunciar en el Sermón del Monte Las bienaventuranzas, a decir, quienes son los bienaventurados, sus privilegios y destino; a continuación, denota,con tres imágenes comparativas, la posición y responsabilidades de dichos bienaventurados (discípulos).

Mateo 5:13 «Ustedes son la sal de la tierra, pero si la sal pierde su sabor, ¿cómo podría volver a ser salada? Ya no sirve para nada sino para ser tirada y pisada por la gente.»

Comencemos hablando un poco del contexto de esta comparación. Para la cultura judía la sal era de vital importancia como condimento para las comidas (Job 6:6), se utilizaba en los sacrificios del altar de Dios (Lv 2:13; Esd 6:9), era parte de los ingredientes del incienso sagrado (Ex 30:35), era símbolo de subsistencia y hospitalidad (Sof 2:9), se utilizaba para fertilizar los campos pero también los dejaba estériles cuando se sembraba en territorio enemigo (Dt 19:23), con frecuencia era parte del pago de los soldados romanos, de ahí la palabra (lat. Salarium) salario.

Otro elemento importante es que la sal de hoy no pierde su sabor, pero la sal del primer siglo del Mar muerto, era una sal impura pues estaba mezclada con otros minerales, vegetales y terrenos. Para separar la sal de estos minerales, se hacía mediante un proceso llamado Lixiviación para separar la sal del resto de los minerales.

En este proceso se debía tener cuidado pues la sal perdía propiedades salinas. La tierra en su interior, tenía capas de sal sólida que, al ser expuestas al sol o la lluvia, perdían su salinidad. En Siria y Palestina era muy frecuente ver montones de sal en las calles (como si fuera grava) junto con otros desechos, los cuales las gentes y los animales pisoteaban al pasar.

Con esta sencilla explicación contextual entendemos mucho mejor lo que Jesús les estaba diciendo a sus discípulos. El reino que pretendía establecer demandaba de sus seguidores ciertas cualidades, salud y vigor espirituales, así como un carácter preparado en santidad obrando en un mundo que necesita reconocer a DIOS como su Señor.

Eso es lo que Jesús esperaba de ellos y añade una alerta… pero si la sal pierde su sabor, ¿cómo podría volver a ser salada? Una sal desvanecida significaba una sal sin la fuerza y el poder para cumplir su propósito.De igual manera el discípulo de Jesucristo que pierde la sazón de Cristo, deja de tener la capacidad de hacerse fuerte, de prevalecer contra el enemigo, de tener salud, recursos y resultados espirituales. Quien haga de ésta manera, sufre el menosprecio y el desdén de los hombres por su necio proceder.

Los hijos de Dios son como la sal, ella da sazón a todo y no puede ser sazona con nada. Así mismo, en todo lugar que esté un siervo de Jesucristo el ambiente tiene que cambiar, no los demás cambiar a un hijo de Dios.

Mat 5: 14- 15Ustedes son como una luz que ilumina a todos. Son como una ciudad construida en la parte más alta de un cerro y que todos pueden ver. Nadie enciende una lámpara para meterla debajo de un cajón. Todo lo contrario: la pone en un lugar alto para que alumbre a todos los que están en la casa.

16 De la misma manera, la conducta de ustedes debe ser como una luz que ilumine y muestre cómo se obedece a Dios. Hagan buenas acciones. Así los demás las verán y alabarán a Dios, el Padre de ustedes que está en el cielo.

Como luz en medio de las tinieblas, no debes ocultar, o dejar de hacer, todo aquello que glorifique el nombre del Padre. La tierna imagen de una luz que alumbra todo lugar deja un reto a todo creyente que verdaderamente está comprometido en fidelidad y obediencia a su Señor.Ambas comparaciones (sal y luz) denotan nuestra posición y responsabilidad en este mundo. Tiene que haber una marca distintiva y peculiar en nuestro carácter que dejemos claro quiénes somos en Cristo Jesús.

Si hemos conocido nuestro verdadero sentido dentro de este mundo, no podemos pasar la vida pensando y obrando como el resto de las personas si es que deseamos ser reconocidos por Cristo como su gente. Es triste escuchar malos testimonios del mundo por causa de algunos que se han desvanecido y han puesto su luz debajo de las sombras de la infidelidad. Pensemos entonces, ¿en dónde estoy trabajando(estudiando, viviendo)doy vida al ambiente espiritual del lugar? ¿soy un agente de transformación o me transformo según el mundo? ¿si faltara los demás extrañarían mi ausencia? ¿Quién soy realmente y cuál es mi sentido en esta vida?

¡No te desvanezcas ni apagues la luz de Cristo que está en ti!

¡Resplandece! para que los hombres glorifiquen a Dios y Padre.