¿Qué, pues? Oraré con el espíritu, pero oraré también con el entendimiento; cantaré con el espíritu, pero cantaré también con el entendimiento. Porque si bendices sólo con el espíritu, el que ocupa lugar de simple oyente, ¿cómo dirá el Amén a tu acción de gracias? Pues no sabe lo que has dicho. Porque tú, a la verdad, bien das gracias; pero el otro no es edificado.1 Corintios 14:15-17

Soy cristiano de “cuna”, como suelen decir las personas que son criados en el seno de una familia que cree y practica la fe en Jesucristo, y desde muy pequeño estuve escuchando y cantando los cánticos en mi iglesia, eran sublimes, llevaban tu espíritu a la misma presencia de Dios; sin importar a qué género musical pertenecía, aunque en aquellos tiempos no había mucha opción de géneros musicales, pudiera ser lo mismo un himno, que un llamado coro de alabanza, pues era su letra la que estaba totalmente respaldada por la verdad bíblica. Sólo teníamos un par de Maracas, Pandereta y una Guitarra, y era un privilegio la congregación que tuviera un músico, y no me estoy refiriendo sólo a mi iglesia local, era así en casi todo el país, al menos en la denominación que pertenezco. Toda la congregación cantaba, conocíamos los cánticos, aplaudíamos, y el Espíritu se derramaba, Dios era glorificado y la iglesia edificada. Cuánto lamento tener que conjugar los verbos en pasado en muchas ocasiones, aunque no en todas.

Hoy en día, hemos adquirido costumbres foráneas (extranjeras), que nada tienen que ver con nuestra idiosincrasia y forma de adoración, y no precisamente me refiero a la inserción de un grupo de instrumentos eléctricos como el Piano, la Guitarra, y otros de viento; que en un momento, cuando comenzaron a usarse en las liturgias de algunas iglesias, en otras eran arbitrariamente prohibidos, hasta que poco a poco fueron pegándose cada vez más a nuestras costumbres de alabanza y adoración. Me refiero a las cuestiones que cambiaron la dignidad, la reverencia y el propósito de nuestra adoración por medio de la alabanza, y que vinieron mucho tiempo después de los instrumentos.

Casi todo el mundo dice que sus tiempos eran mejores que los actuales (No creo que sea así precisamente). Los que estaban viviendo la etapa de los nuevos cimientos del segundo templo, lloraban de tristeza, porque pensaban que jamás llegaría a la gloria que tuvo el primero, comparaban y cuestionaban, “¿Quién ha quedado de entre nosotros, que haya visto esta casa en su gloria primera, y cómo la veis ahora? ¿No es como nada delante de vuestros ojos?” Y Dios los sacó del error. “De aquí a poco yo haré temblar los cielos y la tierra…, a todas las naciones, y vendrá el Deseado de todas las naciones; y llenaré de gloria esta casa,… La gloria postrera de esta casa será mayor que la primera, ha dicho Jehová de los ejércitos” (Hageo 2: 3, 7-9). Ese no es nuestro pensamiento a la hora de interpretar el proceso histórico por el que ha cursado la liturgia en la iglesia, en específico la alabanza. Ayer había mucha valía, pero hoy la hay también, y mañana seguirá estando, porque es el Señor quien cambia los corazones.

Hay muchas cosas que son negociables, pues donde está la mano del hombre, todo es perfectible, pero hay verdades que no se negocian, que no cambian, ni ayer, ni hoy, ni nunca. Es verdad que en el pasado disfrutamos de muchas cosas, muy buenas, en los tiempos de alabanzas de nuestras iglesias, como los hay también hoy, y los habrá mañana, pero sí es cierto, que debemos pararnos y reubicarnos en varias cuestiones.

Los Géneros Musicales

Mucho rato llevo oyendo a muchos haciendo tiritas, diferentes géneros musicales, que hoy están vigentes en el mundo, y que de alguna manera, se han introducido sutilmente en la iglesia, (tal vez para no ser descubiertos), y les pongo ejemplos: El Reggaetón (Reguetón), que si bien no me gusta en lo personal, tampoco encuentro ningún argumento bíblico que lo deseche como indigno e irreverente para que no se glorifique a Dios con él, repito, NO ME GUSTA; pero lo valiente no quita lo cortés, pues he escuchado muchos de sus temas y me he quedado asombrado con la profundidad teológica de sus letras, les exhorto a que escuchen algunos de ellos, y de seguro me darán la razón, al menos por su letra. ¿Al menos por su letra?

Otra cuestión al respecto, es que si vamos a desechar cierto género musical en la iglesia porque no nos guste su compás, o nos parezca irreverente para un servicio cristiano, ¿qué argumento tenemos para no despreciar a otros?, como la Salsa, la Bachata, el Merengue, “Polska” o Marcha, que son género que se tocan y se bailan a diario en el mundo de la música secular, y que se han introducido poco a poco en nuestras iglesias, y aunque al principio de su entrada se miraban con recelos, hoy nos gozamos en el Espíritu con ellos, y a nadie ya les llama la atención, como para nombrarlos indignos de adorar a Dios con ellos.

O qué decir del Gospel, un género utilizado sólo por los cristianos afro norteamericanos, residentes principalmente en EEUU, y que después se esparció a lo secular , o qué haremos cuando se comience a hacer música cristiana con el “Rock and roll”, (Rocanrol), porque sus seguidores comiencen en todo el mundo a convertirse al evangelio; o qué diremos del Pop, de los fusionistas, que quieran alabar a Dios con su música con letra cristiana; o el Rock Metal, ¿O es acaso que estos géneros no clasifican para el servicio en el culto?, o sólo tienen que ser la Salsa, la Marcha, o el Merengue, o el son tradicional cubano. Perdónenme, pero llamémonos a reflexión y veamos en realidad lo que nos está haciendo daño.

Estas cuestiones de los géneros musicales son cosas que se han negociado en la iglesia a través de los años, como la de los instrumentos musicales, porque son negociables, o sea, lo aceptamos o no, pero no lo separemos porque sean indignos, o espurios. Si no es bueno permitir que se muevan los cimientos, porque ellos son la base de la estructura que vendrá después (algo en lo que estoy de acuerdo), tampoco es bueno darle total rigidez al edificio, o se nos vendrá encima.

Si bien es cierto que debemos mantener nuestra idiosincrasia, lo que nos identifica como cubanos, latinos; que de hecho fue pegado en nosotros por el desarrollo de nuestra sociedad por siglos, también es cierto, que esa misma peculiaridad que tenemos hoy, ha sido alimentada de diversas fuentes de todo el mundo, pues Cuba es un crisol donde se han venido a fundir las características de diferente pueblos, a causa de las injerencias a las que hemos sido sometidos, al igual que en muchas sociedades.

Creo que cuando llegue el momento sabremos tratar con sabiduría qué géneros o no, permitiremos en nuestros servicios, y para ellos tendremos que empaparnos en sus raíces, y en la intención y necesidad de usarlos dentro de nosotros; pues pecado es todo lo que desnaturalice lo que Dios creó.

Miremos más de cerca los problemas que sí tenemos en la música de nuestra iglesia, mientras veamos qué hacemos con el Reggaetón, que sí está entre nosotros, principalmente en los jóvenes, que son los mayores exponentes de la música y sus cambios, dentro de nuestras congregaciones, algo que entiendo que deba ser así.

Por lo pronto sería prudente entonces que nos preguntáramos:

¿Qué hace que un género musical pueda ser aprobado o no, para el servicio cristiano?

¿Debe cumplir los géneros musicales algún requisito para este servicio?

¿Cuáles son los requisitos para que una canción clasifique como cristiano? ¿Su ritmo? ¿Su género? ¿Su letra? Pensemos… Continúa…


Fotografía: Royler Marichal Carrazana

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